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domingo, 18 de abril de 2010

Escritor invitado: Pedro Ovalles


POEMAS DE EL COLOR DEL SILENCIO

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Es extraño, pero cierto: todas las cosas se agolpan en mí cuando llueve. Todas entran por mis ojos. Luego se hunden en el mar. Sólo los ojos no naufragan juntos con todas las cosas. Aun después de la lluvia, interminablemente sigo hundiéndome, cayendo hasta el fondo, hasta reunirme con el Todo. Y como mis ojos nunca se ahogan, pues sigo viéndome allá dentro del enigma: conversando con las arenas, dándole palmada al agua, escarbando los días. Y ahí, en ese mi reino insólito: soy yo mismo, el dueño absoluto del universo, el que nombra todas las cosas; las reúne, las coloca todas una por una en su justo lugar: unas en algunos recodos secretos de mi alma, otras en el pórtico solícito de mis pensamientos, para que otra vez las nombre con palabras de ningún idioma conocido.



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Una palabra basta para decirlo todo: vacío. Y, después, el espacio sin nadie, el lloro inoíble del silencio. Cuando estamos mudos, cerramos el único círculo que nos pertenece; no nos queda más alternativa que dejarnos reducir a aire, y de tanto envolvernos en nosotros mismos, somos noche: el reiterado vacío y su silencio terrible.



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Buscamos un no sé qué cuando algo nos falta en medio del polvo. Se ahonda la huella, y tras ella otra finge ser nosotros. Regresamos, entonces, sin nada y sin nadie que testifique el vacío. Dentro de sí cada quien está, va penetrando lo imposible, buscando una puerta en las sombras, un túnel que lo conduzca a sí mismo. Caminamos, y al hacerlo, nos fugamos de sí. La tierra se va deslizando como niño dócil. Vamos penetrando lo denso, lo que siempre nos aguarda. Pero, ¿llegaremos? Sin nadie, aun sin nosotros mismos, rotos, caminamos otra vez reuniéndonos en el polvo. Y a pesar de la agonía de la luz, pretendemos ser, y al hacerlo, nos deshacemos en agua que nos hipnotiza nuestra alma, que nos humedece los ojos. Pero a pesar de lo desfalleciente, de lo grávido del aliento, podemos reconstruirnos y alcanzar lo posible. Sin llegar al mar, ya sentimos el sol sobre su azul. No podemos negar que a veces sentimos que se nos muere la esperanza. Y, sin embargo, somos: ¡retoños alegres!



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La mirada oye el color que la embriaga y ve la voz que la llama. Instante en el cual la eternidad del ser es suavidad de maíz tierno. Ella busca la profunda convergencia entre lo efímero y lo perpetuo, y en ese tiempo de humo invisible, teje su forma del hilo que surge al deformarse su nada. Y en esa transfiguración del vacío en harina impalpable, otra mirada retoña, y oye la música que se filtra por el reverso del aire, para tocar el recién surgido relámpago de lo presentido. La mirada huye de sí misma hacia otra mirada, y en esa veleidad enverdecida, pues se retuerce en algún recodo de trigo; y ya, entonces, no es imagen huidiza de la certidumbre, sino tortura del sueño de la luz que se embriaga a sí misma.


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Mirando detenidamente el polvo, palpándolo quedamente con los trémulos dedos: es un espejo que esconde su dorso y su dura certidumbre. El polvo tiene ojos. Nos mira como un hermano gemelo. Su mirada es un triste cielo que se derrite en agua hirviendo. Mirada que oye. Voz que mira. Cuando el hueco de nuestras manos se llena de polvo: somos la sucia imagen tras un espejo; somos una callada lágrima transfigurándose sobre hielo. ¿Quién no ha oído la voz del polvo mascullando mugrientas palabras de un seco idioma primigenio, su timbre apagado, sus tonos mortales? Cuando nos llega su voz de niebla eterna, buscamos en nosotros mismos las calles y los puertos que hemos recorrido, las piedras con las cuales hemos tropezado. El polvo tiene el alma de nosotros, los mismos gustos, las mismas costumbres, los mismos gestos, va donde vamos, aunque no muere cuando nos morimos. He ahí cuando plenamente se inicia su más terca eternidad. Nunca se reduce a sí mismo porque es totalidad no reprimida, convergencia de desiertos: oh llorosa silueta de la sed.



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En la ciudad que cada quien va construyendo desde antes de nacer, hay callejuelas que siempre seguirán siendo desconocidas, luces apagadas y fantasmas acosando el alba. Cada quien vive en un nicho de cristal. Y aun ahí hay recodos de sombras que nunca nadie accederá: testarudas portezuelas que nunca se abrirán, porque son la noche cerrada a sí misma. A pesar de ello, seguiremos forzando las cerraduras, explorando los resquicios de la madera, y los hierros oxidados, y los túneles, y los soñados caminos: ineludibles islas que asfixian y dan vida a la vez. En esos predios que cada quien está, desde antes de ver la luz, pues va edificando una muralla donde resguarda para siempre el “otro” que verdaderamente es.



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No lo sabes, pero te lleva la corriente. Finges reposo, pero vas dando brincos entre los vértigos del río. No dices nada, pero tu lenguaje es el rápido beso de las piedras. ¿Qué arcano eres desde que te fuiste para quedarte toda entera? Vertiginosa va el agua por tus ojos, arrastrando el sudor del tiempo que esconde las esmeraldas de tu soledad. Tu mirada moja de sorpresa al que sueña. Además, eres lluvia perpetua que cae de un cielo que ni tú ni yo conocemos. Eres como la imagen detrás de un antiguo espejo: inasible como la luz. Sin que lo sepa la tierra, eres tierra desde antes que el polvo existiera. Eres el antes y el después: la perfecta unidad del principio y el final. Quien te ignore ha tirado sus sentidos al abismo que lo aniquila: en el fondo de lo insulso se pudren sus ojos; su tacto es la agónica piedra de un viejo convento; su gusto, el osario milenario de los egipcios; los oídos, el silencio pálido de una iglesia sin feligreses. Tú estás más allá de ese silencio y de todo lo que existe, porque eres sustancia de la propia existencia del Todo.



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Tú crees que te escapas. Crees que tú eres tú. Y no es así. En ti hay mundos. Hay territorios que no conoces. Frente al gran espejo insensible estás. Lamentablemente, pero cierto, allá, muy lejos, en tus ojos: ¿quién eres? Tu respuesta es la espuma que no puedes asir, la marea que te aturde y a la vez te hace volver a sí. No hay escapatoria. Ancha es la puerta por la cual llegaste, pero muy estrecha por la cual tienes que huir. No interrogues la negra palidez de la tierra, no intentes extraerle luz a la distancia que te espera; tú crees que te escapas, y no es así. Siempre las aguas regresan a su antiguo cauce. La roca será roca aun después del gran silencio.


(Gustav Klimt: Muerte y vida)



POEMAS DE ARQUITECTURA DE SILENCIOS

DIALÉCTICA DEL “UNO”


Las nubes y el sol y la tierra
y el mar reunido en su agitada angustia
y la luz que se ahoga en la charca
y las hojas que se suicidan sin saberlo
y el agua que se fuga hacia sí misma
todos son el Uno en el espejo que son
todos participan del Todo
No hay un solo elemento
que sea por sí mismo él sin los otros
Cada uno en el otro está
y sin embargo cada uno es el Uno sin el otro
Se hacen y se deshacen permanentemente
y siempre son los mismos
aquí y allá y en ninguna parte
No hay forma posible
de aquello cuya existencia es el instante
y es que de instante también
está hecho el Todo



CERTIDUMBRE

A Pedro Pompeyo Rosario



Pretendes asirte al árbol primigenio
no sabiendo que eres tú mismo la madera
que eres el día y la noche y todo lo que tocas
que el polvo que respiras eres tú mismo
Entonces existes porque revives
bajo el sol en tus pensamientos
y mueres en cada noche de tu cuerpo
Te abrazas a ti mismo
en la certidumbre más rotunda
de las palabras



SINFONÍA DE LO ETERNO



Yo oigo la voz de la piedra
Oigo el canto del silencio
Entro a ese gran concierto del Todo
Tomo la luz en las manos y es mi guarida
Tomo el mar en mis pupilas
y salgo de mí hacia él
Lo trueco por el azul que es
Y en la mirada que soy
quedo vacío sin vida para mi vida
Sin estar en mí preso de mi propio exilio
vago en la música que nadie oye
Y fuera del universo que soy
puedo escuchar la sinfonía de lo eterno
el himno del principio y del final
el silencio de la palabra que es un orbe
más allá de la palabra
Yo estoy hecho de ese espacio
Por eso puedo conversar con el viento
y ser viento al mismo tiempo



