domingo, 26 de diciembre de 2010

Escritor invitado: Bruno Rosario Candelier


METAFÍSICA DE LA CONCIENCIA

EN LA LÍRICA INTERIOR DE PEDRO JOSÉ GRIS



El imán del mundo que me siembra

en mitad del corazón el horror del universo.

(Pedro José Gris)



Entre los contados poetas dominicanos con una obra que puede calificarse como poesía de la revelación sobresale Pedro José Gris, conforme lo confirman sus poemarios Las voces y Libro de los saltos (1).

Creador de una lírica con aliento clásico y hondura interior, Pedro José Gris cultiva una metafísica de la revelación. En su creación poética se identifica sensorial y espiritualmente con la cosa contemplada y, en tal virtud, asume la vivencia de lo trascendente desde la compenetración sensual hasta la dispersión de los sentidos mediante un abrazo cósmico rebosante de misterio, iluminación y belleza.

Para entender la lírica metafísica de Pedro José Gris, autor de una obra simbólica y trascendente de hondas vivencias interiores, hay que hacer una reflexión teorética. Estimo que hay tres estadios de percepción del conocimiento profundo, centrados en las vertientes de la realidad real, la realidad imaginaria y la realidad trascendente, que son los siguientes:

1. LA INTUICIÓN POÉTICA, que capta la dimensión interna y esencial de lo existente, como la evidencian los artistas y poetas.

2. LA PERCEPCIÓN METAFÍSICA, que atrapa verdades de la sabiduría de la memoria cósmica, como la testimonian los poetas metafísicos.

3. LA REVELACIÓN MÍSTICA, que recibe una inspiración de lo divino mismo, generalmente inefable, a través del estado alterado de conciencia, como la experimentan contemplativos, santos y profetas.

Esos tres estadios superan el conocimiento ordinario e, incluso, el científico y el filosófico, ya que sus revelaciones trascienden los datos de la experiencia sensible y de la lógica conceptual. El silencio y la contemplación son vías para entrar a esos estadios del conocimiento profundo y, desde luego, al tema de la revelación. Por supuesto, la revelación no se elige, es decir, no se logra por un deseo de la voluntad, sino que es una donación de la gracia divina. Los poetas místicos y metafísicos son amanuenses de fuerzas superiores a su condición humana y, por lo mismo, no siempre son ´responsables´ del contenido que les dictan las voces o señales trascendentes. La palabra tiene también su dimensión mistérica.

Los exégetas bíblicos creen que la Creación del Mundo es una forma de la Revelación, pues toda creación entraña un creador, aunque la revelación primordial acontece a través de la voz, la Voz de lo Alto, que algunos seres escuchan en su propia lengua, con estructuras lingüísticas convencionales, es decir, con un contenido conceptual y una forma verbalizada. Entre esos seres privilegiados figuran profetas, místicos y poetas a cuyo través habla la voz del ser, la voz de la memoria universal o la voz de Dios.

Hay una VOZ INTERIOR y una VOZ UNIVERSAL. Algunos confunden la voz interior, que es personal e intuitiva, con la voz universal, que es impersonal y revelada. La voz interior puede ser la voz del yo profundo, que es la voz de la conciencia o la voz de las cosas; en cambio, la voz universal nunca es personal sino supraindividual, ya que se funda en la percepción de los efluvios de la sabiduría universal o en la estricta revelación, que es donación de la gracia. La clave para diferenciarla está en el acontecer involuntario de la revelación, que es dictada por la voz audible de un hablante invisible. Tampoco debe confundirse esa voz con la del Inconsciente Colectivo, de que hablaba Carl Jung, que es diferente de la voz de la Revelación, de la que hablan los profetas de la Biblia y los místicos y santos de diferentes confesiones religiosas. La del Inconsciente Colectivo se empata a la memoria cósmica; la de la Revelación está vinculada a la Divinidad.

En su primer poemario, el poeta santiagués había escuchado voces: “Oh dicha de este hijo en tus noches extrañas /desde que escuchan vuelos, /donde el Padre medita /el abismo que acecha a todo hombre…/y desde su meditación se elevan truenos” (2).

Se trata, por tanto, de un CONOCIMIENTO REVELADO. Hay un CONOCIMIENTO INTUITIVO, que descubre verdades derivadas de la experiencia de vida, así como de la observación de fenómenos y cosas. Difiere del CONOCIMIENTO PRESENTIDO, fundado en el paleocórtex del cerebro, que descubre señales del inconsciente colectivo o de la memoria cósmica; y del CONOCIMIENTO REVELADO, fundado en la Revelación, que recibe verdades reveladas, como han testimoniado iluminados y místicos.

