sábado, 4 de abril de 2009

Escritor invitado: Francisco Domínguez Charro


Viejo negro del puerto


Viejo negro del puerto

hace mucho que vengo mirando

la oscura silueta de tu cuerpo manso,

deslizarse, en silencio, en las noches,

del muelle a lo largo;

por recintos cargados de sombras

con tu fardo de penas a espaldas,

yo te he visto escrutando, a lo lejos

algún raro misterio perdido en lo alto...

Y te he visto, sumiso, responder al reclamo

-de ese grito silente de tu alma-

cuando aspira el humo con tu pipa

en profundas y lentas bocanadas...


Y te he visto, también,

deshilar el fulgor de tus ojos noctámbulos

por las aguas plateadas...


Viejo negro del puerto!

Esta noche de niebla es propicia

al rito mudo de tu fervor atávico;

prende tu pipa fuerte, embriágate de trópico,

sumérgete en ti mismo y apura tu nostalgia...


Escancia la tortura de tu alma

en un festín inmóvil con tus ansias:

Insúflate en la nada,

penetra los abismos insondables,

fija la indescriptible quietud de tu mirada,

y acorta la jornada redentora

de tu retorno al África...


Viejo negro del puerto,

retorna en el espíritu a tu selva sagrada.

Embárcate en la leve piragua imaginaria

de tu inconsciencia mártir

-y llora inconsolable-

que en esta noche lánguida

sólo un millón de estrellas

queda sin recorrer tus lágrimas...


Viejo negro del puerto

beodo iluso de agonías nocturnales;

yo he visto, muchas veces, tu herida destilando

llamaradas intensas de fugas ilusorias,

y tus pupilas mansas se han teñido de selva

en actitud fantástica...


¡Viejo negro del puerto!

¿Qué deseo te taladra?

¿Qué mística idolátrica penetra en tus entrañas

que, inmóvil como estatua, te embriagas de fulgor

de mil estrellas lánguidas...?


...Inútilmente sueñas con tu retorno al África.

Si pudieras tejer con tus brazos

un pedazo de jungla flotante

y dejarte arrastrar por los mares...


O tejer con clarores de luna

un velamen muy blanco y extraño

y dejarte impulsar por el aire:


-¡Qué aventura tan grande!-


¡Viejo negro del puerto!

¡Quisiera consolarte!


Francisco Domínguez Charro nació en San Pedro de Macorís el 22 de agosto de 1910. Compañero de Pedro Mir y Carmen Natalia, con quienes compartió los primeros años de edad escolar en su ciudad natal. En carta escrita en 1939 desde su lecho de enfermo a Carlos Curiel, hace referencia a su amistad y cariño por Pedro Mir, y al impacto que le produjo la visita a San Pedro de Macorís de Domingo Moreno Jimenes. En esa carta se refiere también a lo que el poeta postumista significó para él: "Yo tenía un periódico en sociedad con otro, y Pedro Mir y yo fuimos a entrevistar a Mirita de Peña (una santiaguera encantadora) y a Pirula Guerra, otra mujer bella. Él escribía las entrevistas con una elocuencia ética. Yo me asombraba. Después empezó a escribir sonetos clásicos perfectos. Yo también empecé a escribir sonetos y tenía unos veinte. Pero con la llegada de Moreno hubo una terrible tempestad que dio al traste con la sonetería de temas griegos y títulos en latín. Nació la inquietud versolibrista. Pedro Mir la despreció. Pero yo sabía que en él dormía un gran poeta". Los efectos de esa "terrible tempestad" no desaparecían en la obra poética de Francisco Domínguez Charro. América en genitura épica lo demuestra. Refiriéndose a esta obra, Marcio Veloz Maggiolo (Cultura, teatro y relatos en Santo Domingo) dice: "Domínguez Charro pretende proyectar la América hacia confines jamás soñados. Devolverle a la misma su esplendor perdido; lanzarla contra los demás mundos, haciendo de ella una mole aplastante y poderosa que haga posible su reconocimiento y que evite su explotación". "América en genitura épica ‑agrega‑ plantea el problema formal de una poesía narrativa; influido notablemente por la posición americanista de Moreno, Domínguez Charro pretende una poesía capaz de abarcar el mundo europeo, y quiere una América igual para todos, sin fronteras". Tierra y ámbar es la obra más importante de este poeta. En ella la vida marina de su ciudad natal y los afanes de sus hombres, aparecen en forma constante junto a una nostalgia que dará un ámbito popular a su poesía. En ella hay predominio de la intuición sobre el rigor formal. Se nota el gran poeta que no llegó a encontrarse a sí mismo por la circunstancia de su muerte prematura, ocurrida el 15 de septiembre de 1943. De temperamento inquieto, apasionado, Francisco Domínguez Charro trató el tema social y la poesía erótica con hermosura, tristeza evocadora, y sorprendentes hallazgos expresivos.

Publicó en la revista de "Los Nuevos", aunque no perteneció a este grupo. Tampoco fue postumista. Héctor Incháustegui Cabral da a conocer en la Revista ¡Ahora! (No. 568, septiembre 1974), un interesante trabajo sobre este poeta titulado "Francisco Domínguez Charro y la trigueñez". De este estudio extraemos lo siguiente: "Domínguez Charro, sobre todo en este poema [se refiere a la "Canción del pescador"], es uno de los pocos poetas dominicanos que canta cosas del mar, de la navegación, con un alarde de conocimientos que no encontramos en otros". La mayor parte de la obra poética de Domínguez Charro permanece inédita o perdida. Nos ha sido imposible localizar en manos de familiares y amigos esos veinte sonetos de su primera época, así como otros poemas posteriores.

Obras publicadas

  • Tierra y ámbar (1940)
  • América en genitura épica (1943)
  • Romance del espiral (1943)