sábado, 19 de enero de 2008

Escritor invitado: Valentín Amaro

VALENTÍN AMARO (Gaspar Hernández, Provincia Espaillat, 1969). Administrador de Empresas, mercadólogo y gestor cultural. Posee una maestría en Educación Superior por la Universidad Católica Santo Domingo. Sus poemas han sido publicados en los diarios de su país, en la Revista del Círculo Literario El Aleph, en el Boletín del Taller Literario César Vallejo, en la Antología de poesía mística del Ateneo Insular y en las revistas virtuales de poesía Letras Salvajes del poeta y editor caribeño Alberto Martínez Márquez y en Paradoja del poeta y editor dominicano José Alejandro Peña. Es miembro del Taller Literario César Vallejo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y del Círculo Literario El Aleph. Dirije las actividades del Círculo Creativo de la República y del Grupo Literario Franklin Mieses Burgos del Ateneo Insular. Publicaciones:"En el temblor de las visiones" por la Editora Nacional y Ediciones Ángeles de Fierro, también publicado por Obsidiana Press de West Virginia. Fue responsable de la selección, prólogo y notas de “Vlía”, una antología breve del gran poeta dominicano Freddy Gatón Arce hecha para la Editora Nacional y Ediciones Angeles de Fierro en el 2005

(Degas: Blue dancer)


HOMBRE DANZANDO EN LO OSCURO


A Yeyé Concepción

en la hermandad de la poesía



Hay un hombre danzando en lo oscuro

mudo, en los ojos del delirio

Nada sabe de su azar

ni de los pequeños dioses

que vigilan su otoño

Hay un hombre danzando en lo oscuro

perdido, tropezando a cada paso

en cada burdo intento

de su drama interminable

Danza y danza

él es la oscuridad

él tiene nombre de sombra y pesar

él es un golpe de dados

Hay un hombre danzando en lo oscuro

abrazado a su soledad

al tedio

a la errancia

y a los sueños fragmentados



GRISES



Beso de luna.

Fría la noche

y ensartados en su urdimbre

los tristes hombrecillos

se levantan

A dura voz

uno a uno preguntan

el porque de su caída

Nadie les ha dicho

que son polvo y olvido

tránsito y quimera

sombra y nostalgia

y tristes partos

de un raro dios

sin nombre



DESTIERRO


A Franklin Mieses Burgos

In memorian



Desplomándose

un ángel

El mar

vidente errante

presagia los tiempos

De la sal alguien en la fría vorágine

en la incertidumbre de las lilas

eleva cantos tristes

Huir quiere

pero golpea su miedo el arrecife

un coral sus duras trenzas

El ángel se duerme

se sabe solo, vacío, derrotado, perdido

Y allá, indiferente

alguien sigue cantado coros tristes…



GRITO DEL AEDA


“ Preguntas y sólo responde tu casa,

el leve apogeo de tu sangre...”

Ana Enriqueta Terán



Una soledad de humo y tiempo

un mutismo de horas infinitas

Y otra vez

un aeda desvistiéndose de sus máscaras

lengua de polvo de un vidente errante

en el siniestro exilio de su canto primero

Pero aún,

en la garganta cansada

el grito ardiente de sus voces

las palabras pendientes

reclamando el rezo y el canto

Otra vez

el sonámbulo andar de la parda agonía

de saberse vivo

con el mensaje a cuestas

y la prisa de las horas

insistentes, oblicuas

c

a

y

e

n

d

o




NOCHE DISPERSA


Ancha, apretada la madeja

la hormiga se pierde

grita sin comprender su misterio

su cara de sol en la moneda

Del otro lado

unos sueños abismándose

en la noche del frío asfalto

y en las visiones mojadas de alcohol

Sedientas aletean sus ansias

las moscas de harapos

a lo lejos, un gato maúlla

La noche

es dispersa en su humus

en la ansiedad de su azar

y en su vapor

de sangre

azufre

y muerte



INSOMNIO DE ESCRIBA


A José Mármol



Frío y esquelético

con ojos de botella irredenta

de la noche un hombre traspasa

el umbral

poniendo su voz de nadie en mi hombro

Doblega el sueño

se inclina, escribe algo en el suelo

seca impurezas de su cara

tose, eructa, bosteza

un pavor de años le aturde

Afuera,

un sórdido roncar de sapos en la niebla

otro, de cerca, abraza sus tinieblas

grita su vacío

lerdo, insomne, casi muerto

Y así

la noche

—diosa indoblegable y burlona—

le pierde en sus fauces

de tedio

espanto

y miedo


EN MIS SUEÑOS



En mis sueños,

deslumbrada y agónica

esta ciudad eterna

me nombra

Una vieja bandera

danza en lo alto de la plaza

una multitud en el grito

se derrama en mi cuerpo

Insomne

vacilo en las llagas de su cintura

desdoblado en mis papiros

de escriba rebelde

y en este andar a tientas,

quién soy sino un vidente

invadido de alas verdes,

cuerpo atrapado de un fantasma

y un bufón olvidado

en el tedio del azar


MEDIANOCHE Y DESTIERRO


“Todavía me duelen

las manos que me faltan”

Olga Orozco


Se mete la noche en mi boca

en mis manos un torvo tiempo

andar de lodo y cieno

en iras cargadas de horas

Y otra vez,

mi agónico grito de cantor

vidente a tientas en el tedio de las manos

vieja iglesia plena de sombras

Aterrado

me vuelco en queja lenta

y celebra mi destierro

un cielo indiferente

Densas hojas negras

caen de mi árbol

y me anula en sus corazas

la noche



EL POETA


Gris y descalzo

el poeta arma su hendidura

se busca en su infancia

—patria de la que nunca ha logrado escapar—

disperso en imágenes

y disgregado

en el tedio de las horas



OTRA VEZ DE AUSENCIAS


otra vez de ausencias

me puebla el silencio

en mi inconmensurable pequeñez

de hombre y renacuajo

No sé,

sufro la extraña manía

de renunciar siempre a todo

fatigado de estos pies

de estos ojos

y estas manos

que esgrimen mis versos

como me esgrime la noche


II


¿Y qué si en mi turno

de dios pardo y cansado

prefiero todavía

la danza bajo la lluvia

el sortilegio de los viernes santos

hablar con las estatuas

lanzarme de espaldas tres veces al mar

y desnudarme en los corredores

de esta casa viva y vacía?



SANGRE ANCESTRAL


La mano incansable recordándote

el gesto incorregible de mis labios

esta sangre ancestral y salvaje

persiguiéndome

y en el temblor de estas cosas que escribo

¿Para quién, para qué?

¿Qué frío escarabajo cargado de ojos y mañas

se esconde en las grietas de mi mundo?



DELIRANDO


Un hombre

—molesta náusea de siempre—

viejo sombrero olvidado

caja abandonada y vacía

mueca de un payaso jubilado

Asilado porque sí

muerde su lengua

gruñe solo

estalla en cada oquedad perdida

Grita su oscuridad

embiste las frías paredes

Se cae

cree levantarse

y no puede

Se sabe perdido

no responden sus dioses de la tierra

los jerarcas de su insomnio

delira, agoniza, muere

Afuera hay fiesta alborotada

y cantan los gallos…



DESDE ESTA MI CARNE


Desde esta mi carne

ensimismada torre

regio habitáculo de asfalto

reclamo en las horas del ímpetu

del mar de mi infancia la ingrávida sal

el lívido rostro de mi padre en los días de escasez

los labios resecos de mi madre hartos de la espera

y la cruz de ceniza en los días de cuaresma

Reclamo el espanto de las noches de octubre

el retozo de los cocuyos

Isabel volando entre los árboles

la inocencia en la risa de los carboneros

largo y lánguido como un pájaro muriéndose el río Joba

los sueños de mi hermano Luis Amaro vestido de bombero

la parda vida de los pescadores de la Ermita

los ojos café de Gele Gil

las veladas a Santo Domingo

los rezos largos de mi abuelo

y las tardes frías de diciembre

Reclamo las horas de hastío

cuando el mundo en Cruz de Gen era mi casa

y era un juego la vida

con sus misterios y su invasión de alas verdes

y la poesía un turbio temblor de luciérnagas

cuando la eternidad descendía pavorosa hasta mí

y supe interrogar mis sombras, mis miedos

en los rumores de la noche

También supe de las máscaras del hombre

viendo mi abuelo danzar ante su muerte

cuando su oscura saliva pobló su camisa

y en su partida ángeles descendían

en el iris de su azul

y hubo relámpagos y tambores presintiendo algo

lo vi en mis diminutos abriles

en mi leve carga primigenia y angosta

Y hoy solo

en esta ciudad parda y gris

que se abisma en su miedo y su historia

reclamo a dura voz

tantos sueños idos

tantas nostalgias ateridas

tanto andar de polvo y tiempo

Hoy, justo hoy

en los restos del grito y la sangre

en mi turno de vidente saliendo de la noche

escuchando mis pasos en el polvo

lo reclamo todo

desde estas ruinas de un d´Bari

que calla secretos

y que espera

la innombrable noche



EN EL TEMBLOR DE LAS VISIONES


“Tendré un nuevo ser

un ritmo cenital que me hace

libre de todos los augurios de la tierra”

Francisco Matos Paoli


Danzando en derredor

el hombre, preciso corta el trigo

sin parar, jadeando

como quien se muere

amando sudoroso a una mujer negra

extrañamente negra

eternamente negra

Habla en lenguas, gime

y es su gemido el desgarre

de un dolor de años, de siglos

Busca los dioses de su mundo

de su atragantado mundo

de su vulnerable mundo

pero es tarde, nadie le escucha

nadie sabe de su luna colgando en su infancia

nadie sabe de los espectros girando en torno suyo

nadie ha esgrimido su espada en el hambre siniestra

nadie le ha visto caminando

en las paredes desnudas de su casa

ni cuando en su extrema paranoia araba su invierno

y en los ojos de sapo triste

volvía a su niñez agreste y cansada

hablando con sus muertos

y cruzaba la pradera

donde cada noche Isabel salía

con su falda negra y le cubría el rostro

y luego volaba hasta desaparecer

entre los árboles

dejándolo inerte, moribundo

hasta que un temblor de visiones

le despertaba y volvía a su casa

y cantaba hasta amanecer

llorando, volviendo a la vida

1 comentario:

la pequena arara dijo...

Qué bueno saber de tí Valentín. La poesía es mejor con el tiempo, debe ser como el vino.