Desde su clara sensibilidad estética, nuestro poeta se instala en el interior de la experiencia sintiendo la sensación originaria que da cuenta del estado primordial de inocencia y pureza en su esplendor jocundo y vive el vínculo entrañable con los elementos al modo presocrático y protomístico con una actitud de empatía y compenetración con criaturas y elementos. En “Responso por nosotros mismos”, primera parte de su segundo poemario, Pedro José Gris plantea la teoría de los saltos por acumulación de cualidades:

Linda curiosa niña precoz

que juega

a ser madre y se besa pegando los labios

con otro pequeño amigo

intocable en la memoria,

en la mejor memoria posible

semilla de mujer que por saturación

brotará hacia ti finalmente

y morirá en ti, ahora que agoniza

arrastrándote hacia la verdad vivida

de la extinción personal

Quizás Dios guarde de ella la parte

que no conoces

y a ti te aparte de su luz inaguantable

que quema la pupila como rayo de soldadura

eternamente vaciados en el vacío

de los largos tiempos del Paraíso reseñado (3).

El poeta escribe bajo los efectos de experiencias arrobadoras y tiene el don de hallar el canal adecuado a tan inefables vivencias. No escribe a base de fantasías o especulaciones y abstracciones, como suelen escribir quienes carecen de la capacidad poética para fundar sus creaciones en sus propias experiencias de vida. Desde luego, hay experiencias interiores que superan las simples percepciones sensoriales que, al traducirlas en palabras, entrañan una proeza del lenguaje. Más aún, la misma aventura metafísica conlleva una inmersión en el ser, sobre todo si se trata de una metafísica de la revelación, como es el caso de la lírica de Pedro José Gris.

Con José Enrique García, Sally Rodríguez y Cayo Claudio Espinal, Pedro José Gris comparte la cuadrilla de creadores que gestaron al final de los años 70 del siglo XX en las letras dominicanas una nueva sensibilidad poética fundada en la exploración y el cultivo, desde el ámbito metafísico y filosófico, de temas y motivos con una perspectiva reflexiva y trascendente: el amor, la soledad, la angustia, el dolor y la muerte, donde el ser y la nada fraguan el éxtasis en arrebatos creadores (4).

La creación poética de Pedro Gris tiene un vínculo con la cultura griega. El pensamiento misterioso, arcaico y originario, que intuyeron los antiguos pensadores presocráticos, ese mundo primordial, prístino y purísimo, está en la base de la poesía del poeta interiorista cuya clave es la de sentir el mundo como lo sintieron los que creían en los dioses, que ha sido siempre la forma de vivir y asumir el mundo en cordial compenetración y coparticipación con las leyes de la Naturaleza.

“Iluminad lo oculto: todo nos hiere solo cuando se repite”, intuición poética de nuestro poeta que subyace en la visión metafísica de una POÉTICA DE LA CONCIENCIA, la línea de creación interiorista que Gris privilegia. Por eso dice nuestro pensador y poeta: “Tanto dolor acumulado en la memoria /y quizás ni Troya sucedió. /No hay lugar llamado ´Yo mismo´ que podamos frecuentar cuando muramos, / una circunscripción sagrada de asomos / donde nos le aparezcamos a lo que hemos sido”.

Con el tono bíblico de los salmos, el poeta medita sobre el acontecer de sus vivencias interiores: “Aquí, entre estos hombres / será la negación o el llanto, / jubileo de antorcha porque sueltan sus muertos / como ramillete de universos secos, / son en conjunto los deudos de lo acontecido, / el aposento de la no verdad eterna por exceso de llanto…/lagrimeando extinguen lo que arde fuera de nosotros”. Y entonces acude al decir dramático al modo homérico mediante imágenes articuladas con la huella de Jorge Luis Borges, Paul Valery y Constantino Cavafis: “La brisa fresca de siempre, / la espada sangrienta, el disuelto anochecer nos llena el pecho/ de benignas sombras…”.

Ahonda en la relación simbólica de una vivencia interior, estremecedora y angustiante, mediante el rejuego de evocación y superposiciones: “Como griego bien pude haber escogido/ un varón para la dulce masacre/ en la sagrada noche de las imágenes/ que en nosotros reposan/ la voz del general interior nos ordenaba/ como verdadero botín de campaña/ repartirnos las tentaciones”.

Entonces cuenta que ha tenido visiones y ha escuchado voces y ha recibido mensajes durante los episodios interiores de su conciencia alterada, al tiempo que plasma verdades poéticas o verdades de vida, como la de sentir que todos tememos morir: “Ulises y yo hemos esperado/ un rosado amanecer en unos ojos/ tallados en mármol de Paros. / El mensaje de los dioses habla de vacío de oficio y de la inutilidad de la espera/ porque ninguno llega en el tiempo deseado, / dicen, y aun los felices/ cuando empiezan a regresar/ entristecen”.

