lunes, 2 de julio de 2007

La literatura en la región del Cibao


La literatura en la región del Cibao

Por Máximo Vega

-I-

A finales del siglo pasado y principios de éste, como nos dice el antropólogo holandés Harry Hoetink en su libro “El Pueblo Dominicano”, Santiago de los Caballeros, la más grande ciudad de la región Norte, tenía sólo 10,897 habitantes de los más de 500,000 que se contaban en todo el país. En el siglo 19, durante una gran parte de los años setenta y ochenta, agrega Hoetink, Santiago y Santo Domingo eran más o menos de igual importancia en cuanto al número de sus habitantes. Es muy probable que Santiago mantuviese incluso una superioridad numérica con respecto a Santo Domingo, debido a su carácter de centro agropecuario. Sin embargo, nos advierte el antropólogo, el panorama comenzó a variar a finales de los años ochenta, cuando el crecimiento de Santo Domingo fue mucho mayor que el de Santiago “lo cual resultó en una población dos veces mayor al final de los años noventa”.
La desproporción demográfica existente entre el norte y el sur se puede medir cuando nos damos cuenta, además, de que también San Pedro de Macorís, ciudad del sureste del país, creció hasta convertirse en una ciudad de más de 8,000 habitantes debido al auge del azúcar.
Santiago contaba con dos bibliotecas públicas y una librería en 1906. A pesar de que era una comunidad absolutamente rural, y ocupaba su mano de obra en labores agrícolas, llegaban revistas y noticias de la metrópoli cultural de entonces, nuestro modelo artístico y cultural de la época, Francia, y más específicamente de su capital, París. En consecuencia, no nos encontrábamos tan aislados. Además, señala Hoetink que contábamos con ocho periódicos, cifra que no es tan desproporcionada si advertimos que la mayoría de ellos sólo tenía dos o cuatro páginas.
El ambiente rural era recurrente en la narrativa de la época. José Ramón López, nacido en el 1866, en sus Cuentos Puertoplateños se dedicó a recoger una serie de anécdotas de la vida cotidiana de su ciudad adoptiva (había nacido en Montecristi, pero fue criado en Puerto Plata) y publicó además varios ensayos acerca de la vida cotidiana, las costumbres sociales y familiares, alimenticias, etc., de los dominicanos, en un libro titulado La Alimentación y las Razas. Esas anécdotas y costumbres estaban indisolublemente ligadas a la tierra. Esta ruralidad continuará hasta escritores de la región que se han convertido en hitos de la historia literaria nacional, como sucede con Juan Bosch, nacido en 1909, de La Vega, quien se aventuró con un criollismo intuitivo en su libro Camino Real, inmensamente necesario en la República, debido a las condiciones sociales y políticas que se vivían entonces, durante la era del dictador Rafael Leonidas Trujillo. Bosch emigrará hacia Santo Domingo, y se exiliará en Puerto Rico, Cuba y Suramérica, en donde su literatura apenas cambiará, sólo que incorporará algunos cuentos cuyos ambientes se desarrollan en esos países.
Un caso muy particular es el de Virginia Peña de Bordas, nacida en Santiago en 1904, que escribió seis novelas cortas, todas ellas de inspiración romántica, y murió apenas a los veintiséis años. Estas novelas fueron publicadas póstumamente en 1978 por su esposo, Isidro Bordas, y su familia. También debemos mencionar a Manuel del Cabral y a Tomás Hernández Franco, ambos de Santiago y ambos grandes poetas, que también escribieron cuentos, aunque Hernández Franco de manera más escasa que del Cabral, y por caminos diferentes. Los cuentos de Franco son rurales y anecdóticos, casi estampas, los de del Cabral son alegorías, fábulas o cuentos influenciados por un simbolismo kafkiano.
Una gran cantidad de cuentistas de la región han hecho vida literaria en la ciudad capital. Algunos por motivos políticos (Bosch fue presidente de la República, por ejemplo, Tomás Hernández Franco funcionario del gobierno del dictador Trujillo), amén de que los intelectuales eran requeridos constantemente por los gobernantes, costumbre esta que paulatinamente hemos perdido. El traslado de algunos otros se debió al interés de poder estudiar y hacerse profesionales. Recuérdese en este sentido que la única universidad se encontraba, durante los primeros sesenta y tantos años del siglo veinte, en la ciudad de Santo Domingo. Loa demás, finalmente, emigraron por razones económicas.