VACUIDAD



Tú y yo, río, somos un mismo río
Dentro de ti me deshago
Me evaporo en tu huida permanente
Y cuando no soy nadie en ti
sino la imagen que rompe tu imagen
me devuelve a mi origen
Entonces soy piedra
soy arena soy espuma soy tierra
Y en ese transcurso de la metamorfosis
en ese instante de vacuidad jubilosa
tú y yo, río, somos un mismo río



PALABRAS DE AIRE


Escrito quedó el mensaje
Con la mirada escribí las letras en el horizonte
Las incineradas nubes
allá en la frágil transparencia del aire
son los papeles donde escribí
las palabras precisas
Las suaves manos de la lluvia
ahora quieren borrar el conjuro
El cielo me habla porque soy un cielo
Quedará grabado como una oración
contra el olvido y para la eternidad


ARDOR EN LAS PALABRAS


Abrasada quedó la voz
Los dedos de las llamas la alcanzaron
Entonces corrió el amoratado eco
por los recónditos caminos del alma
Sin embargo no hay ceniza
Azotado quedó el fuego por otro fuego
En el sofocado fondo del pozo
aún hervía el agua
Pero no hay rastro
del carbonizado silencio


poemas de dulce suicidio


exordio

Intentaré internarme por una selva y que la misma no sea el definitivo paso hacia lo acabado–hacia lo total–yo sólo prefiero ese mundo denso–único–inarbarcable–oh rugiente mar que hace naufragar de lucidez el pensamiento–sólo necesitaré penetrar sin ser visto sin ser yo mismo–intentaré hollar el viento y que cada huella sea un espejo que refleje su rostro mi rostro



instantánea eternidad

“El hombre en su fuga poetiza”.
Iván Silén

como con el rostro hacia atrás–como si hubiese dejado los pies en el punto de partida–tomé el camino de lo posible desconocido de lo que perpetuamente busco–¿hubo principio del principio? sólo huellas que van y vienen de alba a alba–de voz a voz–de sueño a sueño–de ternura a ternura–siempre estoy en un transcurso ambivalente–ni más allá ni más acá–oh golondrina alejándose de su propia sombra–presencia sin origen desprendiéndose hacia su centro–no todas las veces pienso el trayecto–mi caminar es un constante caer de lluvia sobre la mar avanzo–y como quien va hollando su propio tacto–siendo que la fuga es el regreso mismo disfrazado de distancias–sin embargo otras veces me asalta la certidumbre de estar muy lejos–de estar cruzando desiertos–pero nunca llego donde se anida el viento–aunque siempre el vuelo va más allá de las alas

dulce suicidio


siempre estoy abalanzándome sobre las aguas–siempre lo múltiple me arrastra hacia los fondos sin fondo–hacia los labios de fugitiva dulzura–algo como imán me trae–desata mis palabras–flechas lanzadas de no sé dónde–algo como una persistencia de rostros–piedras como serpientes presionan mi tacto–envuelve toda mi vida–como una enredadera caída sobre un pájaro indefenso–estoy al borde de caer hacia abajo–casi tirado en unos brazos que esperan esperan–como atrapado en un circulo de arena–atestado entre la noche y los sentidos–oh mar oh dientes de súbita ternura–oh dulce suicidio–avanzar por entre esta sumergida transparencia–allá más bajo de lo ambiguo los peces–aletear que pellizca las pupilas–allá más abajo del silencio el molino triturando los deseos–hacia allá me dirijo arrancándome la última sonrisa de entrega–la última flor de inocencia guardada–caeré sobre un cráter de nocturna fraganciasobre no sé qué labios de ángel perdido sin paraíso–oh túnel de huidas furtivas–yo camino a pasos largos a gritos secos–camino como por un río de hondo cauce–que recibe olas de otro río de más remota distancia–de más cegadora plenitud


río


“¡sólo queda en mi mano
la forma de su huida!”


Juan Ramón Jiménez



río es su rostro día tras día río–huella fugitiva–oh desnudo de lluvia–su rostro va tiempo arriba voz adentro–sólo me llega su instantánea otredad–el reflejo de su instinto de noser–ese otro espacio posible de la nada–su alucinante vocación de espejo porque río es todo desnudo en constante retorno–porque río es toda mismidad desdoblada–su rostro como esas pisadas indelebles de la memoria–como el lado reverso del pensamiento



POEMAS DE DANZA DEL AIRE


CALLADA IMAGEN


Sobre el aire un rostro. En el rostro un castillo abierto a la espera. Eternidad de la nada. Fondo de un espejo risueño que no mira, que no refleja el cielo, que no cae porque es un ángel y su iglesia de luz. Porque es una corriente de un más allá. Guardado en el viento. Sobre el aire una mirada, una frágil ternura de cristal, y en su jubilosa galaxia unas letras de amor, un cofre lleno de lunas; y todavía más allá, del otro lado de la palabra: quién sabe qué río se despeña de soledad y hastío. Apacible rostro, y en sus ojos el universo diciéndonos adiós, y ni tú ni yo lo sabemos, porque la noche se cierra y se abre tras de ti, tras de mí, y sólo nos queda la callada imagen de ese rostro que a sí mismo se dice adiós.


CRÓNICA DE UN SILENCIO


Un árbol parece que se deshojó cuando sus ojos miraron el cielo. Buscó quizás a Dios. Buscó quizás un sueño que se encuadernó en su niñez. Tal vez un ciclón desplomó el edificio de azúcar de su voz. Se podía decir que ella ignoraba la luna de su aliento. Se podía decir que en el fondo del mar estaba el árbol y la fruta. En otra ciudad caía una llovizna que lamentablemente ella ignoraba. No pudo recoger las hojas que le sirvieron de calcetines a su inocencia. Y a pesar de ello: seguía buscando a Dios. Entonces sintió bajo tierra un río. Sintió que sus pies se mojaban de ternura. Pisó sobre el día como pisar sobre arenas. Se preguntó a sí misma por el campanario de su mirada y por los feligreses se su iglesia. Entonces escuchó que un cristal roto caía súbitamente en su alma. Una transparencia dejaba percibir un sol que le quemaba el silencio.



BREVE HISTORIA DE UN SUEÑO



No puedo decir que quiso ser ave. Salió de su isla y se fue a otro litoral. Si voló fue porque el aire se convirtió en espumas. Soñó ver la noche perdida en la madrugada. No puedo decir que llegó donde la luna es otra luna disfrazada de nube. No puedo decir las tantas veces que dejó huellas sobre el agua. Fue marea y ola a la vez. Fue sonrisa como una paloma volando sobre un océano. No puedo decir ya más nada. La neblina no dejó ver las estrellas. Ella huyó de su ser para perpetuarse en el sueño.



COLOR DEL SUEÑO

Oh, gran alma, es el tiempo de que encuentres tu forma.

Paul Valéry

El polvo que hay en tu mirada yo lo limpio con las palabras que te intentan nombrar. Eres más que este instante. Al nacer, ya eres toda la eternidad. Por eso no nombro el perpetuo silencio que tú misma eres. Más allá de los ríos del tiempo, dime, forma de la forma: ¿quién eres para ser propensa a ser nada? Te evades como una mirada tímida. Finges ser en cada roce del aire una febril imagen colgada del viento. Sin embargo, te escapas transformándote en lo que no eres. Por eso no tienes nombre. No se te has podido nombrar nunca. Eres todos los nombres. ¿Cuál eres de todos los rótulos que tiene la utopía? No eres esto ni aquello. No mueres porque no vives como vive la golondrina. Tu vida es una vida que no tiene vida. Eres en la medida que quiero que seas. No me pidas que te nombre por tu nombre. Eres todas las cosas y ninguna a la vez. Eres el principio y el final de ti misma. Si hoy el recuerdo tuyo es un mar donde me ahogo de tanta luz, es porque eres luz y agua a la vez. El solo pensarte te devuelve a tu no ser. Te pienso y quedo pensado por ti. Empiezas a tomar forma en lo informe. Ah, sueño tenerte en mis manos, apretarte en los puños como un reflejo tibio, sentirse hecha larva de luna, y así retenerte en el calor del sueño, aunque sueño de un sueño seas.



DANZA DEL VIENTO

Su mirada cruzó las aguas que la mojan. Exploró el cielo de su inocencia. Aún no es tarde para que ella recuerde dónde el sol de sus ojos ardió de éxtasis; cuándo el fósforo de su vigilia fue la chispa repentina del instante. Viajó sola. Viajó como una hoguera. Con ella se fue el verano y lo apacible del río que aún añoro. Mas quién es ella que aún mira de este lado del día, mucho más acá de la esperanza. Con ella se deshizo un universo, el mismo que está dentro de sus ojos. Se fue la propia voz que es el paraíso andariego del recuerdo. Oh danza del viento.


MURALLA DE INCÓGNITAS

La noche parecía un huevo en sus cabellos. Estaba frente al mar, entre las rocas y el silencio. Un gajo de luna era su boca. El poniente despeinaba la soledad de sus ojos. Mojada, hundió su llanto en las arenas. Era la primavera un salado mirar. Ella tenía un trillo de espumas en la mirada. Toda ella era una cordillera. Un bosque impenetrable. Una isla sobre otra isla. El azul de la lejanía se estrellaba en sus pupilas. No se inmutaba porque era de ladrillo su sombra. No caía porque era de acero su nostalgia. Como perdida, como si sólo ella existiera, comenzó a trocar el templo de su voz por una muralla de incógnitas. Duro era el clima de su litoral. El viento le trajo lluvia. El tiempo azotaba con crueldad. La noche parecía un huevo en sus cabellos.


MURALLA DEL SER


Todo se torna enfermiza estrechez. Se oyen caídas de ángeles que duelen del otro lado del alma. Oh arrugada piel de la luz: envoltura de silencios que chillan como una voz herida detrás de un cristal chamuscado. Sin embargo, hay humedad y espacio abierto en el aire: libres intersticios por donde huye el dolor hacia el invierno de las palabras, hacia la obstinación de lo imposible. A pesar de ello, no se sabe nada de aquello que suscita el grito y su eco en lo profundo del propio grito. Bravío mar que rompe la languidez del ser expuesto a los golpes más ciegos del silencio redondo de la nada.


VÓRTICE ETERNO


A veces no vale la pena decir: “Yo soy”. Decir: “Aquí estoy bajo la sombra de este árbol”. A veces somos tan transparentes como agua sonreída. A veces ni nosotros mismos nos percibimos de tan delgada que se torna la hebra que nos ata al instante. A veces hasta el aire nos traspasa, nos deshace y no basta que sea de noche para convertirnos en noche: invisible espada homicida que la mirada perdida convierte en celaje. Entonces nos preguntamos: ¿Qué somos? Porque al buscarnos en el doloroso espacio del Todo, ni siquiera tenemos la pálida memoria del Uno recomponiéndose en nosotros; ay, ni siquiera soñando incluirnos en su vórtice eterno.



POEMAS DE EL COLOR DE LA SOLEDAD

3

Es verdad que podemos decir
que estamos juntos.
Pero no, jamás, unos a otros,
tocarnos en nuestros adentros.
Ni siquiera figurar el color
que esa soledad adquiere.
Juntos, y sin embargo,
allá en nuestro interior,
hay un paisaje inédito
en la más desamparada
soledad de los sentimientos.
Es verdad que vemos la luz,
que nos ciega el sol
de nuestra existencia.
Inevitablemente somos.
Nos hablamos, hasta nos abrazamos.
Mas no podemos
siempre estar acompañados
como siempre están el agua y la arena,
el cielo y el mar allá en el horizonte.
El frío molde que somos,
la jaula en la cual nos han encerrados,
una para cual, es única e irrepetible,
intocable en sus hierros
de lejanos azules.
Es de aire antiguo:
¡es del color de la soledad!


4

A ratos vemos...
y de verdad las cosas existe
Luego la mirada se transforma en una llovizna.
Entonces ya no se mira sino se palpa.
Caemos en un mar
donde la luz y las arenas,
el sonido y el silencio,
el árbol y su sombra,
somos un solo desnudo:
el Uno detrás de un arco iris.
El trayecto del instante delira,
se esfuma: irremediablemente
nos caemos a pedazos
en el fondo del espejo que nos desfigura.
Luego nos ciega un extraño dolor
de incertidumbres henchido.
Una sombra desfigura el alba que somos.
Un puñado de tierra entre los dedos
se vuelve el entorno.
Vemos…
y en la distancia sólo la luna asoma.
Se borra de los ojos la imagen.
Se cae de la voz la palabra.
Definitivamente se disuelve en las arenas
la silueta del paisaje.
Nosotros y las cosas somos entonces un reflejo
que la mirada nunca podrá recuperar.
Vemos…
y de verdad todo parece una neblina
naciendo de un espejo.


11

Miré tu rostro y figuré un arco iris.
Vi, mucho más allá de tu mirada,
un litoral de mares callados.
Una paloma posada en el azul del tiempo eres.
Solitaria en un mundo de espumas.
Sin tu voz, sin tu adulto silencio,
esta tibia lluvia es polvo,
es aire, es neblina.
Sin esa danza tuya,
no cae la luz en nuestros ojos.
No zarparían los barcos
por el mar de nuestra voz
hacia otra voz tan lejana
como el origen de esta breve leyenda.
Miré, y el viento peinó
la sublime cabellera de tu ayer.
Un relámpago del color de la eternidad
es tu futuro, es tu quimera.
¡Oh, lejana orilla de un lago dormido!
Desde aquí te dibujo así como eres:
sonrisa del poniente.
¡Ay, eres el sol de mis palabras
sobre los árboles!


14

Pisas sobre el agua como una luz nerviosa.
Vas calzada de lejanías.
Vas sonriendo como el vuelo de una gaviota.
Miras el azul como mirar el paraíso.
Sueñas como soñar otro mar tendido en la mirada.
Vas dando brincos como el viento sobre las olas.
Eres blanca como un hermoso recuerdo.
Eres tan tú como un dios en su trono.
Tu infancia es una flor silvestre.
Avanzas sobre un chorro de espumas
que lanza el día.
¡Ah, manantial alegre que humedece la tarde!


20

Para amarte no es necesario
tener rosas en la piel
ni un castillo sostenido en las manos.
Sólo basta dejar correr el río
y tener avispas en las miradas.
Para amarte se requiere solamente dejarse ir
en ese tren que transporta la primavera.
El amor siempre va de la mano del aire.
Va en el viento que constantemente
inventa castillos.
Va en la mirada que tiene
el mismo color de la gloria.
Para llegar al amor
solamente hay que tender un puente
entre el pensamiento y el cielo.
Hay que dejarse llevar por las nubes
que las palabras inventan.
Para amarte sólo hay que provocar el fuego.
Vivir a plenitud el calor de la eternidad.
Para tenerte sólo hay que dejarse hundir
en ese mar que hay en tus ojos.
Tener miel en los labios.
tener el alba despierta en el pecho.
Para amarte no es necesario
tener rosas en la piel.
Sólo basta tener siempre abierto
un jardín en el pensamiento.


30

Todo instante es un camino
que va de una luz a una sombra, y viceversa.
Todo instante es una roca
fija en el pensamiento.
Todo instante es un trillo
en medio de un desierto
que nos lleva a un mundo ignorado.
Todo instante es un bostezo
de un dios en cautiverio.
Todo instante es una interminable llama
en la memoria.
Todo instante es una procesión de olas
de un mar bravío.
Todo instante es un edén
en el fondo de un antiguo espejo.
Todo instante es una sonrisa de nubes blancas.
Todo instante es una puerta abierta
hacia un jardín nunca antes visto.
Todo instante es un eterno vuelo en las pupilas.
Todo instante es la ida y el regreso
de un ángel desterrado.
Todo instante es un Ave Fénix.
La forma más idónea de ser fuego
y ceniza a la vez.


33

A veces el amor es un puma
en el fondo de un espejo.
A veces frente a ese sordo vidrio,
somos salvajes igual que su selva
de sombras y luces.
A veces el amor se parece a un peregrino
en un camino de piedras.
A veces ese camino tiene dientes,
rocas y ceniza caliente
encima y por debajo del día.
A veces el amor se torna
una vereda de cardos,
una tierra agreste,
un león en asalto.
A veces hiere como una espina en la frente,
como un puñal hundido en la noche.
A veces el amor rasguña
como una fiera oculta,
como un águila desde el aire.
A veces el amor es un viento
que trae trozos de mohoso metal.
A veces el amor da zarpazos
como un tigre.



Pedro Ovalles. Moca, provincia Espaillat, República Dominicana, 1957. Tiene una Maestría en Gestión y Administración de Centros Educativos y un Postgrado en esa misma especialidad, ambas por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra de Santiago de los Caballeros de la República Dominicana (PUCMM). Además posee una Licenciatura en Educación, Mención Letras, por la Universidad Federico Henríquez y Carvajal (UFHEC), Recinto de Moca, de la cual fue Decano de la Facultad de Letras. Profesor de Lengua y Literatura en varias universidades de su país. Textos poéticos suyos aparecen en varias antologías: Antologías de poetas mocanos; Antología del Ateneo Insular; Juego de imágenes: la nueva poesía dominicana; Voces del Valle, entre otras más. Ha merecido Premios y Menciones de Honor en varios concursos literarios nacionales y regionales. Ha publicado nueve (9) poemarios y un libro de ensayos: Retoños de sueños (1987); Dulce suicidio (1991); Siempre tú (1995); Pasión de mar (2001); Arquitectura de silencios (2002); El color del silencio (2004); Danza del aire (2006); Danza del suicida (2008); El color de la soledad (2009), que es su más reciente creación poética. Lenguaje, Utopía y Creación (2009) es su primer libro de reflexión editado por la Secretaría de Estado de Cultura. El Ayuntamiento de Moca en diciembre del 2003 lo reconoció como Hijo Distinguido de tal ciudad. El Distrito Municipal de Monte de la Jagua, Moca, también le entregó en agosto del 2007 un Reconocimiento. La Academia Dominicana de la Lengua Española, Correspondiente de la de España, le confirió en marzo del 2005 un Diploma de Reconocimiento “en atención a sus méritos literarios; su aporte creativo a favor del desarrollo intelectual y estético y su contribución al progreso educativo y cultural de la comunidad”. El Taller Literario Virgilio Díaz Grullón del Centro Regional de Santiago de los Caballeros (CURSA) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, le concedió en junio del 2005 un Reconocimiento como Joven Intelectual del año. Director del Liceo Nocturno del Distrito Municipal de su comunidad de origen y Subdirector del Colegio Porfirio Morales de Moca. Miembro fundador del Taller Literario Octavio Guzmán Carretero de Moca. Director en la actualidad del Taller Literario Triple Llama de Moca.

lunes, 2 de julio de 2007

Augusto Bueno: poemas

(Erótica en azul: Gil Marosi)



La figura en el espejo


Tal vez no sea necesario tener que trepar
por el pecho de aquella imagen de Dios
—abrir la compuerta del paraíso
y entraremos en júbilo a beber la miel
Adán por Adán, Eva por Eva
en manos constructoras de lascivias—
he visto un dios del Egeo embriagarse
de lenguas y flores de luz
a un ángel redescubriendo sexo en paredes
y a un hombre hermoso riendo de sí mismo
—aquel olor de pureza febril
a medio día llega como olas
La noche no puede ocultar nuestra revelación
de seres completamente arrepentidos
y nos entregamos al vicio, plenos
de ver por esta vez las aguas
del goce de las mariposas.






Esta pesadez de hombre



Allí estoy en el tumulto cogiendo
a cada momento la oscura luz de la dicha
—acaso estaré enfermo mientras todo se mueve
hacia aquel torrente terrible y solemne—
las voces son cuchillos encestados en mis retinas de luz
nunca he visto a tantas gentes disfrutar de mi piel
muerden la fruta de mi torso
me inhalan desde las venas esta pesadez de hombre
—temo abrirme en el día
en las tinieblas la brisa tibia encuentra mi rostro
me envuelve, así poseo alas
y toco miembros duros—
mis amigos rechazan el loco correr de este desasosiego
y solo allí en el tumulto tengo la necesidad de ser
la tímida mujer de antaño.





Palacios de hojalatas




Maldita sea, frecuento el restauran chino, establecido en la Del Sol, después de alumbrar palabras en el Taller Literario del Viejo Centro, como amasijos, Caín, rodeos, sombras, postmodernidad y otras embestidas similares, a comer niños envueltos.
La tarde vaticina conciertos y es necesario ir a mi cuartucho de pensión, que es un hotel de cinco estrellas comparado con las chozas de hojalatas del Barrio Pastor.
Duermo bajo el frío artificial, las sabanas impregnadas de ciclamen y lotos acurrucan mi cuerpo.
El vino horas antes hacía la de vaciarme los sesos enfocando la materia que conmueve mi estado catatónico.
Esta pesadilla algún día tendrá que acabar definitivamente; aún no he sabido de un ser humano que haya soportado tantas penalidades ni que haya sobrevivido al horror de esta realidad, solo que a veces toma un sorbo de algo para aliviar su tormento como lo hago en esta circunstancia.
¿Terminaré entonces suicidándome? Este instinto autodestructor me lleva a ver infiernos posando ruidosamente, y de igual manera tan sutiles, sobre los habitantes de este mundo.
El estado extraterreno, al que me refiero, aparece como un paraíso azul, es lo que buscamos más allá de las estrellas. Esta contradicción latente, es sin duda lo que me hace levantar mi rostro, para resucitar las prisiones de los borrachos semimuertos en las aceras, hacia aquel paraíso. Pues hay tantos lamentos que el peso suspendido en mis retinas no soporta el criterio del Barrio.
¡Oh, lodo mío, espejo de mis presentimientos, balanza del infierno y el cielo, tan vieja y moderna de luces! ¡Cuánta Soledad bastará para calmar mi dolor en aquellos Palacios de Hojalatas!



20

En un café veo tras los cristales las siluetas elásticas de los Gatos. Cada voz distorsiona los trazos infringidos en el humo de la soledad. Pues hay gentes que emergen del espejo a murmurarme el peso de mi conciencia. No me dejan por más que les suplico. Todo se relaciona quejumbrosamente y solo una figura se escapa; la contemplo desde mi lejanía que abraza los gestos maltratados, quebrados de mi cara como si fueran latidos ausentándose breves.
Él me brota por los dedos, mas perdido, sonrío por la pasión de un féretro redondo que me espera. Me arrulla sin timidez, bruscamente, inspirándome temor, que no me pertenezco, sino absolutamente a Él; y un impulso ensordecedor aplasta mi voz cuando deseo gritarle que me deje.
Indignado sostengo esta alquimia que sube reflejada en la levedad de la Nada o como un Demonio comiéndose la Muerte.






La vasija de la ciudad



La suerte está echada en las calles
los hombres y mujeres ya no son
—cojo una vasija y orino en sus bordes
fumo un habano a la brisa
todo se desmiembra en el fondo
las mariposas beben de mi cuerpo
cuervos con sus gritos humanos
tajan las venas de un cielo plomo
la multitud se vierte en la vasija
sigo orinando las migajas
los espumarajos en regocijo se destruyen
construyendo vulvas y penes fornicando
los culos se contraen de ancianidad
la suerte está echada en las calles
mientras fumo y las mariposas beben de mi cuerpo



16


Sentarme aquí y pedir un café
pensarme mientras los visitantes toman fotos
cuando paso a preguntar a un muchacho afeminado
sobre el subir por las escaleras de una muchacha
de pelo revoltoso y del placer estético
que corta las pupilas de cada uno de ellos
—creo ver mi figura dilatarse en el cristal
el humo del cigarrillo envuelve mis dedos
que se escurren en los toques de las narices
poseo un temor no defraudado
en los seres que confían en las obras de arte
expuestas meticulosamente en las salas
ahora en los pasillos existen los residuos de las palabras
pero tengo pese a esta vorágine mental
un profundo temor enorme por no defraudar
a mis amantes en este cuarto devorador de imágenes







Sonrisa de agua


Aun existe la loca rondando desnuda
muy abiertos sus ojos lúdicos
el sexo estropeado por las luces clandestinas
ríe de agua en los capullos
le queda poco tiempo para irse a pescar
estrellas en la brevedad de la lluvia
junto a la humana ciudad
—palmotea a ciegas el muro escribiendo caricias
de repente sonríe largamente
al comprender que no envejece
que el reloj de su pecho poco importa
sostenerlo en los dedos
sino a la niña juguetona





Prostituto de infancia

La torre de tu carne
me sabe a otros anos
acostarme contigo
un dios a cada embestida
lo sabes sabandija
engañas mi dolor
mi verga retoña
inundándote el hueco
apetecido por los verdugos
de la ciudad
prostituto de infancia
ayer fuiste al campo
de las alondras y aun no llegas
si topaste al vecino te dirá mi engaño
—por qué coño un pedo—
no resisto a ningún engendro
burlarse de mis ganas
te perdono
siempre he sabido que tu sexo
sabe a muchas mierdas







Palabra de deseo


Perderse entre la misma agonía
ocultar los dedos
en las arenas de las calles
ausentar la memoria en lo servible
cuando el valor en el objeto
deja de ser
cansarse de todo
aborreciendo las madres:
EVA palabra de deseo
con mi mundo en su vientre


*

Descubierto mi pecho
desprendo la carne
dónde te metiste placer
solo fui a ver las mariposas de coral
y en mi sienes hay un hondo lago
prontamente sus charcos secarán
ven a beber cuervo del desierto
el polvo de este dolor malvado
dormido en mi escotilla arrugada
no tengo deseo de lavarme
en la luz de los puercos
sino de ti erguido y hermoso
vuelan mis pies aniquilados
tras tus saltos en las barcas
engáñame oscuro y dorado semental
seré de ti del todo y abandonado


*

Tus dedos saben a opio
y miras así mis frutos
caer amargos
ripio de dátiles
los vellos de tus muslos
no te aflijas bajo el sol
que hace tantas mañanas
brota en todos tus sueños
el aroma de los estanques
procura las almendras sufridas
yacientes en mi costado
el diablo dulce cela
y desvía el cauce del falo
hacia las cloacas de hemorroides
tu olor a ciprés fermentado
repta en mis intestinos
por qué has olvidado la escritura
en las alas de esta mariposa



Eva enamorada a los 14 años

El día era caluroso y oscuro
cuando la vi hablar con un caracol
y en la noche fría y perpetua
no dejé de soñar con las pupilas azules
desde entonces corren por mis venas
hormigas carnívoras
una tarde recolectando dátiles
vino a mí para tenderse en mi cuerpo
nos amamos severamente
y nuestros sexos
corrieron en las hierbas


Acerca de la Muerte

Mi pecho está lleno de luz
a veces resalta y resalta
y desea como algo vivo salírseme
voy a morir y la lluvia
transforma cada espacio de mi cuerpo
en mi corazón hay aves revoleteando
se encumbran, cantan, cantan dulcemente
aliviando este presagio
no tengo culpas y libre
de toda atadura dejé de temer
ahora sonrío frente a mi tumba
brotada en lirios y agua.

Morgue

No le ha devorado los dedos
la inmensidad de la noche
ni el día las voraces retinas
extrae explicaciones de abandono
me cuenta endeble la historia
le han dejado morir de intensa luminosidad
entonces y sólo entonces
es cuando canturrea el extraño tormento
de su piel plegada en el dorso de la mano.


La enemiga

La veo esparcir el humo
pide un cenicero
-habla de estatuas
quizás de esculturas de flores
de hombres cornudos-
el cuerpo meretriz se acerca
a una pintura de Botero
hay líneas y planetas rojos
verdes a veces naranjas
llenos de gravedad infernal
-ella entra varonil tendiendo
la alfombra de su voz
en mis tragos blancos-
la risa superficial baila
una música sacada de su lengua
grita y hace señas verosímiles
como seduciendo a los muertos
que han subido de senos traviesos
columbeándose en la fuerza
elaborada de Dios


Septiembre

Estábamos bajo el frondoso roble
como fetos totalmente dichosos
entonces la tormenta de septiembre
cubría nuestras bocas deseosas de flores blanquecinas
no quito de sus pezones mis dedos
de pronto era una egipcia como si viniera
de la ruina de un sarcófago
-aborigen recién salida del océano
prototipo de niña diosa inspeccionando el sexo incierto-
vagábamos por toda la tierra anchamente en regocijo
como artesanos hicimos del deleite nuestra obra maestra
septiembre siguió oscureciéndose
nunca dejó derramar una gota de nieve del glande
-atractiva se lanza olorosa de queso
a las corridas puras de una yegua en celo-
así mismos estábamos bajo los efectos de la dicha
como catadores de vino
entraba y retiraba parte de mí
en su carne dulce y caliente
gemía, gritaba… Ay!
septiembre era un torrente


13

Sepulto mi ofrenda en la criatura
dorada de la esfinge
abierta como un tierno postre
de avena y las sombras líquidas
son sus diminutos senos
la edad solar le sobra
bálsamo de placer juguetón
el sino de mi espíritu
arrugas perfectas como floreceres
lluviosos y caracoles erguidos
la poseen hostigadamente
bajo un manto tibio y delicado
-sólo por hoy sepulto esta flor
en el conducto de la vida
y residuos de mis genes
quedan en el fondo

Ciruela

-El estanque reposa
mientras manitas buscan renacuajos
el día es gris en el fondo
con ese hedor a perro corrompido-
voy hacia el hueco de las ciguapas
comedoras de pájaros vivos
quedo bajo los árboles
miro mi travesía plena
huyendo a salvar
la vida en la noche desierta
-posee todos los nombres
colecta fetiches y aborta
hay realidad tras los barrotes
oxidados de tu cuerpo
la ciudad había dicho
tus crímenes infames
tus hermanitas seguirán oportunas
amándose a tu dicha como lesbianas
los hombres han comprado tu boca
llena de nubes blancas
a esta hora estará drogada
consumiéndose a pedazos
ahora sé de tu edad entera
fabulaste la estatura de tus huesos
corroídos por el reloj del campanario
cómo niña adulta elaboraste
el espejismo del goce púber
desconozco tu origen fermentado
y te besaba (de modo cursi)
bajo los almendros bañados por estrellas
con rabia como si Dios
derramara lluvia de oro
sobre sus senos Dánae
palpé consonantes lívidas
vocales dulces de salivas agrias
y fue cuando la tierra empezó a tragarme
despidiendo un vaho a animal podrido
es desde tu vientre (lo sé)
donde se refugian los restos
untados de óvulos purulentos
-olí la muerte en cada poro-
te dolió tanto la última sesión
de revolcarnos como hienas
en el lecho putrefacto de hierbas y rosas
(se retuerce
es una lombriz seca debajo o encima de mí
grita-gime-inhala cocaína del aire
atrapa animitas
ánimas oscuras ascendiendo de la menstruación
reflejada en el lado oculto de la luna)
no recuerdo desde cuando estoy despierto
o si acaso yazgo entre sus piernitas
haciéndole cosquillas a la campana
tal vez he sido el malolor
escapado de su sexo
o que soy producto del sueño suyo
mi espíritu permanece enclavado
en mi dormir bocarriba
para no tener pesadillas
-abro la puerta de mi cuarto
y el busto rojo de la vida
galopa en un corcel alazán
viniéndoseme encima a arrancarme los ojos
he visto como el huerto se deforma
y como de ella sale
un chillido grave haciendo ecos



Anónimos


Se besaron hasta el inequilibrio
desnudos autoconsagrándose al placer
se abandonaron sin temor de pecar
sus sexos se frotaron arcanos
en la delicia espesa del polvo
poblaron sus carnes juveniles
de deseos escarlatas y amarillos
y era la miel brotando sin pausa
en aquellos jóvenes delicados
¾desde entonces todas las tardes
regresan anónimos a lo prohibido

Injerto

Se sumerge en la rosa
traicionando su sexo de varón
con muslos de muchacha hombre sueño
liándose a mi cintura ardorosa
como una agonía placentera
al deseo de la boca suya
a mis instintos de poseerlo
-vuela suave por mi pecho
la lengua hembra de niño
como el fruto del injerto-
desbarataría la realidad
de los goces obtenidos por vulvas
subiría en su voz grave
a deshojar los oscuros rincones del cielo
siendo dignos
-por sus glúteos firmes
baja el pulpo seco a mojarse
de aguas turbulentas-
son celajes arquitectónicos mi semen
fabricando en su vagina anal
cólicos y dioses amados
sueño y lo observo inventando
el sexo de mujer en los vientos
fiel a la entrega

Cuerpos ajenos

Sin entender buscamos sincronizados
el subir profundo hacia el exterminio del cielo
en donde allí por un instante somos únicos
-aquí estoy golpeando las paredes
resistentes a los embates
mientras tus flujos humedecen
el grosor blasfemo del goce
mis huesos deseosos son espejos
no palpo las líneas de mis córneas
aferrándose a tu dorso eterno
solo percibo caer por el hueco
condensado en negritud
vivo en catarsis no detenida
y veo incidentes prefigurados
como si viniesen de épocas distintas
una magnolia desflorada a media noche
quizá la luz eclipsada descendiendo
en sucesivas almas superfluas
de abismos y desnudos esotéricos
venidos de un país oriental
o de algún espacio lejano
donde fornicar en cualquier circunstancia
son los deberes del hombre
-toda la vida son figuras por redescubrir
es como si antes lo hubiese vivido
en mi dolorosa existencia de cuerpos
ajenos a un mundo paralelo y aniquilado

Tritones

Cómo diablos se me ha ocurrido
taponarme los oídos de silencio
con esta pestilencia ahogándome los ojos
las olas son aves moribundas levantándose
y las nubes veloces genitales
el viento en mi rostro devastándose tierno
es un cuento perverso la música
durmiendo mis brazos
todo el pecho anchándoseme
y me poseen inesperadamente
saltando en las aguas hombres cantores
voy erguido y humillado sin ataduras
a beber de sus labios
a liar en las escamas mi sangre

Adolescencia tardía

Vivo en un cuarto de retratos
donde Dios fornica consigo mismo
condenado a los olores del sexo
viajo a los círculos semipeludos
en una especie de bucle macizo
-soy lacerado por los síntomas
de la adolescencia tardía-
como rudimento me encierro
a ver si olvido la flor caníbal
para jamás ser penumbra lechosa
(un fracaso pendejo vivir
asexuado en este cuarto)
estoy de Dios condenado
a los olores del sexo

Debajo

Palpo la llaga con el silencio malogrado de mi sexo
el viento deja intacto y terrible los glúteos
de tu entrepierna surgen invisibles miradas
que buscan la blancura de la noche
hay fragancia de peces en desove
y acuchilla la esperma tus labios
como un ahogo del demonio en el sol
-está Dios en mis retinas inertes
devorando caliente el chorro anal
los intestinos se corrompen
como tiernos adolescentes gimiendo-
y miro mis manos adheridas a tus caderas
danzando extasiadas y olvidadas
de este cuerpo que fluye debajo

lunes, 25 de junio de 2007

Rei Berroa: poemas

Rei Berroa dentro de una instalación en el Museo de Arte Moderno de Venezuela







Rei Berroa (Gurabo, Santiago, República Dominicana, 1949). Es autor de una veintena de libros de versos, antologías y de crítica literaria, entre ellos: Libro de los fragmentos y otros poemas [Caracas: El Perro y la Rana, 2007], Book of Fragments [Calcuta, India, 1993] (traducción de su Libro de los fragmentos [Buenos Aires, 1988]), Los otros [Santo Domingo, 1981], y Retazos para un traje de tierra [Madrid, 1979]. El resto de su obra poética se encuentra dispersa en diversas antologías y revistas literarias de Europa y América. Está de camino en la Universidad Central del Ecuador su libro Palomas pensajeras en la colección que allí dirige el poeta Iván Oñate. Tiene también en preparación los libros Los aguafuertes del amor, Libro de los dones, Obsequios entrañables y Libro de los oficios. Como crítico literario ha publicado multitud de artículos de pensamiento e investigación en libros y revistas especializadas de Europa y América, además de los libros: Ideología y retórica: Las prosas de guerra de Miguel Hernández (México, 1988) y Literature of the Americas (Dubuque, Iowa, 1988). Para la Revista Iberoamericana, dirigió en 1988 el número especial dedicado a la crítica literaria en la República Dominicana, que será editado este verano en forma de libro por el Banco Central, junto con otro volumen crítico de los últimos 25 años de la literatura dominicana. Antes había editado el homenaje que le hizo Cuadernos Americanos [México] a León Felipe (Número 45, mayo-junio, 1986).
Recibió su doctorado en filosofía por la Universidad de Pittsburgh en 1983 y desde 1984 enseña crítica literaria y literatura española y del Caribe en George Mason University, Virginia. Ha sido el profesor consejero de la revista Hispanic Culture Review (1993-2006) de su universidad y, desde su fundación en 1991, el asesor literario del Teatro de la Luna de Arlington, Virginia, EE.UU. Allí, con la dirección del Teatro, coordina cada año el Maratón de la Poesía: dos días de festival poético con poetas de todo el mundo hispano. Ha publicado varias antologías de este Maratón: la del 2001 editada con el poeta mexicano Margarito Cuéllar y publicada por el sello editorial Verdehalago, de México, con el título: Poetas en la Casa de la Luna (2004), la del Maratón del 2005 bajo el título Voces y memorias de la Luna (Santo Domingo: 2006) y la del 2007 Cauteloso engaño del sentido (Santo Domingo, 2007). Con el poeta Tracy Lewis de Nueva York prepara una edición bilingüe del Maratón del 2004 y una antología bilingüe de su propia obra. Trabaja en un libro sobre Lorca en Nueva York para el cual ha obtenido un año sabático de su universidad y para la editorial El Perro y la Rana, de Venezuela, está escribiendo también una antología sobre literatura del Caribe en Estados Unidos, otra sobre literatura contemporánea en República Dominicana y un libro sobre Miguel Hernández. Fue uno de los fundadores de la revista Mundo de México en 1986 y de los grupos político-artísticos DC Poets Againts the War y Paraesolapalabra de Washington, DC. En el año 2005 fundó en el Centro para las Artes de Arlington un taller de mentoría y concurso bilingüe para poetas no publicados de toda la zona este de los Estados Unidos. Rei Berroa Reside en Virginia, EE.UU., con su esposa, Ana, y su hija, Olivia.



TRES VARIACIONES SOBRE EL TEMA
DE LA PAZ Y LA PALOMA

I
Es tanta la paz de una paloma
que dicen los expertos en la paz
que sólo bastaría una paloma
para traer sobre la tierra toda la paz
que buscan los humanos sin saberlo.


II

Son tantas las palomas de la paz
que dicen los expertos en palomas
que sólo una paz sería necesaria
para atraer a todas las palomas
que buscan al humano sin remedio.


III
Si la paz se vistiera de paloma
dicen los expertos en humanos
con una sola paz nos bastaría
para darle sus alas a la tierra
haciendo del humano una paloma.

No es mucho pedirle
a la paz o a la paloma.


ASEDIO AL ODIO


Todos tenemos una partícula de odio
un leve filamento dorando azul el día
en un oscuro lecho de magnolias.

Mario Bojórquez, “Casida del odio.”



¿Cómo resolver el mundo con palabras
que sean a la misma vez incendio y chaparrón,
mordisco en carne viva,
en el corazón aguja, infarto o latigazo,
en el hueso quebranto, inflamación o quemadura?

Donde antes escribíamos nido,
abrazo, verdad, algarabía,
una sola palabra llena ahora ese vacío.
Una sola palabra,
dos sílabas pitagóricas, infinitas,
tres anulares letras, afilada una,
palimpsesto del azar hacia el oído.

¿Cómo, entonces, sobrevivir a la angustia del momento
si la congoja de la vida con sus adiposos cantos
parece acumular en nosotros más sinsentidos
que la zozobra de los ramos enjutos de la muerte
con sus exigentes desventuras?

Donde antes,
alentados por la ilusión de pensar
que era posible subir a la rama
más alta del monte y allí
horadar el cielo a picotazos
añorando el aire, la tierra, sus campanas,
vivimos ahora escondidos en cornisas,
secos palomares donde nadie puede
golpear sus alas al ritmo de un badajo,
o llevar algún consuelo más allá
de nuestro tiempo y sus fronteras.

¿Qué hacer para vencer al odio
que ha venido ocupando una a una

las rendijas por donde antes
le soltábamos las riendas a la risa?

Para acabar con él, ¿qué valdría más?
¿Un arañazo en el pulmón de quien lo crea,
un pulmón hecho pedazos con las uñas del deseo
o los garfios de un pulmón desmantelando
las minas que han quedado agazapadas
en los orígenes del miedo, en sus cimientos?

Donde antes la sangre daba vuelcos
enarbolando sístoles y diástoles y labio alado,
donde espantábamos al hambre y la estulticia
creyendo haber logrado un paso más
en la quimera de hacer de la tierra
un palpitante corazón
lleno de panes, puentes, esperanzas,
no queda más que una herida abierta que engendra
porfía, purulencia, incertidumbre.
Los pasillos por donde antes
serena subía la savia
para darnos aliento
y lanzarnos a volar
sin la amenaza del paso del tiempo o de la historia
son ahora recorridos por gases
virulentos que nos hacen desconfiar
de nosotros mismos, de nuestra sombra.

¿Qué hay que hacer
(puede alguien, por favor, decirme),
qué valdría más hacer para vencer al odio?
¿Un escupitajo que caiga irreverente
sobre el vientre preñado de una idea,
una idea imprevisible que seque de golpe
la saliva contra el vientre descarnado de la noche,
o un vientre que escupa desbordante sus ideas
contra el bagazo pegajoso del rencor
y su abundancia en el presente?

¿Cómo resucitar la verdad
vejada cada día en la pantalla o el periódico?
¿Adónde reclamar que vuelva la justicia
a mostrar sus macizos pechos generosos
y que regrese de nuevo la palabra
a ser el reloj que nos marque la hora
de la mortalidad, pero sin mutilaciones, sin horrores?

¿Cómo resolver con acciones o palabras
–vuelvo a preguntar y ya me callo-
el conflicto del abrazo
si es el odio el que ha venido ocupando
puntada tras puntada
los renglones donde antes escribíamos
los hilos del amor y de la vida?





SENSUAL ACOSO


Cariñitos de un instante
y no volvernos a ver
“La verdolaga,” canción popular (Rubén Fuentes)


Aquella mujer en flor que vino a casa
casi a media noche, lleno el pecho
de palomas pensajeras como si fueran sombras,
como si fueran el latido de muchos hornos encendidos
y trajo abierto su pan, mojada la lengua
y preparada ya su levadura,
y a la que yo también le abrí mi chimenea
para que no tuviera frío ni sufriera
de ausencia o soledad o desvarío,
contenta me ofreció lo que traía.
Se sentó en mi mesa,
se bebió mi vino,
nuestro pan a partes iguales compartimos,
conmigo cantó canciones de amor
y yo me acurruqué en sus valles como pude.
“Acosémonos, palomo,” me dijo,
y allí mismo nos palomizamos acosados.
Las sábanas y los sentidos temblaban
como hojas ruborizadas por la lluvia.
Deshilvanado el pulso, echóse a galopar,
colgados de los pechos de la noche
montamos las deliciosas naves de los locos
como impúberes hambrientos que logran
matar por una vez remotas hambres
y volamos en busca de Alamedas.

Fue el mismito Malecón el primer escenario
de nuestras fechorías. Olas en la bruma,
halos en la espuma, el arrecife hecho pedazos,
las puertas del mercado, deslucido el obelisco…
Todo se encendía al sacudir de las caderas
que rompían todas las cadenas del deseo
y de un golpe el apetito saciaban al ritmo
de la güira y la tambora haciendo llover historias
tejidas al hilo del vivir, al hilo del morir
como si fueran dos carreras del mismo acordeón
en un danzar que era una sola y misma dentadura.

Remamos en Quito un tiempo sobre el lago
antes de ser atravesados por una punta de lanza
que se clavó en la orilla y nos dejó soñando.

En Lima nos amamos con Chabuca de testigo
que salía al balcón en busca
de una flor perdida en la canela.
De ahí a Santiago, en el mismo rojo banco
en que aquel once de septiembre
habían caído muertas en mis brazos
dos palomas abrasadas,
dos palomas que un dos de octubre
habían escapado a la masacre
de las Tres Culturas, Tlatelolco,
haciendo escala, como nosotros,
en todas las Alamedas y poniendo
sobre aviso a los amantes:

¡Que llega la muerte
montada en sus aviones invisibles
y trae pergaminos que quiere que firmemos
a cambio del aceite de nuestras rocas
y de formas de gobiernos
que dicen ellos haber inventado últimamente!
¡Que ahí viene la muerte
y hay que escapar de la indignidad
del hombre que vende su linaje
por un plato de lentejas
y luego se masturba en medio de la calle,
a solas, en el templo, en la oficina
con el nombre de Dios atravesado
entre la lengua y la garganta!

Siete días, siete noches después en mi buzón
dejó el cartero un documento bien sellado
según el cual se me culpaba de sensual acoso.
Tenía cuatro días, cuatro noches
para comparecer ante mi acusación y sus agentes.

Me indultaron doce meses después
por falta de pruebas y testigos
y porque descubrieron, después de cien torturas,
que quien había levantado testimonio
en contra de mis fechorías
no tenía nombre ni apellido,
ni habían podido dar con ella o él
en ninguno de los libros
del Estado o de la Iglesia,
del tiempo, del deseo o de la injuria.
Que era probablemente otra persona más de ésas
que se escapan de las páginas de un libro
y creen en verdad que son o fueron
o serán tal vez un día.

Evidentemente
no mostré la cicatriz que tengo aún viva
en el lado izquierdo de mi sombra,
ni he vuelto a pronunciar una paloma más
a la oreja de Cupido.

¡Y yo que había pensado
que no éramos barcos de vela ni muchachos
varados en Edenes, en Comalas, en Macondos,
sino un fluir de luces en la historia,
un delicado aleteo de besos
caídos en los altares de este polvo ceniciento
del amor y sus vacíos,
del desnudo, de la nada!




CÁNTARO QUE CAE


A pesar de que el barro es su materia
y le contiene
un hombre no es simplemente un cántaro que cae
vertigoso,
estridente,
compungido
sobre lo duro de la tierra
para luego quebrarse en mil
bondades
inalcanzables todas
para la delgadez del aire.




LOS ATUENDOS


No te arrodilles para vivir.
Desnúdate:
Precisarás para tu viaje variedades de vestidos
que te ayuden a vencer las cuatro edades.

Deshaz tu corazón de fiestas vanas.
Descúbrete:
Nadie podrá cortar con sus normas y mantillas
la túnica inconsútil de tu cuerpo irrepetible.

Despójate de cruces y campanas.
Descálzate: No tienes que buscar
en los armarios de la tierra sandalias
que desprecien tu contacto con la calle o el vivir.

Echa al aire tus pellejos resonantes y camina.
No le des cabida al odio, ni a la envidia o la mentira.
Acude a tus reuniones en la casa, en el aula o el oficio
respetuoso, informado, concurrente.

Pero nunca te arrodilles para vivir.

Las madres elementales ya cortaron los retazos
que usarás todos los días dignamente:
ésos son tus brazos, es tu boca, son ésos tus recuerdos.
Con llanto has irrumpido por no saber lo que pasaba
y te irás sin descubrir el para qué de tu vivir.

Hilvana tu atavío esperanzado en saber
que llegarás a descubrir con el paso de los años
el traje que le venga mejor a tus hombros y cintura,
a tus muslos, la entrepierna o las axilas. Ya verás
que con piezas de vacías o repletas coincidencias
amarás el existir
que irás tejiendo y desliando día a día en la corriente…

Pero no te arrodilles jamás para vivir.





CON RESPECTO A CIERTA ACTIVIDAD DE LAS PALOMAS


Desde Lincoln a Lenín,
de Bolívar a Zapata,
las estatuas de los héroes
masculinos de la tierra,
los matriotas,
profanadas están ya para siempre
con el gris inodoro que le adorna las cabezas.

Responsables de este ataque al templo varonil de nuestra patria
son las pacíficas palomas
que vindican -quieren hacernos creer que sin saberlo‑
el lugar que ocupan en el alma de la gente,
las inútiles estatuas levantadas por el hambre del político
al ilustre varón que le sirve de carnada.
Así le llenan a este pueblo la mollera
de babosas esperanzas y promesas incongruentes.

)No será eso lo que piensan las palomas
al venir y posarse sobre el cráneo de la estatua
y allí llevan a cabo cierta actividad que nos destruye
la idea que teníamos, tan sagrada, de los héroes de la patria?



PROMESA PARA CUMPLIR EN LA VIDA
Y QUIZÁS TAMBIÉN EN LA MUERTE
SI NOS FUERA PERMITIDO Y NECESARIO


Profanum vulgus deperio
et obviam ei procedo
[1]

[Contrariando la manera de Quintus Horatius Flaccus]



Venturosos sean los pechos que me han traído aquí,
en este estrado y ante ustedes, compañeros
de todas partes y por tanto tiempo,
amigos en la hora de la lluvia y la sequía,
de las serenidades y las turbulencias, hermanos
de este pobre y dichoso convivir de un hombre como todos,
carne de su propia carne, piel
de su propia piel y su palabra.

Con ustedes quiero engendrar la alegría,
la misma que nos sorprendió cuando cruzamos
agobiados los canales de la vida
aquel remoto primer día en que lloramos
al abandonar el vientre luna llena,
el vientre flotador de un agua oscura y viva,
puerta estrecha a través de la cual luchando, luchando
irrumpimos en la luz con gritos estridentes
de protesta contra el cielo, crispado
el nervio central en donde se esconde agazapada
la semilla de nuestros sueños y esperanzas, maravillados
de que tan corta trayectoria pudiera provocar
un viaje tan largo y tan pesado.

Con ustedes que han hecho de estos días
una sólida suma de rostros arcillados
y manos y pies llenos de surcos
donde dicen los que saben
vienen marcadas las horas que nos tocan compartir
en este palmo de tiempo que hemos alquilado.

Las flores quiero convocar aquí también
del mango y el guayabo, del cerezo y jazminero,
pues con ellas me colé en la edad de mi respiro
la sangre a chorros resbalando por el cuerpo
sorprendido y en sollozos sin saber
qué hacía aquí desnudo y por qué
todos alborozados me miraban.

Con ustedes quiero ahora echar una ojeada
a lo que va, a lo que viene,
a lo que pasa en esta misma ráfaga de sol que es este día,
a lo que pasa con las letras que juntamos
para crear nuestras palabras, flamboyanes
del sentido, margaritas, beso y más amamos,
todo retorcido en las raíces de la especie
por donde vamos a hacer que fluyan
ríos de luz y de perfumes, no de sangre.

Pero no todos podemos evocar
nuestra entrada triunfal al vivir de esa manera.
Por eso estoy aquí,
para pedirles una eternidad
encerrada en el instante de esta confluencia
que ahora compartimos.

Sólo ansío que me den el fulgor de algún relámpago
que se quede con nosotros todo este milenio
sin ninguna vez debilitarse.
Sólo pido que me ayuden a no olvidar jamás
los muertos de Madrid, de Chiapas, Tlatelolco,
las silenciosas víctimas de Chile, Quisqueya o Argentina
cuyas madres buscan todavía
el sonido familiar de sus huesos en el álbum fotográfico.
Hay más de medio millón de muertos en Irak,
padres abrazados a sus hijas, madres, viejos,
niños con la cartilla escolar apretada a la cintura,
esposos, novios que fueron carpinteros del amor
al momento de caer sobre ellos las ciegas
bombas inteligentes de los que han creado
el sucio negocio de la guerra
guadañas de muchas casas blancas.

Hay más de medio millón de muertos en Irak
que no saben qué hacer con sus huesos y gusanos,
los 3.000 muertos de Manhattan vengados ya doscientas veces,
y luego -¡Ay!- cadáveres flotando por las calles de Big Easy,[2]
sueltas las aguas del Río Misisipi
como sabuesos desplegados para acallar
los saxos y las flautas de cien años.
10.000 despojos de suspiro flotando como boyas
atadas al mar de las incompetencias y el engaño
―¿dónde estás ahora Walt, viejo inmortal, que te necesitamos?
Y tú, Satchmo, ¿cómo no marchaste alrededor de las murallas
haciendo sonar las trompetas de la vida para evitar
tanta miseria en el corazón del jazz, en sus arterias?―
mientras ellos se escondían de la peste que habían provocado
en su búnker de Tejas y mentían otra vez
y jugaban con nosotros y reían a carcajadas
seguros de que allí seguirían impunes
sin que nadie pudiera revelar
dónde tenían escondidas
las armas que se habían inventado
y proclamando victoria
sobre un montón de cadáveres inertes.
Desde su búnker de Tejas escupían
el rostro de los muertos del Río Misisipi
que flotaban como boyas
marcando los límites de la verdad y la justicia.

A pesar de las heridas, las torturas, las matanzas,
y esta incurable negra sombra que llevo aquí
en el pecho en el ojo en el oído
como una cicatriz petrificada,
he traspasado estos umbrales de dolor
señalando la agresión del hombre contra el hombre,
para poder desembocar ahora en ustedes, hermanos,
y celebrar el beso y la canción a toda costa.

Necesito sus picos, sus azadas
para sembrar un pedazo de alegría
del que no nos podamos cansar nunca
y con él tomar posesión de un retazo de mar
donde estemos con los que amamos,
estos versos irreductibles y las guitarras.

Si ven alguna vez que mis ojos no sonríen,
si sienten que mis manos
no están desplegadas como yuntas al vecino,
si advierten que no estoy todo pendiente
a su lado en el sendero,
si no escuchan el respiro de mi aliento,
si mis lágrimas no oyen
que golpean la arena y la remueven
cuando la mesa compartamos del dolor en las raíces,
si no consiguen que mi humanidad regocijada
estremezca la galaxia
cuando el abrazo me pongan sobre el hombro
para aquél que nace y vive y muere a solas,

despídanme de la luz, de la mar, de los amigos.

Yo escogí para siempre al camarada, a la otredad, a la alegría.





[1] Amo a la plebe profana
y la busco y le salgo al encuentro.

[2] Nombre con que se conoce a Nueva Orleans en los círculos de jazz. Literalmente significa “la gran suave,” por la forma de vivir de sus habitantes, o también “la facilona,” por su celebración de la decadencia.

sábado, 23 de junio de 2007

Ramón Peralta: poemas

(Galatea de las esferas: Dalí)



Ramón Peralta. Poeta y editor. Nació en Santiago, República Dominicana, en 1965. Se graduó con honores académicos de Licenciado en Educación Mención Filosofía y Letras, en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Es una de las voces más altas de la poesía dominicana.







eternidades


para Anitsuga Zeravat,

ochenta y tantos años regresando a la niñez.


prólogo



si estas líneas empiezan otras líneas que nunca han sido dichas,

realmente, comienza la poesía

si estas líneas no dicen un después, si no saben abrir,

han sido sólo un juego, una vieja mentira

entonces, el olvido —toda la indiferencia— han de ser el único

trofeo que han ganado.



campanas a la luz



detrás de la palabra hay sólo la nada



eternidad del misterio

(hay una dicha en el espanto que todas las cosas tienen)



y un día uno entra a la casa y cree haber perdido la duda

y el amor y el idioma al fin conocen su jaula

y el misterio se convierte en otra siempre rutina

y el laberinto termina como un juguete sin magia

satisfecho poro en tinieblas (porque ya no hay espanto)

uno mira sin horror lo definido

y nacen la paz y el tedio de creer que ya todo está dicho

pero pronto un miedo nuevo nos devuelve hacia lo incierto

ya no cabe el misterio en el nombre que le dimos

y uno vuelve a tejerle otra medida al misterio

y con certeza uno palpa la palabra que lo encierra

y otra vez surge el silencio que jamás ha dicho nada

pero pronto uno descubre que ha sido vano el lenguaje

que la casa es otra casa cada vez que siente un hombre

porque más crece el misterio cuanto más intenta uno

detenerlo en la palabra.



círculo



sólo el círculo ha encontrado de frente la cara de su espalda

ha derribado el enigma de la sombra,

únicamente el círculo conoce su destino de memoria

únicamente el círculo nos envuelve en su viaje

para suicidarnos en cada encuentro consigo,

únicamente el círculo hace posible la vida

sólo el círculo no puede escapar de sus redes

sólo el círculo muere con nosotros para siempre



fertilidad



tu vientre la escalera que de repente no acaba

subo por tu vientre y me convierto en tus senos

tus senos la escalera por donde subo al recuerdo

el recuerdo la escalera que es tu vientre

tu vientre la escalera por donde subo hasta mí



horizonte



cada vez que salgo dejo en el sillón mi foto

(lo que en ese instante soy)

entonces, ya en la calle mi carne se abre hacia su fin

y una voz que es sólo ruido en mi voz comienza a hablar

hasta que lo incierto abarca de pronto todo mi nombre

pero a pesar de todo, mi carne puede volver

y abro, entonces, la puerta y veo sobre el sillón

la foto de un hombre extraño

que me pregunta siempre: pero, ¿quién eres tú?



eternidad del amor



contigo empiezo a darme un beso en lo imposible

a chocarme los extremos en mi locura

contigo empiezo a ser no sólo piedra, cloaca, flor

empiezo a ser las mil contradicciones que surgen en el

punto

lectura de mi carne aún sin alfabeto

sabio que descubre la otra rima de asesino y destino

contigo empiezo a ver la muerte como un sueño sin ojos

todavía

a no encontrarle metro a la soledad y la risa

contigo empiezo a ser lo nunca

contigo empiezo a no empezar.



la copa



entonces uno toma la copa, la llena, la bebe y nace ella

y como ella no puede sostenerse en la memoria de nadie

uno vuelve, toma la copa, la llena, le bebe para que ella

vuelva

y como ella no puede quedarse a esperar la muerte

una vez más, uno toma la copa, la llena, la bebe y ella

regresa

y ríe y hasta habla del dolor

y como a ella le aterra lo mismo, se burla del tedio,

entonces uno quisiera tomar la copa,

llenarla, beberla para ver qué continúa

pero la copa no puede seguir sin contenido

entonces uno comprende que ella muere en el vacío



otra aritmética

(tal vez lo impuro empiece en la razón)



veinte es el número más largo que ahora existe

naciendo de la lluvia que brota de un delirio

empezando a volar en donde todo acaba

veinte, el misterio que una frase devuelve a mi carne ya ida

—¿Como cuánto me quieres? —como veinte



cierto día



de repente este día ha perdido su nombre

era lunes ayer, pero sé que hoy no es martes,

mis manos son ahora un espanto en mi carne

y ese siempre sin fin ahora deja de ser

cada cosa ya es solamente misterio

esta palabra agua nunca ayer la bebí

este día es la puerta, por fin, sin dibujar

este día termina si es que encuentra su nombre



eternidad de la flor



no ha dejado de ser la flor al marchitarse

aun siendo engullida para surgir otro azar

y puesta desde siempre entre dos hojas de amor,

ausente de perfume la flor crea un dibujo

y su lejos color piensa una mariposa,

no espera resurrección, idea vana,

la flor se sabe eterna y continúa naciendo



eternidad del vaso



el vaso cae y corre hacia un suelo mortal

la mano que lo pierde ignora qué cosa piensa

importa nada ahora si es leche o alcohol quien dibuja su

cuerpo

el vaso se ha visto —abajo— roto en veintiún pedazos

—la muerte debe ser una gran dispersión—

el vaso sueña la mano y a sus dedos vuelve a atarse

equipara suelo y mano y todavía es eterno



biografía del olvido



no hubiese muerto sales si al menos hubiese recordado

que entre el agua y el fuego la muerte pesa la mismo

sólo cuando olvidaba la lluvia su piel se humedecía

entre tanto fuego sólo podía quemarse cuando ignoraba las

llamas,

sales murió (ahogado) a los 14 años de un sábado sin fin

no porque ese fuera algún deseo de dios

sino porque olvidó que el agua, a pesar de su milagro,

esconde bajo su transparencia un asesino de una memoria

terrible



voces



una culebra escribe culebra con su cuerpo y se termina

su epitafio es el nombre que sólo su voz descifra

garabato de muerte, aureola del asco, el hombre supone

porque el hombre sólo cree en la escritura que inventa

la culebra se termina con su última palabra

todo su horror y juguete en su nombre queda atado

el hombre ignora lo que escribe una culebra con culebra

porque aún sólo descubre su escritura en el espejo