El poeta experimenta un estado de revelación. Mediante la revelación, muchos han recibido señales y mensajes del más allá. No se trata, como dicen los que no creen en la existencia de fuerzas espirituales, de asuntos imaginarios o alucinaciones o delirios, sino de auténticas vivencias de una realidad interior, genuina y entrañable, que se vincula a una dimensión inherente a la realidad trascendente.

Cuando Heráclito de Éfeso intuyó el concepto de Logos, para aludir a la energía interior de la conciencia, pudo concebir la existencia de una sabiduría universal que atesora alguna capa del Universo, concepto que se corresponde con lo que Pierre Teilhard de Chardin llamó noosfera, la esfera de la intuición y el pensamiento. Desde luego, la revelación es independiente de la noosfera, pues se trata de una intervención directa de la Divinidad. Mediante el concepto de NUMEN, que comprende la dimensión espiritual de lo viviente, se puede entender la existencia de una ladera trascendente, vinculada a la Energía Espiritual del Universo, es decir, a la potencia divina.

En Voy hacia mi casa, segundo poemario del poeta santiagués, se inicia con una relación poética en la que figura una descripción de la situación temática que configura la sustancia de su creación, que el autor escribe con términos precisos y elocuentes, como anclas, conchas, gravedad, que señalan el punto de partida de una reflexión profunda:

Todo lo andado sobre la tierra

Las anclas, las conchas, la gravedad

que limita mi despegue

El imán del mundo que me siembra

en mitad del corazón

el horror del universo

donde siempre es de noche

y los faroles de estrellas

esparcidas en la ciudad sin dios

de alguna manera se apagan.

La persona lírica que asume el comando visionario en Pedro José Gris se sitúa en la Colina Interior, espacio de reflexión y encuentro donde ha experimentado múltiples vivencias espirituales y estéticas, para escribir un poemario como el presente texto en el que, más que un sueño o un delirio, hallamos el testimonio de una revelación, pues en vigilia recibió lo que revela en Voy hacia mi casa (5), prevalido de los conocimientos filosóficos y científicos, entre cuyos atributos sobresale la imbricación de la perspectiva científica, según los datos de la física cuántica, con la perspectiva de la metafísica, según las reflexiones del Idealismo platónico y la percepción de la propia conciencia:

La fumarola de los soles muertos

se alcanza a ver

desde mi Colina Interior,

de noche siempre, de noche

donde despertaré,

se despierta en la noche

antes ya concebida

¡El terrible frío disperso por el sueño!

¿A quién esperabas en el lúcido sueño,

la totalidad de los átomos sumados

al imán de la tierra

al misterio de la gravedad, por fin liberado

hacia el vacío de la ciudad sin dios?

El poeta experimenta el estado emocional y espiritual que entraña el rapto de la conciencia por una fuerza misteriosa que le revela el contenido de una visión lírica, metafísica y simbólica. Como les acontece a los poetas que han experimentado el foetazo del Misterio, se estremece su sensibilidad ante la condición terrible y pavorosa de lo arcano y, mediante oportunas imágenes apocalípticas, invoca al ángel que lo ampare en su cruda visión estremecedora:

Todo esto lo he inventado

para decirte

desde que salí de mi primera casa

succionado por el imán de la tierra

y caminé sobre el planeta

50 años iba hacia ti,

en la noche siempre del universo temible

pensando que todo era mierda y repeticiones

en el instante largo de mi sola muerte,

los átomos rabiosos batiéndose contra la tierra

ahora lo sé, se me ha iluminado…

(Ángeles creados por mí

desciendan como aves desnudas

enciendan los faroles,

iluminen mi casa en su luz batida por las alas

Oh ángeles, oh ángeles creados por mí,

tornen sus formas propicias

a mi declaración de amor).

Deslumbrado por la iluminación que le es revelada, el poeta se siente sobrecogido ante el aletazo del Misterio. Para indicar que un velo nos impide conocer la hondura y la vastedad de lo desconocido, el poeta dice que el mundo es siempre de noche. En efecto, a la luz de una visión esotérica se revela lo que está escondido, lo que permanece oculto a la visión ordinaria. En mi libro El Logos en la conciencia, hablo de tres niveles de conocimiento: el primero, fundado en los datos sensoriales de la realidad sensible: el segundo, centrado en la reflexión teorética de lo existente, con el auxilio de la intuición, la imaginación y la razón; y el tercero, inspirado en la aprehensión noética de los datos suprasensibles. Esta última vertiente se instala en el ámbito de lo trascendente.

