lunes, 25 de junio de 2007

Rei Berroa: poemas

Rei Berroa dentro de una instalación en el Museo de Arte Moderno de Venezuela







Rei Berroa (Gurabo, Santiago, República Dominicana, 1949). Es autor de una veintena de libros de versos, antologías y de crítica literaria, entre ellos: Libro de los fragmentos y otros poemas [Caracas: El Perro y la Rana, 2007], Book of Fragments [Calcuta, India, 1993] (traducción de su Libro de los fragmentos [Buenos Aires, 1988]), Los otros [Santo Domingo, 1981], y Retazos para un traje de tierra [Madrid, 1979]. El resto de su obra poética se encuentra dispersa en diversas antologías y revistas literarias de Europa y América. Está de camino en la Universidad Central del Ecuador su libro Palomas pensajeras en la colección que allí dirige el poeta Iván Oñate. Tiene también en preparación los libros Los aguafuertes del amor, Libro de los dones, Obsequios entrañables y Libro de los oficios. Como crítico literario ha publicado multitud de artículos de pensamiento e investigación en libros y revistas especializadas de Europa y América, además de los libros: Ideología y retórica: Las prosas de guerra de Miguel Hernández (México, 1988) y Literature of the Americas (Dubuque, Iowa, 1988). Para la Revista Iberoamericana, dirigió en 1988 el número especial dedicado a la crítica literaria en la República Dominicana, que será editado este verano en forma de libro por el Banco Central, junto con otro volumen crítico de los últimos 25 años de la literatura dominicana. Antes había editado el homenaje que le hizo Cuadernos Americanos [México] a León Felipe (Número 45, mayo-junio, 1986).
Recibió su doctorado en filosofía por la Universidad de Pittsburgh en 1983 y desde 1984 enseña crítica literaria y literatura española y del Caribe en George Mason University, Virginia. Ha sido el profesor consejero de la revista Hispanic Culture Review (1993-2006) de su universidad y, desde su fundación en 1991, el asesor literario del Teatro de la Luna de Arlington, Virginia, EE.UU. Allí, con la dirección del Teatro, coordina cada año el Maratón de la Poesía: dos días de festival poético con poetas de todo el mundo hispano. Ha publicado varias antologías de este Maratón: la del 2001 editada con el poeta mexicano Margarito Cuéllar y publicada por el sello editorial Verdehalago, de México, con el título: Poetas en la Casa de la Luna (2004), la del Maratón del 2005 bajo el título Voces y memorias de la Luna (Santo Domingo: 2006) y la del 2007 Cauteloso engaño del sentido (Santo Domingo, 2007). Con el poeta Tracy Lewis de Nueva York prepara una edición bilingüe del Maratón del 2004 y una antología bilingüe de su propia obra. Trabaja en un libro sobre Lorca en Nueva York para el cual ha obtenido un año sabático de su universidad y para la editorial El Perro y la Rana, de Venezuela, está escribiendo también una antología sobre literatura del Caribe en Estados Unidos, otra sobre literatura contemporánea en República Dominicana y un libro sobre Miguel Hernández. Fue uno de los fundadores de la revista Mundo de México en 1986 y de los grupos político-artísticos DC Poets Againts the War y Paraesolapalabra de Washington, DC. En el año 2005 fundó en el Centro para las Artes de Arlington un taller de mentoría y concurso bilingüe para poetas no publicados de toda la zona este de los Estados Unidos. Rei Berroa Reside en Virginia, EE.UU., con su esposa, Ana, y su hija, Olivia.



TRES VARIACIONES SOBRE EL TEMA
DE LA PAZ Y LA PALOMA

I
Es tanta la paz de una paloma
que dicen los expertos en la paz
que sólo bastaría una paloma
para traer sobre la tierra toda la paz
que buscan los humanos sin saberlo.


II

Son tantas las palomas de la paz
que dicen los expertos en palomas
que sólo una paz sería necesaria
para atraer a todas las palomas
que buscan al humano sin remedio.


III
Si la paz se vistiera de paloma
dicen los expertos en humanos
con una sola paz nos bastaría
para darle sus alas a la tierra
haciendo del humano una paloma.

No es mucho pedirle
a la paz o a la paloma.


ASEDIO AL ODIO


Todos tenemos una partícula de odio
un leve filamento dorando azul el día
en un oscuro lecho de magnolias.

Mario Bojórquez, “Casida del odio.”



¿Cómo resolver el mundo con palabras
que sean a la misma vez incendio y chaparrón,
mordisco en carne viva,
en el corazón aguja, infarto o latigazo,
en el hueso quebranto, inflamación o quemadura?

Donde antes escribíamos nido,
abrazo, verdad, algarabía,
una sola palabra llena ahora ese vacío.
Una sola palabra,
dos sílabas pitagóricas, infinitas,
tres anulares letras, afilada una,
palimpsesto del azar hacia el oído.

¿Cómo, entonces, sobrevivir a la angustia del momento
si la congoja de la vida con sus adiposos cantos
parece acumular en nosotros más sinsentidos
que la zozobra de los ramos enjutos de la muerte
con sus exigentes desventuras?

Donde antes,
alentados por la ilusión de pensar
que era posible subir a la rama
más alta del monte y allí
horadar el cielo a picotazos
añorando el aire, la tierra, sus campanas,
vivimos ahora escondidos en cornisas,
secos palomares donde nadie puede
golpear sus alas al ritmo de un badajo,
o llevar algún consuelo más allá
de nuestro tiempo y sus fronteras.

¿Qué hacer para vencer al odio
que ha venido ocupando una a una

las rendijas por donde antes
le soltábamos las riendas a la risa?

Para acabar con él, ¿qué valdría más?
¿Un arañazo en el pulmón de quien lo crea,
un pulmón hecho pedazos con las uñas del deseo
o los garfios de un pulmón desmantelando
las minas que han quedado agazapadas
en los orígenes del miedo, en sus cimientos?

Donde antes la sangre daba vuelcos
enarbolando sístoles y diástoles y labio alado,
donde espantábamos al hambre y la estulticia
creyendo haber logrado un paso más
en la quimera de hacer de la tierra
un palpitante corazón
lleno de panes, puentes, esperanzas,
no queda más que una herida abierta que engendra
porfía, purulencia, incertidumbre.
Los pasillos por donde antes
serena subía la savia
para darnos aliento
y lanzarnos a volar
sin la amenaza del paso del tiempo o de la historia
son ahora recorridos por gases
virulentos que nos hacen desconfiar
de nosotros mismos, de nuestra sombra.

¿Qué hay que hacer
(puede alguien, por favor, decirme),
qué valdría más hacer para vencer al odio?
¿Un escupitajo que caiga irreverente
sobre el vientre preñado de una idea,
una idea imprevisible que seque de golpe
la saliva contra el vientre descarnado de la noche,
o un vientre que escupa desbordante sus ideas
contra el bagazo pegajoso del rencor
y su abundancia en el presente?