Entre los escritores que emigraron podríamos mencionar a Aída Cartagena Portalatín, nacida en 1918, de Moca, que aunque no era cuentista escribió una novela muy conocida: Escalera para Electra; Virgilio Díaz Grullón, nacido en 1924, narrador, que emigró al principio a San Pedro de Macorís y luego a Santo Domingo; Manuel Mora Serrano, otro novelista, nacido en 1933, de San Francisco de Macorís; Hilma Contreras, que emigró a Francia, aunque paulatinamente regresó a su lugar de origen; Manuel Rueda, de Montecristi, Carmen Imbert Brugal, de Puerto Plata; Haffe Serulle, de San Francisco de Macorís, y otros muchos más.
Entre los que se quedaron en Santiago e intentaron hacer literatura desde sus pueblos originarios, tenemos nombres no muy conocidos. Se puede mencionar, por ejemplo, a Haim H. López-Penha, nativo de Santiago; Miguel Alberto Román, también de Santiago; Alfredo Fernández Simó, nativo de San Francisco de Macorís, autor de la novela Guazábara; Grisselle Senid, nacida en 1946 en Puerto Plata, autora de unos Cuentos Dominicanos; Héctor Amarante, de San Francisco de Macorís, Rafael Castillo, de Santiago, Premio Nacional de Cuentos con su libro La Viuda de Martín Contreras y otros Cuentos. Algunos escritores no tan jóvenes, aunque por supuesto no de esa generación anterior, han seguido emigrando a Santo Domingo, como René Rodríguez Soriano, nacido en Constanza en 1950, aunque ahora vive en la ciudad de Miami, Estados Unidos, uno de los cuentistas más perseverantes, más constantes en el género; Ángela Hernández, nacida en Jarabacoa en 1954; o Luis R. Santos, santiaguero. Desde hace algún tiempo, además, debemos empezar a hablar de los escritores que han emigrado a la ciudad de New York, o en general fuera del país, con destino hacia los Estados Unidos o no, como el cuentista santiaguero Juan Rivero, el también santiaguero Franklin Gutiérrez, el poeta y narrador santiaguero José Acosta, o el cuentista y novelista vegano Pedro Valdez, que emigró hace un tiempo a los Estados Unidos pero que ahora se encuentra radicado en Santo Domingo.
Recientemente, sin embargo, una serie de escritores han decidido formarse desde sus pueblos originarios, y esto explica la cantidad de obras que son editadas desde el mismo Cibao o la Región Norte, y la gran cantidad de narradores con un excelente nivel cualitativo y con talento que han ido dándose a conocer y se han destacado sin necesidad de emigrar. Julio Adames de Constanza, Eugenio Camacho de Moca, Pedro Camilo de Salcedo, Pastor de Moya de la Vega, aunque se encuentra residiendo en nuestra ciudad de Santiago; Mélida García (ya, lamentablemente, fallecida), Emelda Ramos, Manuel LLibre, que es uno de los narradores más lúcidos de su generación; Rafael P. Rodríguez de Santiago, etc., etc.
Además, la región ha dado a luz a los dos últimos “ismos” literarios conocidos en nuestro país: el Interiorismo y el Contextualismo. Nos referimos a grupos de escritores que sostienen manifiestos con reglas y consideraciones precisas y con límites que no deben transgredirse. El Interiorismo, cuyo portavoz es el crítico y ensayista Bruno Rosario Candelier, se ha expresado en ese sentido en sus documentos sobre la Poética Interior y, pese al nombre aparentemente excluyente del género narrativo, ha calificado como interioristas a Julio Adames, Pedro Valdez o Rosa Julia Vargas, también en sus trabajos narrativos.
Por otra parte, el Contextualismo, nacido en San Francisco de Macorís de la mano del poeta y ensayista Cayo Claudio Espinal, sostiene una retórica experimentalista que ha calificado el texto Serie de Senos, de Manuel Llibre, o la novela Ka-Luanri, de Héctor Amarante, como pertenecientes al grupo de los contextuales.
Así pues, de manera dinámica y abigarrada hemos descrito más o menos la evolución azarosa del cuento y los narradores de la región Norte, a través de sus figuras más o menos representativas. Pero, ¿qué hay de los textos, de la calidad textual, de la creación pura y la última generación de escritores de la región? ¿Qué podríamos decir no sólo de sus nombres, sino de sus características textuales?