Al recibir el dictado de la revelación, el poeta se anonada ante el misterio y teme, actitud cónsona con el enigma de lo sagrado y el arcano de lo divino, disposición emocional que manifiesta mediante la enumeración de elementos, con una intensificación dramática en su lenguaje. A los no creyentes a veces el miedo les atenaza su intelecto con la duda y temen que todo sea verdad, como les ha ocurrido a muchos librepensadores, como lo dice el sujeto lírico de estos versos, tallados con una enumeración enfática y el lenguaje ordinario de la expresión coloquial:

(Tengo miedo de que todo sea verdad)

El mar desamado, las aguas dulces,

en el otro mundo no llueve

No sé si podré batirme en todos los mundos.

¿Y cuáles?

SOY UN GUERRERO DE LA TIERRA

TOMO BATALLA EN MI SUEÑO,

pero al despertar

quizás guío mi automóvil

por la ciudad real,

pero cuando duermo,

quizás sigo guiando mi automóvil

por la ciudad real

Necesitaré ver un rostro iluminado

en la tarde despedazada

un aura, una clave…

un muchacho andaluz…

Es necesario consignar, como lo reitero ahora, que hay un modo de conocimiento profundo que no se funda en la intuición, sino que proviene de la inspiración o, lo que es lo mismo, de la revelación. Se intuye mediante el concurso de una luz interior que devela el secreto de un dato escondido, sea de un fenómeno físico o de un acontecimiento cuyo sentido se descubre con ese poder de la inteligencia profunda. Con razón intuir viene de intus ire, que significa ´ir dentro´, ´penetrar el interior de la cosa´, ´captar su sentido profundo´. Pero la revelación es otra cosa, ya que es un fenómeno metafísico que se recibe como una dación del más allá o de una entidad desconocida y misteriosa. La palabra revelación viene de revelare, ´revelar´, ´quitar el velo´, ´descubrir o manifestar lo ignorado o secreto´. La revelación entraña un modo de conocimiento profundo que va más allá de la percepción noética de lo real. El noos (o numen), como he dicho, funda la sabiduría de la memoria cósmica, que es un conocimiento revelado, como el que han experimentado contemplativos y profetas en todos los tiempos y culturas.

Pedro José Gris ha definido lo que distingue a la poesía interiorista en los siguientes términos: “Toda poesía lo es en tanto la conciencia poética que canta sea capaz de hacer sentir que nos habla desde la esencia de las cosas, es decir, desde su interior. Toda poesía devela verdades de vida que a su vez están contenidas en la sucesión de intuiciones manifiestas y latentes que constituyen la esencia de todo gran poema”.

Sorprendido por lo que le ha sido revelado, el poeta santiagués confiesa que un comando superior a su autodominio asumió el control de sus sentidos y le fue dado tener visiones y oír voces. “Oír voces” es un fenómeno de la conciencia que la ciencia no tiene manera de explicar, puesto que supera la capacidad ordinaria de la conciencia humana. Pero aunque la ciencia lo ignore, hay un fenómeno de la conciencia experimentado por poetas, místicos y profetas en estado de vigilia en algunos o en estado de sueño, en otros, a través del cual reciben mensajes, casi siempre descifrables. Leamos lo que escribe nuestro poeta:

Llevo un secreto entre mano:

HE DESPERTADO

HAN VISTO USTEDES VOLAR UN AVE:

YO LO VI EN MI SUEÑO.

HAN VISTO USTEDES MATAR UN HOMBRE:

YO LO VI EN MI SUEÑO.

HAN VISTO USTEDES PENETRAR

UNA POBRE MUJER DESESPERADA:

YO LA VI EN MI SUEÑO.

HAN VISTO USTEDES LAS EXTINCIONES,

LAS DESCENDENCIAS, LAS ESTIRPES:

YO LAS VI EN MI SUEÑO.

HAN VISTO USTEDES LOS ROTOS APEGOS

QUE SE TORNAN TOTALES:

YO LOS VI EN MI SUEÑO.

Pero yo nunca sueño,

mis noches son largas desapariciones

FRENTE A MIS OJOS

Recién he despertado

y ya toda la realidad es un secreto.

Si el poeta confiesa que no sueña, entonces ha tenido una revelación en plena vigilia. Y ha captado un mensaje o un conocimiento centrado en la revelación. La revelación no es exclusiva de los creyentes, pues se ha documentado en personas no practicantes de confesiones religiosas, así como también en poetas y filósofos al margen de creencias, en cuya virtud tienen acceso al umbral de la sabiduría mística a través de su sensibilidad trascendente. El conocimiento revelado no es un producto de la intuición, sino una donación o recepción, tal vez un modo de dación o milagro del conocimiento profundo, humanizada en una persona específica; se trata, en efecto, de algo que ha sido dado, otorgado, revelado por una fuerza superior a la humana.