¿Cómo resucitar la verdad
vejada cada día en la pantalla o el periódico?
¿Adónde reclamar que vuelva la justicia
a mostrar sus macizos pechos generosos
y que regrese de nuevo la palabra
a ser el reloj que nos marque la hora
de la mortalidad, pero sin mutilaciones, sin horrores?

¿Cómo resolver con acciones o palabras
–vuelvo a preguntar y ya me callo-
el conflicto del abrazo
si es el odio el que ha venido ocupando
puntada tras puntada
los renglones donde antes escribíamos
los hilos del amor y de la vida?





SENSUAL ACOSO


Cariñitos de un instante
y no volvernos a ver
“La verdolaga,” canción popular (Rubén Fuentes)


Aquella mujer en flor que vino a casa
casi a media noche, lleno el pecho
de palomas pensajeras como si fueran sombras,
como si fueran el latido de muchos hornos encendidos
y trajo abierto su pan, mojada la lengua
y preparada ya su levadura,
y a la que yo también le abrí mi chimenea
para que no tuviera frío ni sufriera
de ausencia o soledad o desvarío,
contenta me ofreció lo que traía.
Se sentó en mi mesa,
se bebió mi vino,
nuestro pan a partes iguales compartimos,
conmigo cantó canciones de amor
y yo me acurruqué en sus valles como pude.
“Acosémonos, palomo,” me dijo,
y allí mismo nos palomizamos acosados.
Las sábanas y los sentidos temblaban
como hojas ruborizadas por la lluvia.
Deshilvanado el pulso, echóse a galopar,
colgados de los pechos de la noche
montamos las deliciosas naves de los locos
como impúberes hambrientos que logran
matar por una vez remotas hambres
y volamos en busca de Alamedas.

Fue el mismito Malecón el primer escenario
de nuestras fechorías. Olas en la bruma,
halos en la espuma, el arrecife hecho pedazos,
las puertas del mercado, deslucido el obelisco…
Todo se encendía al sacudir de las caderas
que rompían todas las cadenas del deseo
y de un golpe el apetito saciaban al ritmo
de la güira y la tambora haciendo llover historias
tejidas al hilo del vivir, al hilo del morir
como si fueran dos carreras del mismo acordeón
en un danzar que era una sola y misma dentadura.

Remamos en Quito un tiempo sobre el lago
antes de ser atravesados por una punta de lanza
que se clavó en la orilla y nos dejó soñando.

En Lima nos amamos con Chabuca de testigo
que salía al balcón en busca
de una flor perdida en la canela.
De ahí a Santiago, en el mismo rojo banco
en que aquel once de septiembre
habían caído muertas en mis brazos
dos palomas abrasadas,
dos palomas que un dos de octubre
habían escapado a la masacre
de las Tres Culturas, Tlatelolco,
haciendo escala, como nosotros,
en todas las Alamedas y poniendo
sobre aviso a los amantes:

¡Que llega la muerte
montada en sus aviones invisibles
y trae pergaminos que quiere que firmemos
a cambio del aceite de nuestras rocas
y de formas de gobiernos
que dicen ellos haber inventado últimamente!
¡Que ahí viene la muerte
y hay que escapar de la indignidad
del hombre que vende su linaje
por un plato de lentejas
y luego se masturba en medio de la calle,
a solas, en el templo, en la oficina
con el nombre de Dios atravesado
entre la lengua y la garganta!

Siete días, siete noches después en mi buzón
dejó el cartero un documento bien sellado
según el cual se me culpaba de sensual acoso.
Tenía cuatro días, cuatro noches
para comparecer ante mi acusación y sus agentes.

Me indultaron doce meses después
por falta de pruebas y testigos
y porque descubrieron, después de cien torturas,
que quien había levantado testimonio
en contra de mis fechorías
no tenía nombre ni apellido,
ni habían podido dar con ella o él
en ninguno de los libros
del Estado o de la Iglesia,
del tiempo, del deseo o de la injuria.
Que era probablemente otra persona más de ésas
que se escapan de las páginas de un libro
y creen en verdad que son o fueron
o serán tal vez un día.

Evidentemente
no mostré la cicatriz que tengo aún viva
en el lado izquierdo de mi sombra,
ni he vuelto a pronunciar una paloma más
a la oreja de Cupido.

¡Y yo que había pensado
que no éramos barcos de vela ni muchachos
varados en Edenes, en Comalas, en Macondos,
sino un fluir de luces en la historia,
un delicado aleteo de besos
caídos en los altares de este polvo ceniciento
del amor y sus vacíos,
del desnudo, de la nada!




CÁNTARO QUE CAE


A pesar de que el barro es su materia
y le contiene
un hombre no es simplemente un cántaro que cae
vertigoso,
estridente,
compungido
sobre lo duro de la tierra
para luego quebrarse en mil
bondades
inalcanzables todas
para la delgadez del aire.




LOS ATUENDOS


No te arrodilles para vivir.
Desnúdate:
Precisarás para tu viaje variedades de vestidos
que te ayuden a vencer las cuatro edades.

Deshaz tu corazón de fiestas vanas.
Descúbrete:
Nadie podrá cortar con sus normas y mantillas
la túnica inconsútil de tu cuerpo irrepetible.

Despójate de cruces y campanas.
Descálzate: No tienes que buscar
en los armarios de la tierra sandalias
que desprecien tu contacto con la calle o el vivir.

Echa al aire tus pellejos resonantes y camina.
No le des cabida al odio, ni a la envidia o la mentira.
Acude a tus reuniones en la casa, en el aula o el oficio
respetuoso, informado, concurrente.

Pero nunca te arrodilles para vivir.

Las madres elementales ya cortaron los retazos
que usarás todos los días dignamente:
ésos son tus brazos, es tu boca, son ésos tus recuerdos.
Con llanto has irrumpido por no saber lo que pasaba
y te irás sin descubrir el para qué de tu vivir.

Hilvana tu atavío esperanzado en saber
que llegarás a descubrir con el paso de los años
el traje que le venga mejor a tus hombros y cintura,
a tus muslos, la entrepierna o las axilas. Ya verás
que con piezas de vacías o repletas coincidencias
amarás el existir
que irás tejiendo y desliando día a día en la corriente…

Pero no te arrodilles jamás para vivir.





CON RESPECTO A CIERTA ACTIVIDAD DE LAS PALOMAS


Desde Lincoln a Lenín,
de Bolívar a Zapata,
las estatuas de los héroes
masculinos de la tierra,
los matriotas,
profanadas están ya para siempre
con el gris inodoro que le adorna las cabezas.

Responsables de este ataque al templo varonil de nuestra patria
son las pacíficas palomas
que vindican -quieren hacernos creer que sin saberlo‑
el lugar que ocupan en el alma de la gente,
las inútiles estatuas levantadas por el hambre del político
al ilustre varón que le sirve de carnada.
Así le llenan a este pueblo la mollera
de babosas esperanzas y promesas incongruentes.

)No será eso lo que piensan las palomas
al venir y posarse sobre el cráneo de la estatua
y allí llevan a cabo cierta actividad que nos destruye
la idea que teníamos, tan sagrada, de los héroes de la patria?



PROMESA PARA CUMPLIR EN LA VIDA
Y QUIZÁS TAMBIÉN EN LA MUERTE
SI NOS FUERA PERMITIDO Y NECESARIO


Profanum vulgus deperio
et obviam ei procedo
[1]

[Contrariando la manera de Quintus Horatius Flaccus]



Venturosos sean los pechos que me han traído aquí,
en este estrado y ante ustedes, compañeros
de todas partes y por tanto tiempo,
amigos en la hora de la lluvia y la sequía,
de las serenidades y las turbulencias, hermanos
de este pobre y dichoso convivir de un hombre como todos,
carne de su propia carne, piel
de su propia piel y su palabra.

Con ustedes quiero engendrar la alegría,
la misma que nos sorprendió cuando cruzamos
agobiados los canales de la vida
aquel remoto primer día en que lloramos
al abandonar el vientre luna llena,
el vientre flotador de un agua oscura y viva,
puerta estrecha a través de la cual luchando, luchando
irrumpimos en la luz con gritos estridentes
de protesta contra el cielo, crispado
el nervio central en donde se esconde agazapada
la semilla de nuestros sueños y esperanzas, maravillados
de que tan corta trayectoria pudiera provocar
un viaje tan largo y tan pesado.

Con ustedes que han hecho de estos días
una sólida suma de rostros arcillados
y manos y pies llenos de surcos
donde dicen los que saben
vienen marcadas las horas que nos tocan compartir
en este palmo de tiempo que hemos alquilado.

Las flores quiero convocar aquí también
del mango y el guayabo, del cerezo y jazminero,
pues con ellas me colé en la edad de mi respiro
la sangre a chorros resbalando por el cuerpo
sorprendido y en sollozos sin saber
qué hacía aquí desnudo y por qué
todos alborozados me miraban.

Con ustedes quiero ahora echar una ojeada
a lo que va, a lo que viene,
a lo que pasa en esta misma ráfaga de sol que es este día,
a lo que pasa con las letras que juntamos
para crear nuestras palabras, flamboyanes
del sentido, margaritas, beso y más amamos,
todo retorcido en las raíces de la especie
por donde vamos a hacer que fluyan
ríos de luz y de perfumes, no de sangre.

Pero no todos podemos evocar
nuestra entrada triunfal al vivir de esa manera.
Por eso estoy aquí,
para pedirles una eternidad
encerrada en el instante de esta confluencia
que ahora compartimos.

Sólo ansío que me den el fulgor de algún relámpago
que se quede con nosotros todo este milenio
sin ninguna vez debilitarse.
Sólo pido que me ayuden a no olvidar jamás
los muertos de Madrid, de Chiapas, Tlatelolco,
las silenciosas víctimas de Chile, Quisqueya o Argentina
cuyas madres buscan todavía
el sonido familiar de sus huesos en el álbum fotográfico.
Hay más de medio millón de muertos en Irak,
padres abrazados a sus hijas, madres, viejos,
niños con la cartilla escolar apretada a la cintura,
esposos, novios que fueron carpinteros del amor
al momento de caer sobre ellos las ciegas
bombas inteligentes de los que han creado
el sucio negocio de la guerra
guadañas de muchas casas blancas.

Hay más de medio millón de muertos en Irak
que no saben qué hacer con sus huesos y gusanos,
los 3.000 muertos de Manhattan vengados ya doscientas veces,
y luego -¡Ay!- cadáveres flotando por las calles de Big Easy,[2]
sueltas las aguas del Río Misisipi
como sabuesos desplegados para acallar
los saxos y las flautas de cien años.
10.000 despojos de suspiro flotando como boyas
atadas al mar de las incompetencias y el engaño
―¿dónde estás ahora Walt, viejo inmortal, que te necesitamos?
Y tú, Satchmo, ¿cómo no marchaste alrededor de las murallas
haciendo sonar las trompetas de la vida para evitar
tanta miseria en el corazón del jazz, en sus arterias?―
mientras ellos se escondían de la peste que habían provocado
en su búnker de Tejas y mentían otra vez
y jugaban con nosotros y reían a carcajadas
seguros de que allí seguirían impunes
sin que nadie pudiera revelar
dónde tenían escondidas
las armas que se habían inventado
y proclamando victoria
sobre un montón de cadáveres inertes.
Desde su búnker de Tejas escupían
el rostro de los muertos del Río Misisipi
que flotaban como boyas
marcando los límites de la verdad y la justicia.

A pesar de las heridas, las torturas, las matanzas,
y esta incurable negra sombra que llevo aquí
en el pecho en el ojo en el oído
como una cicatriz petrificada,
he traspasado estos umbrales de dolor
señalando la agresión del hombre contra el hombre,
para poder desembocar ahora en ustedes, hermanos,
y celebrar el beso y la canción a toda costa.

Necesito sus picos, sus azadas
para sembrar un pedazo de alegría
del que no nos podamos cansar nunca
y con él tomar posesión de un retazo de mar
donde estemos con los que amamos,
estos versos irreductibles y las guitarras.

Si ven alguna vez que mis ojos no sonríen,
si sienten que mis manos
no están desplegadas como yuntas al vecino,
si advierten que no estoy todo pendiente
a su lado en el sendero,
si no escuchan el respiro de mi aliento,
si mis lágrimas no oyen
que golpean la arena y la remueven
cuando la mesa compartamos del dolor en las raíces,
si no consiguen que mi humanidad regocijada
estremezca la galaxia
cuando el abrazo me pongan sobre el hombro
para aquél que nace y vive y muere a solas,

despídanme de la luz, de la mar, de los amigos.

Yo escogí para siempre al camarada, a la otredad, a la alegría.





[1] Amo a la plebe profana
y la busco y le salgo al encuentro.

[2] Nombre con que se conoce a Nueva Orleans en los círculos de jazz. Literalmente significa “la gran suave,” por la forma de vivir de sus habitantes, o también “la facilona,” por su celebración de la decadencia.

sábado, 23 de junio de 2007

Ramón Peralta: poemas

(Galatea de las esferas: Dalí)



Ramón Peralta. Poeta y editor. Nació en Santiago, República Dominicana, en 1965. Se graduó con honores académicos de Licenciado en Educación Mención Filosofía y Letras, en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Es una de las voces más altas de la poesía dominicana.







eternidades


para Anitsuga Zeravat,

ochenta y tantos años regresando a la niñez.


prólogo



si estas líneas empiezan otras líneas que nunca han sido dichas,

realmente, comienza la poesía

si estas líneas no dicen un después, si no saben abrir,

han sido sólo un juego, una vieja mentira

entonces, el olvido —toda la indiferencia— han de ser el único

trofeo que han ganado.



campanas a la luz



detrás de la palabra hay sólo la nada



eternidad del misterio

(hay una dicha en el espanto que todas las cosas tienen)



y un día uno entra a la casa y cree haber perdido la duda

y el amor y el idioma al fin conocen su jaula

y el misterio se convierte en otra siempre rutina

y el laberinto termina como un juguete sin magia

satisfecho poro en tinieblas (porque ya no hay espanto)

uno mira sin horror lo definido

y nacen la paz y el tedio de creer que ya todo está dicho

pero pronto un miedo nuevo nos devuelve hacia lo incierto

ya no cabe el misterio en el nombre que le dimos

y uno vuelve a tejerle otra medida al misterio

y con certeza uno palpa la palabra que lo encierra

y otra vez surge el silencio que jamás ha dicho nada

pero pronto uno descubre que ha sido vano el lenguaje

que la casa es otra casa cada vez que siente un hombre

porque más crece el misterio cuanto más intenta uno

detenerlo en la palabra.



círculo



sólo el círculo ha encontrado de frente la cara de su espalda

ha derribado el enigma de la sombra,

únicamente el círculo conoce su destino de memoria

únicamente el círculo nos envuelve en su viaje

para suicidarnos en cada encuentro consigo,

únicamente el círculo hace posible la vida

sólo el círculo no puede escapar de sus redes

sólo el círculo muere con nosotros para siempre



fertilidad



tu vientre la escalera que de repente no acaba

subo por tu vientre y me convierto en tus senos

tus senos la escalera por donde subo al recuerdo

el recuerdo la escalera que es tu vientre

tu vientre la escalera por donde subo hasta mí



horizonte



cada vez que salgo dejo en el sillón mi foto

(lo que en ese instante soy)

entonces, ya en la calle mi carne se abre hacia su fin

y una voz que es sólo ruido en mi voz comienza a hablar

hasta que lo incierto abarca de pronto todo mi nombre

pero a pesar de todo, mi carne puede volver

y abro, entonces, la puerta y veo sobre el sillón

la foto de un hombre extraño

que me pregunta siempre: pero, ¿quién eres tú?



eternidad del amor



contigo empiezo a darme un beso en lo imposible

a chocarme los extremos en mi locura

contigo empiezo a ser no sólo piedra, cloaca, flor

empiezo a ser las mil contradicciones que surgen en el

punto

lectura de mi carne aún sin alfabeto

sabio que descubre la otra rima de asesino y destino

contigo empiezo a ver la muerte como un sueño sin ojos

todavía

a no encontrarle metro a la soledad y la risa

contigo empiezo a ser lo nunca

contigo empiezo a no empezar.



la copa



entonces uno toma la copa, la llena, la bebe y nace ella

y como ella no puede sostenerse en la memoria de nadie

uno vuelve, toma la copa, la llena, le bebe para que ella

vuelva

y como ella no puede quedarse a esperar la muerte

una vez más, uno toma la copa, la llena, la bebe y ella

regresa

y ríe y hasta habla del dolor

y como a ella le aterra lo mismo, se burla del tedio,

entonces uno quisiera tomar la copa,

llenarla, beberla para ver qué continúa

pero la copa no puede seguir sin contenido

entonces uno comprende que ella muere en el vacío



otra aritmética

(tal vez lo impuro empiece en la razón)



veinte es el número más largo que ahora existe

naciendo de la lluvia que brota de un delirio

empezando a volar en donde todo acaba

veinte, el misterio que una frase devuelve a mi carne ya ida

—¿Como cuánto me quieres? —como veinte



cierto día



de repente este día ha perdido su nombre

era lunes ayer, pero sé que hoy no es martes,

mis manos son ahora un espanto en mi carne

y ese siempre sin fin ahora deja de ser

cada cosa ya es solamente misterio

esta palabra agua nunca ayer la bebí

este día es la puerta, por fin, sin dibujar

este día termina si es que encuentra su nombre



eternidad de la flor



no ha dejado de ser la flor al marchitarse

aun siendo engullida para surgir otro azar

y puesta desde siempre entre dos hojas de amor,

ausente de perfume la flor crea un dibujo

y su lejos color piensa una mariposa,

no espera resurrección, idea vana,

la flor se sabe eterna y continúa naciendo



eternidad del vaso



el vaso cae y corre hacia un suelo mortal

la mano que lo pierde ignora qué cosa piensa

importa nada ahora si es leche o alcohol quien dibuja su

cuerpo

el vaso se ha visto —abajo— roto en veintiún pedazos

—la muerte debe ser una gran dispersión—

el vaso sueña la mano y a sus dedos vuelve a atarse

equipara suelo y mano y todavía es eterno



biografía del olvido



no hubiese muerto sales si al menos hubiese recordado

que entre el agua y el fuego la muerte pesa la mismo

sólo cuando olvidaba la lluvia su piel se humedecía

entre tanto fuego sólo podía quemarse cuando ignoraba las

llamas,

sales murió (ahogado) a los 14 años de un sábado sin fin

no porque ese fuera algún deseo de dios

sino porque olvidó que el agua, a pesar de su milagro,

esconde bajo su transparencia un asesino de una memoria

terrible



voces



una culebra escribe culebra con su cuerpo y se termina

su epitafio es el nombre que sólo su voz descifra

garabato de muerte, aureola del asco, el hombre supone

porque el hombre sólo cree en la escritura que inventa

la culebra se termina con su última palabra

todo su horror y juguete en su nombre queda atado

el hombre ignora lo que escribe una culebra con culebra

porque aún sólo descubre su escritura en el espejo


jueves, 21 de junio de 2007

Dionisio López Cabral: poemas



Dionisio López Cabral (1956-2006). Ensayista, poeta y animador cultural. Hijo del periodista Antonio Sosa Cabral y de la señora Dorca Dolores López de Salbonette. Fue asistente de la página literaria del diario La Información, coordinador de actividades del museo Don Tomás Morel, gestor cultural de la Secretaría de Estado de Cultura. Ha recibido distinciones y honores como poeta distinguido de la ciudad de Santiago. En el 2000 el colegio Cardenal Beras lo reconoce como eslabón perdido y paradigma rescatado de la poesía dominicana; el colegio Padre Emiliano Tardiff bautizó su concurso anual de poesía con su nombre; el taller literario Virgilio Díaz Grullón del CURSA-UASD le reconoce sus aportes a la literatura. Fue miembro divulgador del Movimiento Contextual. Publicó los libros Soles de Agua (poesía), Memorias Poéticas de Santiago (ensayo), Del Barro a la Identidad (ensayo), Alegoría Vital (poesía).



POEMAS



ORIGEN



Durmiendo empiezo a crecer

todo mi cuerpo despierto

es una fantasía.

El origen del ritmo

lo conocí en sueño.

Dejar de soñar

es dejar de existir.

Si pienso en cantar despierto

ahí muere mi voz.



ENIGMA


El enigma

de la lluvia

es morir

para ser flor.



OCASO




Al presenciar

la muerte del ocaso

¿Cómo olvidar

los viejos de la casa?



REGRESO




Soy el otro

que Borges no ha leído.

Esquirla de un cadáver

dormido en el regreso.



PAISAJE




He aquí el paisaje del sueño

donde los sonámbulos danzan

y la algarabía es sólo sombra

del horizonte sordo de los muertos.

He aquí el paisaje del sueño

dibujando oscuros gritos

de hombres sin voces.

He aquí el paisaje del sueño

donde una voz muerta asoma

en busca de su destino sepulto

en el jardín de las flores despiertas.



(De su libro Alegoría Vital)

martes, 12 de junio de 2007

Pedro José Gris: poemas


(Pintura: Olga Sinclair)


Pedro José Gris nació en Santiago (República Dominicana), grado académico en Filosofía y Literatura y Derecho. Fundador e ideólogo del Ateneo Insular junto con el Dr. Bruno Rosario Candelier del Movimiento Interiorista. Las Voces es el libro que inspira dicho movimiento.
Ha ejercido el periodismo de opinión, la crítica literaria y las inusuales labores del orientador cultural. Premio de Cuento Casa de Teatro 1991. Jurado del Premio Nacional de Poesía en 1999, 2000 y 2005.
De manera casual ha sido cónsul (en Haití), periodista, profesor universitario, publicista, productor de televisión, empresario, productor agrícola, ect.
Las Voces, la única obra publicada por Pedro José Gris, reúne su poesía de juventud, cuya primera edición fue fechada en 1982, siendo esta tercera edición una versión ligeramente corregida por el autor.
Las voces patentiza el viaje sin retorno del poeta desde la segunda inocencia de la conciencia en estado mítico, arrebatada y afianzada en el mismo paisaje de agua que la cerca, testimoniado en el Odario; hasta el desenlace en el poema Las Voces —que da título al libro— un canto a la soledad esencial y la nostalgia del Ser, colocado el poeta en el hondón de la pregunta por el Sentido.

LAS VOCES

ALGUNAS CONFESIONES

I

Han transcurrido 20 años desde que escribí este libro, lo cual tiene poca importancia.
Lo que sé, lo que se ha iluminado y todo aquello que se me oculta por una especie de imposibilidad material, de ausencia de órgano de recepción, lo sentí, lo cargue a mi cuenta durante este lustro de los 17 a los 22 años de edad. Luego fue enterrar las resonancias para no enloquecer o extinguirme. Ruando, le di las espaldas a mis presentimientos y nadé hacia la superficie porque en su fondo alguien me ahogaba.
Pero no fueron asuntos metafísicos ni enloquecedoramente filosóficos. No. Tampoco religiosos. Asistí a la cotidiana revelación del sentido de las cosas, a la comprensión tumultuosa y emocionada de lo existente. La experiencia falsa de que una manzana retozada que se lanza de uno a otro, dejaba estaciones de ella misma en el tangible espacio que atravesaba.
Luego, también el mar, una noche de conciencia alterada lo esperé serenamente durante media noche, y la otra mitad de la noche lo viví en certeza y blancura a las que me da vergüenza aludir por incomunicables e irrepetibles. Pero no fue aquella una experiencia mística ( no contemplé el rostro ineludible de Dios, apenas espuma consumada y una que otra alegría inefable), mas bien, una vivencia insondablemente subjetiva, donde un mar que llevo dentro se entendió con otro que nadie lleva adentro, y los dos salieron de mi, o por el contrario, entraron en mi virtualmente. Durante una breve eternidad, intercambiaron calidades, prescindiendo de mí.


II
Somos criaturas clausuradamente subjetivas, ensimismadas, y el lenguaje es nuestro impostor, nunca signa exactamente lo que somos, vivimos o sentimos, sino que él mismo elabora (o en él se efectúa ) una versión de nuestros acontecimientos de conciencia que a nosotros mismos nos suele parecer reveladora por infiel ,convincente y verdadera. En la lengua se mimetizan nuestras experiencias reproducibles y se crean universos reflejos que inexplicablemente simbolizan nuestro mundo interior, por lo que hemos vivido pero no exactamente lo que hemos vivido… La lengua no es infiel y a su manera impone su compulsiva razón propia. Las explicaciones tramadas sobre hechos íntimos, es decir, totalizantes, suelen ser elaboradas lingüística de las interioridades de la lengua ( y no las nuestras especificas) que como expresión y creación de la conciencia en su búsqueda irrefrenable de compañía, inesperadamente nos puede cifrar.

III
La poesía, sin embargo, como totalidad siempre nos contiene… Pretendía decir que 20 años después, algunas visiones y perspectivas han regresado, en un confuso estado de culminación. Sin duda alguna, que lo intuido en aquella primera inocencia creativa y la propia claudicación que ella me sugirió, continuaron cociéndose en la ciega conciencia que me determina. Sin la certeza fisiológica de la adolescencia encima, en esta estación física del miedo, me desplazo entre claves e indicios, transfigurando en sentencias y alocuciones las iluminaciones y el horror que por igual me poseen y me insatisfacen.

P.J. Gris
Junio 2000



Oda a un poeta
en la sombra

“El antiguo estupor de la alegría
me abruma…”

J.L. BORGES

Ando entre sombras
lentamente
Soñando los ocasos que he perdido.
Soy Borges, quien hizo
de espejos y laberintos su destino.

Oscuro entre oscuros anaqueles
sobre los ciegos soles de los libros
soñé lentos jardines de agonía
mientras el río, la sed, la muerte, el tiempo
fatigaban la luz, mis duros días.

Y soy Tántalo, el que la sucia tarde
deseó la muerte.
Y Emerson, quien quiso ser otro hombre, y el
que no ha vivido. Y soy el otro, el extraviado
Borges de sombra y sangre
trocó la vida en su reflejo.

Carne no, acaso hombre, acaso textura del espejo.

Y soy aquel a quien mata la memoria
el ayer .

Jorge Luis Borges, ciego juglar del tiempo
Y argentino
quien ama la luna, y la otra luna de los lagos y el desierto
quien dice que no ha muerto
y sólo anhela la muerte y el olvido.*






__________________
* Poema escrito en 1978, cuando el poeta J. L. Borges aún vivía (n.a.)

Oda última a Incháustegui Cabral


“Un hombre solo ha nacido,
Un solo hombre ha muerto en la tierra”
J.L. BORGES


Como a todos los hombres
a mí
me devoró el tiempo
Soy el imparcial
el hombre derramado
el enamorado de la tierra.
Todas las angustias son una
y me disperso
una sola angustia diversa:
hoy me he liberado de ella
Soy el hombre muerto
el que murió ayer
casi multiplicado por el huracán
casi desgarrando
Como hombre triste y herido
habré hoyado esta morada de raíces
¿Quién, quién fui? ¿Por qué nombre
- hoy desnudo-
se me llamó en la calle
desde el corazón del vasto amigo
cuando mi nombre era
una críptica fuerza de soledad?
En verdad, no recuerdo ese nombre
entre tantas humedades
Ahora soy algo pobre
una agua tan elemental que apenas es agua
dudando si ser agua o ser luz
una leche tan blanda
que yo puedo ser llamado: Leche repartida
o pan
Hoy vislumbro la claridad carente de distancia
Hoy he muerto




(o ayer o hace mil años)
ya me he desatado del transcurrir
que de todas las ilusiones
es la que nos mata

Desatado de aquellas cosas
que los años tornaron
vaporosas y potentes
y que al final eran yo mismo
cargado de rencor, levantado en mi contra


Ya soy un proyecto
ya no me pueden acuchillar


Aquí no me alcanza la flor
ni el espantoso río sangriento en las tardes
ni los otros símbolos del miedo
He vuelto al vientre del descanso
La agonía es negarse a no –Ser
Pensar y no hacerse triste es deseable
La nostalgia son estas cosas húmedas y frescas
He recuperado el oleaje de la eternidad y del tacto
Soy una estela de frescura en el pasado del caracol
Soy algo pobre y disuelto
En verdad, no soy más que estas cosas diseminadas:
una piedra
una huella
una hoja madura de luz
el aroma de la noche
una boca tibia a los sentidos
una materia imparcial y simple
un remanso de sombra ya sin sombra
Soy el Descansado
El Durmiente repartido en su extensión
el pastor en vigilia de agua
ahogado sus ovejas misteriosas
La mansa noche que no es noche
me conmueve: soy la noche que me alumbra
en su imprecisión y su seno de agua
En liquida claridad estoy extenso
El círculo ha cerrado su distancia
La descomposición despliega sus agravios
La carne
la carne no es la misma: no perfuma
no imanta
no entibia
no prepara el relámpago del beso

morir
Morir como el primer hombre
tan repentinamente


tornar a la belleza
y no sentirla
(sentir el ya existir, es ya existencia)
La soledad es no comunicarnos
Acercarme a las cosas que era ellas
y ahora ser las cosas
en su misterio
el fondo de su apariencia consumido
y esta agua intocable
y solitaria

Yo soy quien esta solo, no es el agua

Y al final soy el líquido y el ánfora
bebiendo en soledad mis propias humedades

Por eso estaba solo para siempre
Oh esta compañía disgregada






Que vamos a hacer
con la belleza


Tercera variación sobre
el mismo tema-
-A Manuel Rueda-





l


Odiarás las palabras
Odiarás la belleza
Odiarás tu casa
tu boca
tu sombra
tus mares
Odiarás el sentido y el esplendor
Odiarás la corteza ciega al tacto
Odiarás el misterio
el Ser
el No-Ser
el seguir siendo



II

Borbotones de hastío
Te alejas
Temes
Huyes de los árboles
como un Mondrian quitándose las manos




II


“Y para qué los árboles”
Y para qué mi palabra impotente
Y para qué el fuego en la garganta
Y para qué la belleza que no
sentirás mañana
Y para qué vivir
La tarde
no te justifica




IV


Te persiguen las tardes
y las aguas
te acosa la belleza
te rompe el pantalón
te desnuda
(no lo sabes)




V



En la palabra azul
no caben los mares
Veamos
don Miguel
ya escribimos azul con tinta azul




VI


Qué hacer con estos cadáveres-
-qué hacer Me avergüenzan estas cosas-
“qué vamos a hacer hoy” con el remordimiento
de amar un cuerpo bello
“Que vamos a hacer con la belleza
donde meterla
para que no fructifique
en cuál cloaca ahogarla
a medianoche”
En verdad os confieso
he guardado mi culpa
y dónde meterla
en cuál cloaca ahogarla
a medianoche




VII


Y para qué cantar lo transparente
si no lo será mañana
No en el pasado
sino en el Devenir
de venir de
lo que no ha sido




VIII


Prolongar los sentidos
Habitar los espacios del murmullo
la música tristísimo que te deja
ileso y desgarrado
Vomitar los amargones
y el hastío




IX


Desgarrar las edades



X


Venga don Manuel
Venga
acérquese y libemos
estas uvas amargas






Entrada al semen


I

Ascendiendo por las columnas de agua
he llegado al techo de esta casa
de destrucción


Expió en desnudez el anonadamiento

Río de cristales dorados
y río de cristales dorados son la culpa

Los cuerpos
antorcha de tres fuegos
Los cuerpos sustancian el castigo

Pero todo perdón es irremediable
y todo castigo

Un paisaje es antesala a otro paisaje
y éste a otro hasta el infinito

Entonces la claridad nos salva





II


Tu culpa es el tiempo

Cuando abro los ojos sin morir
me despeñan relámpagos de angustia

Entonces pago con el vacío los instantes

El pez es infinito
Porque no sabe despertar
También
el paisaje

El sueño es una de las formas
del castigo






III


Lo que desato no es el semen oceánico
el Deseo que es la cosa vertiginosa

La satisfacción tiene el techo en el agua
y columnas de furia
fragmentando la victoria







La amante


Cesemos
Por qué fluir mares de sombras
repetidas
cuerpos de tristezas devoradas
y cadáveres sobre estas cosas
y además
vergüenza


Amada
ciérrate
a este sueño invertido
a esta boca donde no transitan los remansos


Ciegos
multiplicar
la soledad
y ciegos
ser
orlados de deseo
sustancias que se arrasan


La tierra los besos la mano
la fotografía de una piedra dura


El agua como un muro nos recoge

Quitémonos la piel
estas miserias de concha en el vacío


Bebamos con la bestia en su único crepúsculo


Basta el dolor
también el deseo
obnubilando el Ser

El placer es incesante entre estos dioses
pero el placer que dura se traiciona

El dolor obnubila el Ser
También el deseo

Amante
invítame a cesar
retocemos
vamos a tocarnos

Desnúdame con tu boca de música inhollada
retira todas esas algas podridas
que no dejan soplar la claridad perfecta



Déjame
Déjate
Somos la imagen
Nadie sufre



Bocetos eróticos y vacíos




1


La desnudó. Era su esposa. Sépanlo: la amaba. ¿Qué to-
car? Pensó con cotidiana tristeza que él pagaba con caricia
los cuerpos y que todo era adoptado en la guerra del tacto.
“Sabes –rememoró, ya extraviado en su franqueza – detrás
de tu pose hay…hay también más poses” Y quiso echarse a
llorar. “El mundo es una vidrina” –quería filosofar y esto evi-
denciaba su desarraigo- “Todos somos exhibicionistas, sólo
que gradualmente, desde el precario hasta el perfecto “, En-
vuelto por la neblina de la reflexión fue separando con ambas
manos, como quien nada entre humo y humo, la exquisita
distancia que ahora mediaba en todas las cosas.


2


El escogió la noche, como quien dice. Sabía que todos los
cuerpos se horizontaban, débiles y elementales, en cuotas y
caricia. Le miré los pies a la belleza para enseguida cerrar
los ojos a la caravana. La quería, se lo dijo casi llorando
porque tantas veces habían querido los hombres. “El misterio
es que las cosas no se repiten. Pero ya no hay misterio…y la re-
petición cayó sobre sí misma…” Deseó desear tocarla. Deseó
como todos los hombres, buscar sosiego en el vientre de otra
mujer que era esta. “La quería: Sépanlo”. Le interrogó la cin-
tura hasta que el calor urdió su propia neblina. Nuevamente
intentó cercarle las caderas pero un vacío de ternura suscitó
densas alegrías. Tumultos de ideas sin imágenes rodaban en
espiral con ronco movimiento oscuro: de rayo comprendió
que era el Mar, el Mar lavándole los muros.




3


La acostó perspectivamente, respecto a él que se asemeja-
ba a la sombra y el rencor de tantos otros. Ya tocarla era
inútil y teatral: cada uno había entrado a su propia trama. El
se preguntó, sin palabras, contemplando el paisaje tendido,
sus suaves ondulaciones marinas, las crestas o volutas extá-
ticas y posiblemente tibias, la flor nerudiana del pubis como
mojado siempre, el piélago, el Mar sagrado de los antepasa-
dos, las islas que son tumbas…”dónde el azar de no estar
muerto”. Quiso entrar a ella, entrar, entrar entero, fecundarla
con la boca, resbalar la cabeza hacia adentro para sentir sus
labios como un collar embabarle el cuello, hasta que lo detuvo
la certeza de que no estaba solo. Desgarrada la distancia, fil-
mada la pose como pose, rota la nostalgia y la imagen, el
hombre repitió la posesión, dormido a la guerra de los sentidos.




Homenaje a César Vallejo


Te miré todo el lago
y de repente
no te
miré
(¿Había un perrito negro ahogado
en el corazón
ladrando fango?)
Te toqué
no te quise
no toqué oro mustio
en el piano desvencijado
músicas amargas
tiempo masticado en los dientes de oro
de los muertos
Me cansé
de ti
sin caminarte
fue peor que odiándote
amarte en el reverso
negarte el olvido
y la grandeza
anhelarte el hambre
y el cristal de un Jueves de
piedra azul
que no refleja a nadie
que se ha cerrado
con toda la soledad de una boca
Ese es mi destino
y el suyo
imantarnos en vacíos sucesivos
romper
la noche







como un cristal
con pedradas
de una angustia
ya demasiado inútil
y posada



Se repite la muerte
y los muertos
son uno
Entonces no te hablo de los muertos
el tiempo que vives en los otros
César
Con tu mismo corazón te canto
para que no me escuches
nunca
Para que no me quieras
ni me dés la mano
Es como ponerte a trabajar
para mí
Es infame
este dolor
con los ojos abiertos
y de noche
en un Jueves de la isla
tan entusiamado e inútil
como los muertos
Qué es eso de amar una esquina
un cuerpo
las lámparas de neón de un París mausoleo
y luz
Y sufrir
tanto
y dispersar
las palabras
penetrarlas de todo dolor
que ellas mismas
estallan
granadas
hiriendo
ahondan
se hacen más angustiosas que tú

se afincan
devoran tu
desgarramiento
César
Qué es eso
de vomitar la conciencia
verbo o nada
tirárselo en la cara al comerciante
que está en tu rostro
frente a tu espejo
y que no eres tú
sino los otros
los otros
para destruirse
Dios mío
qué desespero
la fiesta de alegría lluviosa
cuánto desespero
qué impuro y
mercantil
tanto dolor




La muerte es la última forma
del Ser

y es la primera
Quién eres
qué
en la
Nada




El mar

¿Qué estatifica esta imagen desolada
del Mar fulgente sobre los despojos?

Busco en muros de agua mi estatura

El Mar
como el dolor
es mutable
y las cosas son ciegas a mi lado




Las tardes…

Las tardes que regresan
son mi vida
Mi sombra es esa sombra
sobre el fondo
Las tardes
son ovejas
que apaciento
El vientre al que regreso
son las tardes




… y el mar


Círculo de esplendor
final del tiempo
donde el polvo
apaga su dolor
Oleaje circular de la agonía
El Mar
el Mar
misteriosa arquitectura del abismo
Hecho en la noche
de vastedad disuelta





____________Las voces

-Un poema sin fin-



(Fragmento)



I


Amargo es el Padre
Como la sal del misterio



II


Amargo como los labios
de las Voces



III


Templo de aventuras los sentidos
los puebla el silencio
del Amargo




LA SOLEDAD ES PALABRA




EL SER SE CIERRA
BATE LA NADA EN TEMPLOS DE ILUSIONES
ALUMBRAN RELAMPAGOS
LAS VOCES
DEL ABISMO



1


La savia agria del útero determina
el sentido de la Fuente
Por qué fluyen las cosas centelleantes
lanzan su soledad a la distancia

Las cosas de dolor se diseminan
La unidad es su muerte en justicia
según el orden del tiempo

Odiaban el amor que las unía
Multiplicaron su ensimismamiento
en odio sucesivo que era amor

Las cosas sufren sin saberlo

Las hojas añoraron
ser laguna
honda frescura
agua del duro viento
Ay
si la sed infinita te entregara a la fronda
bebed
bebed
esta agua con raíces




2


El Ser vive en océanos de angustia

Los peces despliegan sus espumas
hasta abrir el Mar al movimiento

El pez nutre de amor que lo devora
Extático en su espesa superficie

Hay peces que alumbran marejadas
contra los propios muros del abismo

El abismo es amor que los devora

El pez ahonda mares de dolor

El pez vive en océanos de angustia




3


La soledad es el Ser
La soledad cierra el Ser
El Ser se abre en la Palabra
Bate la nada en altares
bañados de horizontes
El Ser se cierra en sufrimiento
Nutre la soledad que lo devora



4


Las bocas ya no nos acompañan
No nos besan las puertas con dulzura

En verdad
son tristes estas cosas



5



Saber
cerrado al vecino
hacia la sombra
y que
el verdor del
abismo
no lo toca




6



El pez es el sentido de la Fuente
no acontece
en nostalgia del oleaje

Vive la realidad del agua de sus ojos

De su recuerdo nace el Mar

El Mar es una boca comiéndoselo vivo

El pez sueña la gula de la Nada
y de su propio sueño nace destruído

El sueño de la Fuente es la nostalgia




7



En verdad
son tristes estas cosas
Las bocas amurallan
su erotismo
no nos besan las puertas con su amor

LAS MONTAÑAS SON TUMBAS DE AGONÍA

LAS MONTAÑAS SON TUMBAS DE AGONIA



SALMOS DE LOS HUECOS



I


Verdura tras verdura dentro de lo verde
hay un cúmulo de savia saltando a hoja
Un cardumen de tallos nadan como peces
Un hueco, Alguien talló un hueco y una flecha
Originariamente el esplendor de las formas
Sumas saltadas. Dentro de las hojas moléculas
húmedas ciegamente acumulan su destino:



II


Un muro, unos huecos, una verdad
Un infeliz que barre escarchas de hojas y a veces
Se detiene y suspira mansamente
Una verdad: la vida se ha partido
Pedazos edifican el muro
Mínimos huecos inexplicables en su orden
En cualquier lugar nadie reconstruirá lo que es



III


Niñas en orgasmos desdobladas. Luego volverán en sí
Se duplican. Hoyo de revelaciones. Ventana de su propio viaje
Los muchachos iban por ellas de regreso. Hoyo negro. Gusano del tiempo. Niñas brincando. Ruta al aposento de Dios
Dolor y gozo del hueco de las perforaciones
Suma de vuelos, azarosa culminación
Fondo extinguido, animales sin compañía. Sangre única



IV


Nadie te salva, no es una misión al efecto
El logo que te cerca, el agua que te emociona
no están, no son, tú no los conoces
En una férrea prosa has leído tu verdad
has convocado a los que entrañablemente amas
y los has juntado en el hueco revelado
Ahora te denigras urdiendo y sangrando certezas.



V

(post-memoriam)

Dos mares llenan el hueco de la contemplación
El mar de los ahogados repite hoyo en hoyo
El otro mar sin barcos ni peces
Ninguno de los dos beberá de ti con pureza
Hay un mar que es la fruta de los saltos
su deleite. Nadie se baña en su propio mar
Aun los místicos, por acumulación se bañan en polvo de sal




SALMODIA DE LOS SALTOS



La Negación


Desando y tejo un abrigo contra la muerte, siendo un muchacho o un niño apenas, se me presentaron sus signos y referencias, me ocurrieron cosas comunes, como a las hormigas que se les atraviesa un pie, me desorientaron los aromas, tropecé con mis partes y jamás reconocí el hueco. De sima en abismo he visto a otros irse, mansos y alucinantes, postrados por su polemos, descubrí que toda muerte deviene en dulzura, blanca pacificación, nadie muere triste, media una entrega: se inicia un comercio horroroso entre el Ser y el no-Ser, la lucha, una agonía, toda una negación, algo que finalmente se negocia. El Ser se dulcifica en la entrega, la clave de la clave, el no-Ser recubre las aguas separadas: Todo queda en el fondo.


Los Huecos Negros


I

Arcaicamente hablando, el universo parece haber descubierto hace mucho tiempo el recurso de diversificación de la realidad mediante la transfiguración de la suma en dimensión. Si el universo no hubiese brincado de cualidad constantemente asistiríamos a la presencia inagotable de una misma cosa en toda parte; sería su ser infinitamente monótono. Esta reglamentación nos creo y sus normas se repiten en nuestros insaciables actos. La cotidianidad a la que ciegamente nos referimos contiene también particularidades universales.
¿Existirán todos los saltos que he percibido? Hay quienes consideren que los hoyos negros son los anti poemas de los vaticinadores del cielo. He empezado a percibir cabriolas en casi todas las cosas, la clave seria determinar el hoyo de todas las saturaciones, entonces recuperaríamos por las espaldas nuestra ensemillada vocación de alquimistas. Bajo esta ley, todas las cosas de la realidad y de la irrealidad están en un punto de acumulación, llegadas a un tope que desconocemos implosionan hacia una condición cualitativa distinta. Es la visión del salto de la cantidad a cualidad ya pensada por los otros... -- ¿Acaso los hoyos negros siderales no serán la cualidad posterior de una saturación de materia incontenible insoportablemente acumulada en el lugar interior que misteriosamente ocupa? A su modo, evidencia material realmente imposible de un salto de la cantidad a la cualidad, del transito que vincula y transforma la realidad en cualidad pura, en boca que se come lo existente y lo convierte en dimensión sin cuerpo, en hoyo de eternidad exclusivamente interna?..




II


La eternidad científicamente se representa como un cuerpo diáfano y los hoyos negros dibujados por estos soñadores azules devendrían en limitadas industrias de eternidades. Ah, la eternidad, finalmente apreciada como la cualidad brotada de la acumulación y salto de los tiempos.



La Eternidad


I

Llama la atención este acuerdo entre los tiempos y la eternidad, ahora totalmente relacionados pero absolutamente distintos. Los cuerpos temporales se atiban unos sobre otros hasta mas allá de lo infinito, allende lo imposible, en compleja madeja de igualdades (todos los cuerpos sumados habrán de ser metafísicamente vistos como cosas iguales) colman el espacio, todo el espacio, que no los puede contener, saltan y alumbran un lugar, un hoyo denominado eternidad. La eternidad generada es cualitativamente imponente. Desanda los pasos, por decirlo así, y quizás alcanza a borrar la huella de la acumulación que la produjo. A partir de este borrón, de esta desmemoria cualificativa, la dimensión o categoría llamada la eternidad pasa a ser el interior vivencial de todos los espacios y todos los tiempos posibles.

Algo similar se registra aquí abajo, en nuestras pequeñas y personales eternidades, la vivencia mística parece ser otro hoyo negro, o blanco o luminoso, entramos a un mundo de leche alumbrada, un resplandor lácteo que luego es un agua de cristal liquido, y así sigue. Hay quienes piensen que estos son los matices sensoriales, cuerpos virtuales, los colores inreferenciables de la otra eternidad, que también pasa a llenar en nosotros el interior de nuestra temporalidad. Pero adviene un salto entre el camino irremediablemente temporal que nos guía acumulativamente hacia la explosión mística y su resultado. La vivencia mística es el orgasmo del espíritu. Sobreviene en otro escenario paralelo el otro orgasmo, el otro hueco, hijo de la adición insufrible de deseos que al llenar el tope brinca a éxtasis, cualidad de lo místico, atemporal y clausuradamente distinto del mero deseo que lo procrea. Existen otros huecos.