-II-

La soledad y la angustia marcan el proceso creativo importante, así como el riesgo y la inseguridad posterior a la creación. Esto se pone de manifiesto cabalmente en los cuentos de las últimas generaciones de narradores. Sus características coinciden cabalmente con la definición de nuestra sociedad. Sus temas recurrentes son: la ciudad como un espacio que aplasta al individuo con su crueldad carente de emociones; la presencia implacable del mercado, que es una institución, y por lo tanto no tiene sentimientos; la violencia a veces cruel, sádica; el erotismo exacerbado. El lenguaje utilizado en los últimos cuentos cibaeños no tiene connotaciones rurales, sino que se encuentra influenciado por el habla urbana, barrial, o por anglicismos o neologismos extraídos del habla norteamericana, o más específicamente newyorkina. El lenguaje es descarnado, crudo, pero esto no tiene nada que ver con precariedad verbal, sino que representa fielmente nuestra realidad. Los temas recurrentes son la violencia, la sexualidad, las relaciones fallidas entre las parejas, aún entre parejas no tradicionales; la realidad cotidiana. Prácticamente no existen temas fantásticos y, a excepción del escritor mocano Eugenio Camacho, que ha escrito algunos cuentos fantásticos aunque ya ha empezado a variar su temática, la rutina y el fracaso pueblan nuestra literatura regional. En un cuento de Manuel Llibre, un tíguere de barrio viola con un taco de billar a la mujer que ama. En un cuento de Pastor de Moya, un individuo profundamente drogado sueña que da a luz murciélagos que debe amamantar. En un cuento de Julio Adames, una mujer se suicida en la tina del baño el mismo día en que asesinan a Jhon Lennon. En un cuento de Rosa Silverio, dos lesbianas viven un tedio tan terrible, tan preciso, que a veces nos preguntamos si son lesbianas verdaderas o decidieron simplemente experimentar para tratar de salir de la rutina. En un cuento de José de Laura, un hombre le busca excusas a todo el fracaso y el tedio que ha significado su vida a través del amor obsesivo a una mujer que ha idealizado, y que nunca lo ha querido. En un cuento de José Acosta, en New York, un individuo ingenuo, inocente, que posee poderes sobrenaturales, es echado de todas sus propiedades por el poderoso Estado norteamericano, y en el Central Park se decide a sembrar rosas que brotan de sus pies cuando camina descalzo.
Los temas rurales se encuentran prácticamente exiliados de los últimos cuentos cibaeños, así como el criollismo al estilo de Juan Bosch. Pero debemos recordar que la literatura de la región del Cibao no se encuentra aislada de lo que sucede en el resto del país. El Cibao no es una nación, no es un estado independiente, es una región de un país que se llama la República Dominicana, y se encuentra inserta en toda la literatura que se hace en este país, incluyendo la de Santo Domingo. Y recordar también que nuestro país pertenece a un orbe culturalmente sincrético, mestizo, llamado el Caribe. Es incierto, me parece, que la literatura capitalina sea diferente a la literatura cibaeña, aunque existe entre nosotros un extrañamiento sospechoso y dañino. La literatura del país es de toda la República, no sólo de Santo Domingo, y es por esta razón evidente que no se quiere aceptar que los centros urbanos han empezado a perder calidad frente a las periferias.

-III-

Auguramos, pues, un gran futuro para el cuento en la región del Cibao. Esta consideración es evidentemente interesada, puesto que yo soy cuentista, y también soy del Cibao. Ahora bien, ninguna actividad actual tendrá algún progreso social, sino se encuentra ligada a la principal institución del capitalismo: el mercado. El proceso de impresión de un libro es dificultoso en nuestro país, más aún en nuestra región, pero lo es más el proceso de distribución y venta de un volumen. Al mismo tiempo, se margina a los escritores cibaeños de las Ferias nacionales, o de los proyectos literarios nacionales. La calidad no puede ser esgrimida como excusa a esta situación absurda, puesto que la realidad demuestra lo contrario: los últimos concursos de literatura nacionales han sido ganados por santiagueros. Por ejemplo: José Acosta obtuvo El Premio Nacional de Novela y el Premio Nacional de Cuento el mismo año (anteriormente ya había sido Premio Nacional de Poesía y Premio Nacional de Cuento de la UCE); Edwin Espinal ganó el premio al Libro del Año de la Feria Internacional del Libro 2006; Luis Córdova obtuvo el Premio Nacional de Cuento de la Sociedad Renovación de Puerto Plata; yo gané el Premio Unico de Cuento en el Concurso Nacional de la UCE; Fernando Cabrera ha ganado ese mismo concurso en el renglón de poesía; Gregorio Espinal obtuvo el Premio de Poesía Joven de la Feria Internacional del Libro 2006; Rosa Silverio ganó un Premio Internacional de Poesía en Italia: todos santiagueros. A Pedro Valdez, un vegano, el destacado director de cine mexicano Arturo Ripstein le filmará su novela Carnaval de Sodoma; Manuel Llibre apareció en la revista española Qué leer, como un representante destacado de su generación y de los escritores dominicanos en general. En una antología literaria destinada a estudiantes universitarios de México y Puerto Rico, preparada por Vivian Auffant, investigadora puertorriqueña, los dos escritores más jóvenes son dominicanos: Pedro Valdez y yo, Máximo Vega. Entre la cantidad de escritores escogidos (entre ellos Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Neruda, Vallejo, Borges, Cortázar, Juan Carlos Onetti, Carpentier, etc., etc.), sólo hay tres dominicanos: los dos ya citados, y don Juan Bosch. Es decir, el problema, evidentemente, no es de calidad, sino de descentralización.
El problema de la Literatura regional no es, pues, creativo, sino mercadológico. La centralización capitalina (el eterno problema de las provincias) hace imposible la competencia en igualdad de condiciones. Las instituciones regionales deben, por lo tanto, buscar sus propios medios de publicación y distribución, a nivel nacional e internacional, independientemente de Santo Domingo, la ciudad Capital.
Ahora bien, ¿por qué nos interesamos en este problema sociológico, mezclado alevosamente con un problema estrictamente literario? Porque esta centralización nos muestra una discriminación, una injusticia, y, como toda discriminación, es dañina, debe ser corregida. Y pensar en la literatura como algo absoluto que trasciende al propio ser humano me parece que es –lo he repetido en mis ensayos constantemente –un gran error.

1 comentario:

Marcos A. Cabrera dijo...

Hola. Me sorprende que no haya ningún comentario en este artículo de tanta importancia para proyectar la cultura cibaeña. Yo soy de Moca y emigré a Estados Unidos hacen mas de 40 años. Desde hace mucho tiempo he tratado de publicar algunas de mis poesías en Rep. Dominicana y siempre se me ha hecho imposible. En el 93 terminé publicando un librito rústico de poesías titulado "Quisqueya" en Puerto Rico. En este mes publiqué uno de poesías en inglés en Colorado. En este verano voy a publicar otro titulado "La Nueva Poesía", éste saldrá en inglés y español en el mismo libro. La razón por la cual estoy haciendo la liga del inglés con el español es precisamente para poderlos publicar aquí en Estados Unidos. El libro que acabo de publicar se puede conseguir en cualquier librería de este país y en un par de semanas se podrá conseguir internacionalmente a través de amazon.com. Ahora mismo tengo unos 20 libros inéditos y los voy a publicar todos sin importar donde sea. Uno de ellos que es en auto-estima, mayormente dirigido a los 44 millones de hispanos en Estados Unidos, lo voy a publicar después de este verano a través de E-books (Internet). Además, ahí en la Catedral de la Ciudad de Santiago están los restos del General Raúl Cabrera, muerto en el 1904 en Esperanza mientras combatía las tropas del General Demetrio Rodríguez. El es uno de mis antepasados y tengo en mi poseción unas 18 poesías inéditas de él. Sé que dos de ellas se publicaron en una revista de Santo Domingo en el 1958. No sé si haya más trabajo de él y si alguien tiene alguna información que venga al caso le agradecería esa información.

Gracias.