Los antiguos griegos hablaban del influjo de las musas, concepto equiparable al de “soplo” o pneuma de los antiguos hebreos o al “espíritu” de los cristianos. En los tres casos se trata de una ´inspiración´. Esos tres términos (musa, soplo, espíritu), tienen en común la idea de inspiración, que en esencia es un ´soplo del espíritu´, aliento proveniente del más allá. Quien se inspira, recibe un aliento espiritual que le llega misteriosamente de afuera. Mediante el Logos, los humanos establecemos contacto con la Energía Espiritual del Universo y, en tal virtud, se produce un vínculo entrañable entre nosotros y la Divinidad. Ahí radica la grandeza de la condición humana, que muchas veces marginamos o despreciamos, especialmente quienes imbuidos del espíritu científico, creen que solo existe la materia y nada más que lo objetivamente dado. No dudo, incluso, que muchos descubrimientos y hallazgos científicos fueron no solo intuidos sino revelados. Uso con clara conciencia los términos “intuidos” y “revelados”, ya que los científicos, como los poetas, intuyen. Y a ellos, como a los poetas, les puede ser concedida un dato revelado, aunque se trate de ciencia, cuyo conocimiento profundo también viene de Dios. No es descartable la idea de que un día se descubra el aparato que registre algunos de los conocimientos ocultos que registra la memoria cósmica o la sabiduría espiritual del Universo. Entonces se aclararán muchas dudas y se certificarán muchas intuiciones y revelaciones que hoy se estiman cosas de creyentes.

Pues bien, mediante una paráfrasis poética, el emisor de este magnífico poemario quiere explicar lo que le ha sido revelado con plena conciencia de lo que escuchaba. El poeta parece estar anclado en la otra dimensión de la realidad, vale decir, en el ámbito suprasensible de la realidad trascendente donde, según sus palabras, “siempre es de noche” y, desde esa otra ladera, atenazado por el miedo, contempla el mundo con la visión y la audición que le ha sido confiada, al tiempo que enfoca el escalofrío que producen las visiones y las audiciones sobrenaturales o de la revelación metafísica:

Sé lo que es la muerte para ti

mientras se manifiesta

Sé de esa fuerza que te empuja a oponerte…

¿Qué has hecho de tus días, qué de vidas?

Yo sin dios te recrimino

te convido al asomo.

¡Qué de miedos si todo se ha perdido!

Iki me ha confesado haber visto

a dos amigos en horrendos escenarios virtuales

y que ellos no saben que se han muerto…

Cuando abro la ventana de mi casa

y distingo el humo de los soles

apagados en la noche

en la otra noche cotejada: temo

-El universo es frío por fuera-

Me sobreviene la certeza…

En su discurrir poético, el poeta presenta un tipo de vida ubicado más allá de la que vivimos en este estadio de la existencia humana. Cuando profundizamos en la realidad, lo mismo la sensorial que la intangible, con nuestras inquietudes intelectuales, estéticas y espirituales podemos apreciar la connotación honda y subyacente de lo real en su dimensión sublime. Como se puede colegir, no me estoy refiriendo a la noosfera de que hablan los metafísicos griegos y cristianos, esa dimensión universal y cósmica que comprende nuestro universo y que ha sido factor clave en el desarrollo de nuestra condición de homo sapiens. Los avances que dan cuenta del funcionamiento de la materia y de las relaciones entre los diversos componentes del Universo, ha dado lugar a la física cuántica. Esta disciplina de nuestro tiempo, en su explicación del funcionamiento de la materia, a veces parece moverse en un terreno movedizo, mágico o misterioso, como el de los átomos. Mucho más si hablamos de las extrañas experiencias trascendentes con estructuras comunicativas normales, en las que el mensaje verbal entra al cerebro de manera inexplicable, como si una voz superior dictara un texto. Esa experiencia suprasensible la han tenido profetas, poetas y personas ordinarias que participan de su condición de videntes, ya que acceden a una dimensión desconocida, en la que Dios, la Energía Superior o cualquier otra entidad trascendida, toma la iniciativa para comunicar algo sobrenatural. Incluso tengo el testimonio de algunos de los poetas presentes en este encuentro que han escuchado voces o han sido protagonistas de vivencias interiores, trascendentes y luminosas. Cuando Gris visualiza el mundo, dice que el “Universo es frío por fuera”, imagen metafísica con aliento emocional y apocalíptico. En el fragmento citado en el párrafo anterior, el poeta narra una experiencia real de quien no sabe que ha muerto, estando en la otra dimensión, según le ha testimoniado Iki Tejada. Esa es una manera de colocar el drama personal desde la perspectiva del Universo (“La fumarola de los soles muertos/ se alcanza a ver / desde mi Colina Interior/ de noche siempre, de noche/ Donde despertaré, / se despierta en la noche antes ya concebida/ ¡El terrible frío disperso por el sueño!”), donde los términos “fumarola”, “noche”, “frío”, aluden a la muerte, tema que sirve de trasfondo al poemario.

Para formalizar y potenciar el contenido de sus vivencias interiores, el autor de estos reveladores versos evoca a Salomé, figura bíblica con la que recrea la visión que le fuera dada o la audición que escuchó y que transmite en metáforas y símbolos, con un lenguaje mediante el cual inventa nuevas formas (afueredad, ajenidad):

Salomé embriagada de whisky fantasea

La vida indudablemente se está viviendo

en otro lugar lejos de esta casa,

en ventana ajena

en la afueredad donde ha acontecido

una danza...

Su nalga de 15 años

de antigüedad se posa desnuda

sobre la pierna erecta del tirano…

¿Aconteció una danza en dónde?

El rey enloquecido ha violado la niña.

¿Ha violado el rey enloquecido la niña dónde?

¡Piedad! ¡Piedad!

Para voyeuristas y contemplativos

¿qué es la vejez sino una ajenidad de lo viviente

y la muerte, toda la ajenidad?

Da la impresión que el poeta está viendo lo que está contando, aunque sabemos que es un recurso poético y simbólico para dar sustancia y contenido a su revelación. Conocemos el testimonio de personas que han escuchado voces en su propia lengua, exactamente como si les dictaran mensajes con claros contenidos expresados en lenguaje directo y también en lenguaje traslaticio y simbólico. A veces, esas voces proceden del numen, núcleo de la sabiduría universal de la memoria cósmica, pero también a veces proceden de la Energía Espiritual del Universo o fuente de la Divinidad, como lo han testimoniado antiguos y actuales profetas y los elegidos de la Gracia, y también alucinados y poetas, en diferentes tiempos y circunstancias.

Desde luego, no hay que estar dotado de pureza y santidad para ser partícipe de la gracia pues, como dijera Ernesto Cardenal, muchos pecadores han sido elegidos como instrumentos de un designio superior en virtud de un ordenamiento cuya razón se desconoce. Ese designio superior viene del más allá, lo que evidencia que algo tiene lugar en esa parte de lo real que llamamos el vacío o la nada. De hecho, la conciencia del vacío y la nada, que genera el horror vacui, es la raíz profunda del arte, la religión y la ciencia y la mitología, así como del sentido moral, la disciplina interior y el sentimiento místico.

El fenómeno de la revelación siempre ha desconcertado a los seres humanos, ya que se trata de una ´ocurrencia anormal´ que altera y sobrepasa la condición natural de la comunicación ordinaria. La audición de voces es un fenómeno paranormal o sobrenatural, razón por la cual los científicos no le prestan la atención debida. Quizás el concepto de revelación, como lo enfoco en El Logos en la conciencia, sea insuficiente, pero entiendo que es necesaria una clasificación que explique ese fenómeno de la conciencia. La revelación constituye un fenómeno de la conciencia y, en esos linderos de la interioridad, no tenemos cabal acceso para entender la naturaleza peculiar de ese mundo enigmático y sublime. Con razón los poetas se turban y los iluminados se anonadan y los científicos se retraen o se declaran incompetentes para explicar el rasgo peculiar de la revelación. Unos pocos logran expresar el contenido de los mensajes revelados mediante el lenguaje simbólico de la poesía.

Al recrear, a su modo lírico y simbólico, el significado de la danza de Salomé frente al abominable hecho instigado por su codiciosa madre, el poeta explora los meandros de la conciencia ante una ocurrencia que, en sede metafísica, se prolonga en el tiempo y llega hasta nosotros, recreado con el dramatismo de la tragedia griega mediante imprecaciones y preguntas, como el siguiente fragmento de Voy hacia mi casa:

Danzas para nosotros revestida de piel hilada

¿Atrapada dónde de tu zona roja?

Afiches por toda la ciudad gozosa,

club de nocturnidad.

¿Existe acaso fecha para el espectáculo…?

Aquí has despertado, muchacha verdadera.

¿Cuáles ángeles esperas

con sus penes erectos por éxtasis final?

¿La muerte, un orgasmo?

¿Ese era tu mensaje?

¿Existe acaso fecha para tu descanso,

has bailado como trompo sobre legiones de ángeles.

Son solo escuadrones de soldados cansados

viejas piezas de artillería humana.

Y tú, ¿no sabes que has muerto,

esto era al final para lo que bailabas?

Más hubiera valido no haber nacido viable

Pero si eternamente danzaste para el Rey,

maduraste en sus piernas.

¿Cómo es que estás abierta esperando

el jugo de los hombres?

¿No ves que es un ejército de conciencia extinguida?

La recreación del acto danzante de Salomé tiene tres implicaciones relevantes en este singular poemario de Pedro José Gris: primero, asume un hecho de la historia como ilustración y soporte de un enfoque conceptual y metafísico de su cosmovisión poética; segundo, entraña una visión subjetiva en la que el poeta describe el acto del desnudo con la emoción de quien le hubiese gustado estar presente para disfrutar el placer sensorial de ver el cuerpo desnudo de una hermosa joven, cuando escenificó su destape ante el Rey; tercero, comporta un valor traslaticio y simbólico ya que, en la visión de Salomé como símbolo sexual, cabe la posibilidad de que la gente quede atrapada en una idea obsesiva y reiterante de un acontecimiento sentimental de su predilección, puesto que Salomé, en la visión lírica del poeta, repite el baile ad infinitum.

Algo de valor o de importancia para la conciencia le fue revelado al poeta, conforme el testimonio lírico expresado en este singular poemario. El hecho irrebatible de que Dios o una entidad supra humana hable a través de los poetas, como lo hacía a través de los profetas, se ha constatado en todas las lenguas y culturas, antes y ahora. En la Antigüedad de nuestra cultura occidental, la Biblia registra la experiencia de varios profetas que recibieron mensajes a través de la revelación, como Elías en el Antiguo Testamento o Pablo de Tarso, en el Nuevo Testamento. En nuestro tiempo, el inmenso lírico boricua Francisco Matos Paoli, llegó a decirnos, a mí y a Pedro José Gris, que él escuchaba voces del más allá, como lo testimonió en sus libros Canto de la locura y Diario de un poeta.

No es un retruécano de la conciencia el entramado que teje Pedro José Gris para dar cuenta del tormento interior que sacude la sensibilidad de quien ha cometido un crimen contra un sujeto inocente y bueno, como lo propició Salomé. En el siguiente fragmento de su memorable poema, articulado a datos de la sociedad de nuestro tiempo, Pedro José plantea: “¿No ves un ejército de conciencia extinguida?/ Todos no habrán urdido que lo repita la noche./ ¿El copero del rey, ciego a su propia suerte,/lamió tu copa y se masturba en su muerte?/Quién en tus ojos de oro con luz eléctrica detrás…/Son biombos y actores las sombras que te siguen/ atrapadas en la densa materia del orgasmo?”

Desde luego, el poeta entrevera el contenido de su revelación a su personal experiencia de sensibilidad y vida. Por supuesto, lo que la revelación entraña no siempre se transmite en lenguaje comprensible. De ahí el uso de tropos, símbolos y alegorías, que dan cuenta en la expresión indirecta de su alusión críptica. El poema alude a algo que no siempre puede descubrir el hombre, ni siquiera por la intuición, el poder de la inteligencia mediante la cual captamos la dimensión interior de lo existente. Habría que indagar cuál es la dirección exegética de los enigmáticos versos que articulan el singular poemario Voy hacia mi casa:

Inicia la ascensión

debe ser en Venecia

hay barcarolas sueltas

edificios y mármoles, resplandores

dorados y tú, desnuda,

avanzas sobre los silfos de oro

hay un sillón de rojo

-nada que ver con sangre-

¡Es que ha sido tan bello!

¡Quién sabe si esta trampa es

lo más verdadero que podemos alcanzar!

El ámbito del conocimiento profundo no es para mentes superficiales, sino para personas con inquietudes profundas en el mundo de la intuición, el pensamiento y la sensibilidad trascendente, espacio de la creación y la reflexión dispuesto para las altas cavilaciones del espíritu, como lo hemos estado promoviendo entre los escritores del Movimiento Interiorista.

En su compenetración empática con el Universo, con entrañable sentido espiritual, erótico y metafísico, Pedro José Gris hace uso de una actitud reflexiva, esencialmente cósmica, con talante presocrático y protomístico, para articular su poesía a la luz del ideal interiorista de la creación.

Un aspecto singular del presente poemario, que quiero subrayar con cierto énfasis, es el hecho de la armoniosa coparticipación del arte y la ciencia en su visión poética. En tanto los datos y las visiones científicas no reducen la emoción estética que todo genuino poema entraña, la imbricación del arte y la ciencia se puede considerar un logro creativo del poeta santiagués, ya que a menudo, los que así lo han intentado, no han conseguido provocar la debida emoción estética, con lo cual disminuyen o menoscaban el sentido espiritual del arte, la poesía y la filosofía. En Pedro José Gris, los datos de la ciencia se suman a los datos del saber literario y filosófico para fundar y cumplimentar la emoción metafísica y poética.

A nuestro poeta no le basta el estadio sensorial, dionisíaco y festivo, con que el placer de los sentidos le concita. No le bastan el mundo y sus placeres para aupar su vocación estética. Busca orillar la otra ladera, la del pensamiento metafísico que generan los fenómenos de conciencia y que explora con la hondura de la intuición trascendente, lo que le permite encauzar una reflexión filosófica con una sutil meditación sobre el tiempo, el sentido de la vida, y consecuentemente, sobre el ser y el devenir del mundo. Por algo tienen sus versos una profunda connotación estética, metafísica y simbólica.

Como en Las voces, también en Voy hacia mi casa hay una disposición interna y metafísica que le impulsa a explorar la hondura del ser, el sentido de la creación y la razón de la existencia, que nuestro poeta enfoca poéticamente mediante un doble reflejo: el espejo del ser, que la conciencia reproduce en su cavilación interior, y el reflejo de su interior profundo, cuando enfoca el acontecer de extrañas ocurrencias en el hondón de su sensibilidad, una manera de expresar su condición de pensador y poeta, con el talante del sujeto que se ausculta y se piensa, sabiéndose pensante. El pensamiento es un mecanismo que, al pensar el mundo, lo refleja, al tiempo que el poeta se piensa a sí mismo y habita el pensamiento, que canaliza en su expresión estética. Esa disposición de la sensibilidad interior concita la nostalgia, motor de su poesía, contrarréplica del miedo a la muerte, al sentimiento del horror vacui, tan presente en la conciencia de Pedro José Gris cuyas vivencias, a pesar de las apariencias, conjura con las voces al ser que lo contiene y lo redime.

En esta línea de creación, centrada en una metafísica y poética de la conciencia o en una poesía metafísica de la conciencia, acompañan a Pedro José Gris, con una lírica de alto vuelo interior, poetas fundamentales del Interiorismo, como José Frank Rosario, Sally Rodríguez, Ramón Antonio Jiménez, Iki Tejada, José Acosta, Guillermo Pérez Castillo, Roberto José Adames, Leopoldo Minaya, Noé Zayas, Fari Rosario y Farah Hallal, cultores de una fecunda y auspiciosa metafísica de la revelación.

Bruno Rosario Candelier

Encuentro del Movimiento Interiorista

Jarabacoa, República Dominicana, 11 diciembre de 2010.

Notas:

  1. El autor de esos dos poemarios, Pedro José Gris, nació en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, el 12 de abril de 1958. Comunicador, poeta, ensayista y pensador, es un brillante expositor de temas filosóficos, literarios y místicos. Miembro fundador del Ateneo Insular y Signatario del Movimiento Interiorista.
  2. El texto citado procede del poemario de Pedro José Gris, Las Voces (1982). Pedro José Gris tiene una sólida formación intelectual. Licenciado en Filosofía y Letras por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, de Santiago, formó parte del Grupo Literario que orientaba el autor de este estudio en esa prestigiosa universidad santiaguense. Ha publicado poemas, estudios de opinión y ensayos en la prensa nacional.
  3. Fragmento de “Responso por nosotros mismos”.
  4. Con Las voces (1982), Pedro José Gris abrió las compuertas de la reflexión filosófica en la creación poética. Creador de resonancias clásicas, en su creación el esplendor del mundo se desdobla en reflexión, espiritualidad y sentimiento. Su lírica, impregnada de hondura mitológica y destellos cósmicos, refleja la búsqueda de lo trascendente amparada en reflexiones metafísicas. Bordea la angustia existencial, el amor, la nostalgia y la muerte con una actitud dionisíaca inherente. Corteja la Belleza y el Misterio y la apelación de lo Eterno lo concita y desconcierta.
  5. Cfr. Pedro José Gris, El libro de los saltos, Santo Domingo, Ateneo Insular, 2010.


Bruno Rosario Candelier nació en Moca, Republica Dominicana, el 6 de octubre de 1941. Doctor en Lingüística por la universidad de Madrid, y Licenciado en Educación por la Universidad Católica Madre y Maestra, ha desarrollado una amplia actividad cultural, desde la propia UCMM, donde es profesor, y a través del Ateneo de Moca, del cual fue su presidente.Es además Diplomado en Filogía Hispánica, por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y posee el profesorado en Lengua y Literatura Españolas y el Diploma de Investigador Lingüístico, obtenidos en el Instituto de Cultura Hispánica, de Madrid.Ha publicado numerosos ensayos y estudios de lingüística y literatura en la prensa nacional, y se le reconoce como el iniciador de una nueva metodología critica en nuestro país y ampara sus análisis en datos aportados por la ciencia lingüística y afines.Ha publicado lo popular y lo culto en la poesía dominicana (1977), Juan Bosch: un texto, un análisis y una entrevista (1979), Ensayos Críticos (1982), La imaginación Insular (1984). El doctor Rosario Candelier, además de la docencia, escribe y publica sus estudios y ensayos; asesora revistas culturales; orienta grupos literarios en formación; proyecta coloquios y encuentros literarios, dicta y organiza charlas y conferencias; asiste a seminarios y forma parte de jurados en certámenes literarios. Es miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Forma parte del “Grupo de Escritores del Cibao” y del “Comité de Intelectuales Dominicanos”. en el 2008 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura