lunes, 2 de julio de 2007

Augusto Bueno: poemas

(Erótica en azul: Gil Marosi)



La figura en el espejo


Tal vez no sea necesario tener que trepar
por el pecho de aquella imagen de Dios
—abrir la compuerta del paraíso
y entraremos en júbilo a beber la miel
Adán por Adán, Eva por Eva
en manos constructoras de lascivias—
he visto un dios del Egeo embriagarse
de lenguas y flores de luz
a un ángel redescubriendo sexo en paredes
y a un hombre hermoso riendo de sí mismo
—aquel olor de pureza febril
a medio día llega como olas
La noche no puede ocultar nuestra revelación
de seres completamente arrepentidos
y nos entregamos al vicio, plenos
de ver por esta vez las aguas
del goce de las mariposas.






Esta pesadez de hombre



Allí estoy en el tumulto cogiendo
a cada momento la oscura luz de la dicha
—acaso estaré enfermo mientras todo se mueve
hacia aquel torrente terrible y solemne—
las voces son cuchillos encestados en mis retinas de luz
nunca he visto a tantas gentes disfrutar de mi piel
muerden la fruta de mi torso
me inhalan desde las venas esta pesadez de hombre
—temo abrirme en el día
en las tinieblas la brisa tibia encuentra mi rostro
me envuelve, así poseo alas
y toco miembros duros—
mis amigos rechazan el loco correr de este desasosiego
y solo allí en el tumulto tengo la necesidad de ser
la tímida mujer de antaño.





Palacios de hojalatas




Maldita sea, frecuento el restauran chino, establecido en la Del Sol, después de alumbrar palabras en el Taller Literario del Viejo Centro, como amasijos, Caín, rodeos, sombras, postmodernidad y otras embestidas similares, a comer niños envueltos.
La tarde vaticina conciertos y es necesario ir a mi cuartucho de pensión, que es un hotel de cinco estrellas comparado con las chozas de hojalatas del Barrio Pastor.
Duermo bajo el frío artificial, las sabanas impregnadas de ciclamen y lotos acurrucan mi cuerpo.
El vino horas antes hacía la de vaciarme los sesos enfocando la materia que conmueve mi estado catatónico.
Esta pesadilla algún día tendrá que acabar definitivamente; aún no he sabido de un ser humano que haya soportado tantas penalidades ni que haya sobrevivido al horror de esta realidad, solo que a veces toma un sorbo de algo para aliviar su tormento como lo hago en esta circunstancia.
¿Terminaré entonces suicidándome? Este instinto autodestructor me lleva a ver infiernos posando ruidosamente, y de igual manera tan sutiles, sobre los habitantes de este mundo.
El estado extraterreno, al que me refiero, aparece como un paraíso azul, es lo que buscamos más allá de las estrellas. Esta contradicción latente, es sin duda lo que me hace levantar mi rostro, para resucitar las prisiones de los borrachos semimuertos en las aceras, hacia aquel paraíso. Pues hay tantos lamentos que el peso suspendido en mis retinas no soporta el criterio del Barrio.
¡Oh, lodo mío, espejo de mis presentimientos, balanza del infierno y el cielo, tan vieja y moderna de luces! ¡Cuánta Soledad bastará para calmar mi dolor en aquellos Palacios de Hojalatas!



20

En un café veo tras los cristales las siluetas elásticas de los Gatos. Cada voz distorsiona los trazos infringidos en el humo de la soledad. Pues hay gentes que emergen del espejo a murmurarme el peso de mi conciencia. No me dejan por más que les suplico. Todo se relaciona quejumbrosamente y solo una figura se escapa; la contemplo desde mi lejanía que abraza los gestos maltratados, quebrados de mi cara como si fueran latidos ausentándose breves.
Él me brota por los dedos, mas perdido, sonrío por la pasión de un féretro redondo que me espera. Me arrulla sin timidez, bruscamente, inspirándome temor, que no me pertenezco, sino absolutamente a Él; y un impulso ensordecedor aplasta mi voz cuando deseo gritarle que me deje.
Indignado sostengo esta alquimia que sube reflejada en la levedad de la Nada o como un Demonio comiéndose la Muerte.






La vasija de la ciudad



La suerte está echada en las calles
los hombres y mujeres ya no son
—cojo una vasija y orino en sus bordes
fumo un habano a la brisa
todo se desmiembra en el fondo
las mariposas beben de mi cuerpo
cuervos con sus gritos humanos
tajan las venas de un cielo plomo
la multitud se vierte en la vasija
sigo orinando las migajas
los espumarajos en regocijo se destruyen
construyendo vulvas y penes fornicando
los culos se contraen de ancianidad
la suerte está echada en las calles
mientras fumo y las mariposas beben de mi cuerpo



16


Sentarme aquí y pedir un café
pensarme mientras los visitantes toman fotos
cuando paso a preguntar a un muchacho afeminado
sobre el subir por las escaleras de una muchacha
de pelo revoltoso y del placer estético
que corta las pupilas de cada uno de ellos
—creo ver mi figura dilatarse en el cristal
el humo del cigarrillo envuelve mis dedos
que se escurren en los toques de las narices
poseo un temor no defraudado
en los seres que confían en las obras de arte
expuestas meticulosamente en las salas
ahora en los pasillos existen los residuos de las palabras
pero tengo pese a esta vorágine mental
un profundo temor enorme por no defraudar
a mis amantes en este cuarto devorador de imágenes







Sonrisa de agua


Aun existe la loca rondando desnuda
muy abiertos sus ojos lúdicos
el sexo estropeado por las luces clandestinas
ríe de agua en los capullos
le queda poco tiempo para irse a pescar
estrellas en la brevedad de la lluvia
junto a la humana ciudad
—palmotea a ciegas el muro escribiendo caricias
de repente sonríe largamente
al comprender que no envejece
que el reloj de su pecho poco importa
sostenerlo en los dedos
sino a la niña juguetona





Prostituto de infancia

La torre de tu carne
me sabe a otros anos
acostarme contigo
un dios a cada embestida
lo sabes sabandija
engañas mi dolor
mi verga retoña
inundándote el hueco
apetecido por los verdugos
de la ciudad
prostituto de infancia
ayer fuiste al campo
de las alondras y aun no llegas
si topaste al vecino te dirá mi engaño
—por qué coño un pedo—
no resisto a ningún engendro
burlarse de mis ganas
te perdono
siempre he sabido que tu sexo
sabe a muchas mierdas







Palabra de deseo


Perderse entre la misma agonía
ocultar los dedos
en las arenas de las calles
ausentar la memoria en lo servible
cuando el valor en el objeto
deja de ser
cansarse de todo
aborreciendo las madres:
EVA palabra de deseo
con mi mundo en su vientre


*

Descubierto mi pecho
desprendo la carne
dónde te metiste placer
solo fui a ver las mariposas de coral
y en mi sienes hay un hondo lago
prontamente sus charcos secarán
ven a beber cuervo del desierto
el polvo de este dolor malvado
dormido en mi escotilla arrugada
no tengo deseo de lavarme
en la luz de los puercos
sino de ti erguido y hermoso
vuelan mis pies aniquilados
tras tus saltos en las barcas
engáñame oscuro y dorado semental
seré de ti del todo y abandonado


*

Tus dedos saben a opio
y miras así mis frutos
caer amargos
ripio de dátiles
los vellos de tus muslos
no te aflijas bajo el sol
que hace tantas mañanas
brota en todos tus sueños
el aroma de los estanques
procura las almendras sufridas
yacientes en mi costado
el diablo dulce cela
y desvía el cauce del falo
hacia las cloacas de hemorroides
tu olor a ciprés fermentado
repta en mis intestinos
por qué has olvidado la escritura
en las alas de esta mariposa



Eva enamorada a los 14 años

El día era caluroso y oscuro
cuando la vi hablar con un caracol
y en la noche fría y perpetua
no dejé de soñar con las pupilas azules
desde entonces corren por mis venas
hormigas carnívoras
una tarde recolectando dátiles
vino a mí para tenderse en mi cuerpo
nos amamos severamente
y nuestros sexos
corrieron en las hierbas


Acerca de la Muerte

Mi pecho está lleno de luz
a veces resalta y resalta
y desea como algo vivo salírseme
voy a morir y la lluvia
transforma cada espacio de mi cuerpo
en mi corazón hay aves revoleteando
se encumbran, cantan, cantan dulcemente
aliviando este presagio
no tengo culpas y libre
de toda atadura dejé de temer
ahora sonrío frente a mi tumba
brotada en lirios y agua.

Morgue

No le ha devorado los dedos
la inmensidad de la noche
ni el día las voraces retinas
extrae explicaciones de abandono
me cuenta endeble la historia
le han dejado morir de intensa luminosidad
entonces y sólo entonces
es cuando canturrea el extraño tormento
de su piel plegada en el dorso de la mano.


La enemiga

La veo esparcir el humo
pide un cenicero
-habla de estatuas
quizás de esculturas de flores
de hombres cornudos-
el cuerpo meretriz se acerca
a una pintura de Botero
hay líneas y planetas rojos
verdes a veces naranjas
llenos de gravedad infernal
-ella entra varonil tendiendo
la alfombra de su voz
en mis tragos blancos-
la risa superficial baila
una música sacada de su lengua
grita y hace señas verosímiles
como seduciendo a los muertos
que han subido de senos traviesos
columbeándose en la fuerza
elaborada de Dios


Septiembre

Estábamos bajo el frondoso roble
como fetos totalmente dichosos
entonces la tormenta de septiembre
cubría nuestras bocas deseosas de flores blanquecinas
no quito de sus pezones mis dedos
de pronto era una egipcia como si viniera
de la ruina de un sarcófago
-aborigen recién salida del océano
prototipo de niña diosa inspeccionando el sexo incierto-
vagábamos por toda la tierra anchamente en regocijo
como artesanos hicimos del deleite nuestra obra maestra
septiembre siguió oscureciéndose
nunca dejó derramar una gota de nieve del glande
-atractiva se lanza olorosa de queso
a las corridas puras de una yegua en celo-
así mismos estábamos bajo los efectos de la dicha
como catadores de vino
entraba y retiraba parte de mí
en su carne dulce y caliente
gemía, gritaba… Ay!
septiembre era un torrente


13

Sepulto mi ofrenda en la criatura
dorada de la esfinge
abierta como un tierno postre
de avena y las sombras líquidas
son sus diminutos senos
la edad solar le sobra
bálsamo de placer juguetón
el sino de mi espíritu
arrugas perfectas como floreceres
lluviosos y caracoles erguidos
la poseen hostigadamente
bajo un manto tibio y delicado
-sólo por hoy sepulto esta flor
en el conducto de la vida
y residuos de mis genes
quedan en el fondo

Ciruela

-El estanque reposa
mientras manitas buscan renacuajos
el día es gris en el fondo
con ese hedor a perro corrompido-
voy hacia el hueco de las ciguapas
comedoras de pájaros vivos
quedo bajo los árboles
miro mi travesía plena
huyendo a salvar
la vida en la noche desierta
-posee todos los nombres
colecta fetiches y aborta
hay realidad tras los barrotes
oxidados de tu cuerpo
la ciudad había dicho
tus crímenes infames
tus hermanitas seguirán oportunas
amándose a tu dicha como lesbianas
los hombres han comprado tu boca
llena de nubes blancas
a esta hora estará drogada
consumiéndose a pedazos
ahora sé de tu edad entera
fabulaste la estatura de tus huesos
corroídos por el reloj del campanario
cómo niña adulta elaboraste
el espejismo del goce púber
desconozco tu origen fermentado
y te besaba (de modo cursi)
bajo los almendros bañados por estrellas
con rabia como si Dios
derramara lluvia de oro
sobre sus senos Dánae
palpé consonantes lívidas
vocales dulces de salivas agrias
y fue cuando la tierra empezó a tragarme
despidiendo un vaho a animal podrido
es desde tu vientre (lo sé)
donde se refugian los restos
untados de óvulos purulentos
-olí la muerte en cada poro-
te dolió tanto la última sesión
de revolcarnos como hienas
en el lecho putrefacto de hierbas y rosas
(se retuerce
es una lombriz seca debajo o encima de mí
grita-gime-inhala cocaína del aire
atrapa animitas
ánimas oscuras ascendiendo de la menstruación
reflejada en el lado oculto de la luna)
no recuerdo desde cuando estoy despierto
o si acaso yazgo entre sus piernitas
haciéndole cosquillas a la campana
tal vez he sido el malolor
escapado de su sexo
o que soy producto del sueño suyo
mi espíritu permanece enclavado
en mi dormir bocarriba
para no tener pesadillas
-abro la puerta de mi cuarto
y el busto rojo de la vida
galopa en un corcel alazán
viniéndoseme encima a arrancarme los ojos
he visto como el huerto se deforma
y como de ella sale
un chillido grave haciendo ecos



Anónimos


Se besaron hasta el inequilibrio
desnudos autoconsagrándose al placer
se abandonaron sin temor de pecar
sus sexos se frotaron arcanos
en la delicia espesa del polvo
poblaron sus carnes juveniles
de deseos escarlatas y amarillos
y era la miel brotando sin pausa
en aquellos jóvenes delicados
¾desde entonces todas las tardes
regresan anónimos a lo prohibido

Injerto

Se sumerge en la rosa
traicionando su sexo de varón
con muslos de muchacha hombre sueño
liándose a mi cintura ardorosa
como una agonía placentera
al deseo de la boca suya
a mis instintos de poseerlo
-vuela suave por mi pecho
la lengua hembra de niño
como el fruto del injerto-
desbarataría la realidad
de los goces obtenidos por vulvas
subiría en su voz grave
a deshojar los oscuros rincones del cielo
siendo dignos
-por sus glúteos firmes
baja el pulpo seco a mojarse
de aguas turbulentas-
son celajes arquitectónicos mi semen
fabricando en su vagina anal
cólicos y dioses amados
sueño y lo observo inventando
el sexo de mujer en los vientos
fiel a la entrega

Cuerpos ajenos

Sin entender buscamos sincronizados
el subir profundo hacia el exterminio del cielo
en donde allí por un instante somos únicos
-aquí estoy golpeando las paredes
resistentes a los embates
mientras tus flujos humedecen
el grosor blasfemo del goce
mis huesos deseosos son espejos
no palpo las líneas de mis córneas
aferrándose a tu dorso eterno
solo percibo caer por el hueco
condensado en negritud
vivo en catarsis no detenida
y veo incidentes prefigurados
como si viniesen de épocas distintas
una magnolia desflorada a media noche
quizá la luz eclipsada descendiendo
en sucesivas almas superfluas
de abismos y desnudos esotéricos
venidos de un país oriental
o de algún espacio lejano
donde fornicar en cualquier circunstancia
son los deberes del hombre
-toda la vida son figuras por redescubrir
es como si antes lo hubiese vivido
en mi dolorosa existencia de cuerpos
ajenos a un mundo paralelo y aniquilado

Tritones

Cómo diablos se me ha ocurrido
taponarme los oídos de silencio
con esta pestilencia ahogándome los ojos
las olas son aves moribundas levantándose
y las nubes veloces genitales
el viento en mi rostro devastándose tierno
es un cuento perverso la música
durmiendo mis brazos
todo el pecho anchándoseme
y me poseen inesperadamente
saltando en las aguas hombres cantores
voy erguido y humillado sin ataduras
a beber de sus labios
a liar en las escamas mi sangre

Adolescencia tardía

Vivo en un cuarto de retratos
donde Dios fornica consigo mismo
condenado a los olores del sexo
viajo a los círculos semipeludos
en una especie de bucle macizo
-soy lacerado por los síntomas
de la adolescencia tardía-
como rudimento me encierro
a ver si olvido la flor caníbal
para jamás ser penumbra lechosa
(un fracaso pendejo vivir
asexuado en este cuarto)
estoy de Dios condenado
a los olores del sexo

Debajo

Palpo la llaga con el silencio malogrado de mi sexo
el viento deja intacto y terrible los glúteos
de tu entrepierna surgen invisibles miradas
que buscan la blancura de la noche
hay fragancia de peces en desove
y acuchilla la esperma tus labios
como un ahogo del demonio en el sol
-está Dios en mis retinas inertes
devorando caliente el chorro anal
los intestinos se corrompen
como tiernos adolescentes gimiendo-
y miro mis manos adheridas a tus caderas
danzando extasiadas y olvidadas
de este cuerpo que fluye debajo

La literatura en la región del Cibao


La literatura en la región del Cibao

Por Máximo Vega

-I-

A finales del siglo pasado y principios de éste, como nos dice el antropólogo holandés Harry Hoetink en su libro “El Pueblo Dominicano”, Santiago de los Caballeros, la más grande ciudad de la región Norte, tenía sólo 10,897 habitantes de los más de 500,000 que se contaban en todo el país. En el siglo 19, durante una gran parte de los años setenta y ochenta, agrega Hoetink, Santiago y Santo Domingo eran más o menos de igual importancia en cuanto al número de sus habitantes. Es muy probable que Santiago mantuviese incluso una superioridad numérica con respecto a Santo Domingo, debido a su carácter de centro agropecuario. Sin embargo, nos advierte el antropólogo, el panorama comenzó a variar a finales de los años ochenta, cuando el crecimiento de Santo Domingo fue mucho mayor que el de Santiago “lo cual resultó en una población dos veces mayor al final de los años noventa”.
La desproporción demográfica existente entre el norte y el sur se puede medir cuando nos damos cuenta, además, de que también San Pedro de Macorís, ciudad del sureste del país, creció hasta convertirse en una ciudad de más de 8,000 habitantes debido al auge del azúcar.
Santiago contaba con dos bibliotecas públicas y una librería en 1906. A pesar de que era una comunidad absolutamente rural, y ocupaba su mano de obra en labores agrícolas, llegaban revistas y noticias de la metrópoli cultural de entonces, nuestro modelo artístico y cultural de la época, Francia, y más específicamente de su capital, París. En consecuencia, no nos encontrábamos tan aislados. Además, señala Hoetink que contábamos con ocho periódicos, cifra que no es tan desproporcionada si advertimos que la mayoría de ellos sólo tenía dos o cuatro páginas.
El ambiente rural era recurrente en la narrativa de la época. José Ramón López, nacido en el 1866, en sus Cuentos Puertoplateños se dedicó a recoger una serie de anécdotas de la vida cotidiana de su ciudad adoptiva (había nacido en Montecristi, pero fue criado en Puerto Plata) y publicó además varios ensayos acerca de la vida cotidiana, las costumbres sociales y familiares, alimenticias, etc., de los dominicanos, en un libro titulado La Alimentación y las Razas. Esas anécdotas y costumbres estaban indisolublemente ligadas a la tierra. Esta ruralidad continuará hasta escritores de la región que se han convertido en hitos de la historia literaria nacional, como sucede con Juan Bosch, nacido en 1909, de La Vega, quien se aventuró con un criollismo intuitivo en su libro Camino Real, inmensamente necesario en la República, debido a las condiciones sociales y políticas que se vivían entonces, durante la era del dictador Rafael Leonidas Trujillo. Bosch emigrará hacia Santo Domingo, y se exiliará en Puerto Rico, Cuba y Suramérica, en donde su literatura apenas cambiará, sólo que incorporará algunos cuentos cuyos ambientes se desarrollan en esos países.
Un caso muy particular es el de Virginia Peña de Bordas, nacida en Santiago en 1904, que escribió seis novelas cortas, todas ellas de inspiración romántica, y murió apenas a los veintiséis años. Estas novelas fueron publicadas póstumamente en 1978 por su esposo, Isidro Bordas, y su familia. También debemos mencionar a Manuel del Cabral y a Tomás Hernández Franco, ambos de Santiago y ambos grandes poetas, que también escribieron cuentos, aunque Hernández Franco de manera más escasa que del Cabral, y por caminos diferentes. Los cuentos de Franco son rurales y anecdóticos, casi estampas, los de del Cabral son alegorías, fábulas o cuentos influenciados por un simbolismo kafkiano.
Una gran cantidad de cuentistas de la región han hecho vida literaria en la ciudad capital. Algunos por motivos políticos (Bosch fue presidente de la República, por ejemplo, Tomás Hernández Franco funcionario del gobierno del dictador Trujillo), amén de que los intelectuales eran requeridos constantemente por los gobernantes, costumbre esta que paulatinamente hemos perdido. El traslado de algunos otros se debió al interés de poder estudiar y hacerse profesionales. Recuérdese en este sentido que la única universidad se encontraba, durante los primeros sesenta y tantos años del siglo veinte, en la ciudad de Santo Domingo. Loa demás, finalmente, emigraron por razones económicas.
Entre los escritores que emigraron podríamos mencionar a Aída Cartagena Portalatín, nacida en 1918, de Moca, que aunque no era cuentista escribió una novela muy conocida: Escalera para Electra; Virgilio Díaz Grullón, nacido en 1924, narrador, que emigró al principio a San Pedro de Macorís y luego a Santo Domingo; Manuel Mora Serrano, otro novelista, nacido en 1933, de San Francisco de Macorís; Hilma Contreras, que emigró a Francia, aunque paulatinamente regresó a su lugar de origen; Manuel Rueda, de Montecristi, Carmen Imbert Brugal, de Puerto Plata; Haffe Serulle, de San Francisco de Macorís, y otros muchos más.
Entre los que se quedaron en Santiago e intentaron hacer literatura desde sus pueblos originarios, tenemos nombres no muy conocidos. Se puede mencionar, por ejemplo, a Haim H. López-Penha, nativo de Santiago; Miguel Alberto Román, también de Santiago; Alfredo Fernández Simó, nativo de San Francisco de Macorís, autor de la novela Guazábara; Grisselle Senid, nacida en 1946 en Puerto Plata, autora de unos Cuentos Dominicanos; Héctor Amarante, de San Francisco de Macorís, Rafael Castillo, de Santiago, Premio Nacional de Cuentos con su libro La Viuda de Martín Contreras y otros Cuentos. Algunos escritores no tan jóvenes, aunque por supuesto no de esa generación anterior, han seguido emigrando a Santo Domingo, como René Rodríguez Soriano, nacido en Constanza en 1950, aunque ahora vive en la ciudad de Miami, Estados Unidos, uno de los cuentistas más perseverantes, más constantes en el género; Ángela Hernández, nacida en Jarabacoa en 1954; o Luis R. Santos, santiaguero. Desde hace algún tiempo, además, debemos empezar a hablar de los escritores que han emigrado a la ciudad de New York, o en general fuera del país, con destino hacia los Estados Unidos o no, como el cuentista santiaguero Juan Rivero, el también santiaguero Franklin Gutiérrez, el poeta y narrador santiaguero José Acosta, o el cuentista y novelista vegano Pedro Valdez, que emigró hace un tiempo a los Estados Unidos pero que ahora se encuentra radicado en Santo Domingo.
Recientemente, sin embargo, una serie de escritores han decidido formarse desde sus pueblos originarios, y esto explica la cantidad de obras que son editadas desde el mismo Cibao o la Región Norte, y la gran cantidad de narradores con un excelente nivel cualitativo y con talento que han ido dándose a conocer y se han destacado sin necesidad de emigrar. Julio Adames de Constanza, Eugenio Camacho de Moca, Pedro Camilo de Salcedo, Pastor de Moya de la Vega, aunque se encuentra residiendo en nuestra ciudad de Santiago; Mélida García (ya, lamentablemente, fallecida), Emelda Ramos, Manuel LLibre, que es uno de los narradores más lúcidos de su generación; Rafael P. Rodríguez de Santiago, etc., etc.
Además, la región ha dado a luz a los dos últimos “ismos” literarios conocidos en nuestro país: el Interiorismo y el Contextualismo. Nos referimos a grupos de escritores que sostienen manifiestos con reglas y consideraciones precisas y con límites que no deben transgredirse. El Interiorismo, cuyo portavoz es el crítico y ensayista Bruno Rosario Candelier, se ha expresado en ese sentido en sus documentos sobre la Poética Interior y, pese al nombre aparentemente excluyente del género narrativo, ha calificado como interioristas a Julio Adames, Pedro Valdez o Rosa Julia Vargas, también en sus trabajos narrativos.
Por otra parte, el Contextualismo, nacido en San Francisco de Macorís de la mano del poeta y ensayista Cayo Claudio Espinal, sostiene una retórica experimentalista que ha calificado el texto Serie de Senos, de Manuel Llibre, o la novela Ka-Luanri, de Héctor Amarante, como pertenecientes al grupo de los contextuales.
Así pues, de manera dinámica y abigarrada hemos descrito más o menos la evolución azarosa del cuento y los narradores de la región Norte, a través de sus figuras más o menos representativas. Pero, ¿qué hay de los textos, de la calidad textual, de la creación pura y la última generación de escritores de la región? ¿Qué podríamos decir no sólo de sus nombres, sino de sus características textuales?

-II-

La soledad y la angustia marcan el proceso creativo importante, así como el riesgo y la inseguridad posterior a la creación. Esto se pone de manifiesto cabalmente en los cuentos de las últimas generaciones de narradores. Sus características coinciden cabalmente con la definición de nuestra sociedad. Sus temas recurrentes son: la ciudad como un espacio que aplasta al individuo con su crueldad carente de emociones; la presencia implacable del mercado, que es una institución, y por lo tanto no tiene sentimientos; la violencia a veces cruel, sádica; el erotismo exacerbado. El lenguaje utilizado en los últimos cuentos cibaeños no tiene connotaciones rurales, sino que se encuentra influenciado por el habla urbana, barrial, o por anglicismos o neologismos extraídos del habla norteamericana, o más específicamente newyorkina. El lenguaje es descarnado, crudo, pero esto no tiene nada que ver con precariedad verbal, sino que representa fielmente nuestra realidad. Los temas recurrentes son la violencia, la sexualidad, las relaciones fallidas entre las parejas, aún entre parejas no tradicionales; la realidad cotidiana. Prácticamente no existen temas fantásticos y, a excepción del escritor mocano Eugenio Camacho, que ha escrito algunos cuentos fantásticos aunque ya ha empezado a variar su temática, la rutina y el fracaso pueblan nuestra literatura regional. En un cuento de Manuel Llibre, un tíguere de barrio viola con un taco de billar a la mujer que ama. En un cuento de Pastor de Moya, un individuo profundamente drogado sueña que da a luz murciélagos que debe amamantar. En un cuento de Julio Adames, una mujer se suicida en la tina del baño el mismo día en que asesinan a Jhon Lennon. En un cuento de Rosa Silverio, dos lesbianas viven un tedio tan terrible, tan preciso, que a veces nos preguntamos si son lesbianas verdaderas o decidieron simplemente experimentar para tratar de salir de la rutina. En un cuento de José de Laura, un hombre le busca excusas a todo el fracaso y el tedio que ha significado su vida a través del amor obsesivo a una mujer que ha idealizado, y que nunca lo ha querido. En un cuento de José Acosta, en New York, un individuo ingenuo, inocente, que posee poderes sobrenaturales, es echado de todas sus propiedades por el poderoso Estado norteamericano, y en el Central Park se decide a sembrar rosas que brotan de sus pies cuando camina descalzo.
Los temas rurales se encuentran prácticamente exiliados de los últimos cuentos cibaeños, así como el criollismo al estilo de Juan Bosch. Pero debemos recordar que la literatura de la región del Cibao no se encuentra aislada de lo que sucede en el resto del país. El Cibao no es una nación, no es un estado independiente, es una región de un país que se llama la República Dominicana, y se encuentra inserta en toda la literatura que se hace en este país, incluyendo la de Santo Domingo. Y recordar también que nuestro país pertenece a un orbe culturalmente sincrético, mestizo, llamado el Caribe. Es incierto, me parece, que la literatura capitalina sea diferente a la literatura cibaeña, aunque existe entre nosotros un extrañamiento sospechoso y dañino. La literatura del país es de toda la República, no sólo de Santo Domingo, y es por esta razón evidente que no se quiere aceptar que los centros urbanos han empezado a perder calidad frente a las periferias.

-III-

Auguramos, pues, un gran futuro para el cuento en la región del Cibao. Esta consideración es evidentemente interesada, puesto que yo soy cuentista, y también soy del Cibao. Ahora bien, ninguna actividad actual tendrá algún progreso social, sino se encuentra ligada a la principal institución del capitalismo: el mercado. El proceso de impresión de un libro es dificultoso en nuestro país, más aún en nuestra región, pero lo es más el proceso de distribución y venta de un volumen. Al mismo tiempo, se margina a los escritores cibaeños de las Ferias nacionales, o de los proyectos literarios nacionales. La calidad no puede ser esgrimida como excusa a esta situación absurda, puesto que la realidad demuestra lo contrario: los últimos concursos de literatura nacionales han sido ganados por santiagueros. Por ejemplo: José Acosta obtuvo El Premio Nacional de Novela y el Premio Nacional de Cuento el mismo año (anteriormente ya había sido Premio Nacional de Poesía y Premio Nacional de Cuento de la UCE); Edwin Espinal ganó el premio al Libro del Año de la Feria Internacional del Libro 2006; Luis Córdova obtuvo el Premio Nacional de Cuento de la Sociedad Renovación de Puerto Plata; yo gané el Premio Unico de Cuento en el Concurso Nacional de la UCE; Fernando Cabrera ha ganado ese mismo concurso en el renglón de poesía; Gregorio Espinal obtuvo el Premio de Poesía Joven de la Feria Internacional del Libro 2006; Rosa Silverio ganó un Premio Internacional de Poesía en Italia: todos santiagueros. A Pedro Valdez, un vegano, el destacado director de cine mexicano Arturo Ripstein le filmará su novela Carnaval de Sodoma; Manuel Llibre apareció en la revista española Qué leer, como un representante destacado de su generación y de los escritores dominicanos en general. En una antología literaria destinada a estudiantes universitarios de México y Puerto Rico, preparada por Vivian Auffant, investigadora puertorriqueña, los dos escritores más jóvenes son dominicanos: Pedro Valdez y yo, Máximo Vega. Entre la cantidad de escritores escogidos (entre ellos Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Neruda, Vallejo, Borges, Cortázar, Juan Carlos Onetti, Carpentier, etc., etc.), sólo hay tres dominicanos: los dos ya citados, y don Juan Bosch. Es decir, el problema, evidentemente, no es de calidad, sino de descentralización.
El problema de la Literatura regional no es, pues, creativo, sino mercadológico. La centralización capitalina (el eterno problema de las provincias) hace imposible la competencia en igualdad de condiciones. Las instituciones regionales deben, por lo tanto, buscar sus propios medios de publicación y distribución, a nivel nacional e internacional, independientemente de Santo Domingo, la ciudad Capital.
Ahora bien, ¿por qué nos interesamos en este problema sociológico, mezclado alevosamente con un problema estrictamente literario? Porque esta centralización nos muestra una discriminación, una injusticia, y, como toda discriminación, es dañina, debe ser corregida. Y pensar en la literatura como algo absoluto que trasciende al propio ser humano me parece que es –lo he repetido en mis ensayos constantemente –un gran error.

lunes, 25 de junio de 2007

Rei Berroa: poemas

Rei Berroa dentro de una instalación en el Museo de Arte Moderno de Venezuela







Rei Berroa (Gurabo, Santiago, República Dominicana, 1949). Es autor de una veintena de libros de versos, antologías y de crítica literaria, entre ellos: Libro de los fragmentos y otros poemas [Caracas: El Perro y la Rana, 2007], Book of Fragments [Calcuta, India, 1993] (traducción de su Libro de los fragmentos [Buenos Aires, 1988]), Los otros [Santo Domingo, 1981], y Retazos para un traje de tierra [Madrid, 1979]. El resto de su obra poética se encuentra dispersa en diversas antologías y revistas literarias de Europa y América. Está de camino en la Universidad Central del Ecuador su libro Palomas pensajeras en la colección que allí dirige el poeta Iván Oñate. Tiene también en preparación los libros Los aguafuertes del amor, Libro de los dones, Obsequios entrañables y Libro de los oficios. Como crítico literario ha publicado multitud de artículos de pensamiento e investigación en libros y revistas especializadas de Europa y América, además de los libros: Ideología y retórica: Las prosas de guerra de Miguel Hernández (México, 1988) y Literature of the Americas (Dubuque, Iowa, 1988). Para la Revista Iberoamericana, dirigió en 1988 el número especial dedicado a la crítica literaria en la República Dominicana, que será editado este verano en forma de libro por el Banco Central, junto con otro volumen crítico de los últimos 25 años de la literatura dominicana. Antes había editado el homenaje que le hizo Cuadernos Americanos [México] a León Felipe (Número 45, mayo-junio, 1986).
Recibió su doctorado en filosofía por la Universidad de Pittsburgh en 1983 y desde 1984 enseña crítica literaria y literatura española y del Caribe en George Mason University, Virginia. Ha sido el profesor consejero de la revista Hispanic Culture Review (1993-2006) de su universidad y, desde su fundación en 1991, el asesor literario del Teatro de la Luna de Arlington, Virginia, EE.UU. Allí, con la dirección del Teatro, coordina cada año el Maratón de la Poesía: dos días de festival poético con poetas de todo el mundo hispano. Ha publicado varias antologías de este Maratón: la del 2001 editada con el poeta mexicano Margarito Cuéllar y publicada por el sello editorial Verdehalago, de México, con el título: Poetas en la Casa de la Luna (2004), la del Maratón del 2005 bajo el título Voces y memorias de la Luna (Santo Domingo: 2006) y la del 2007 Cauteloso engaño del sentido (Santo Domingo, 2007). Con el poeta Tracy Lewis de Nueva York prepara una edición bilingüe del Maratón del 2004 y una antología bilingüe de su propia obra. Trabaja en un libro sobre Lorca en Nueva York para el cual ha obtenido un año sabático de su universidad y para la editorial El Perro y la Rana, de Venezuela, está escribiendo también una antología sobre literatura del Caribe en Estados Unidos, otra sobre literatura contemporánea en República Dominicana y un libro sobre Miguel Hernández. Fue uno de los fundadores de la revista Mundo de México en 1986 y de los grupos político-artísticos DC Poets Againts the War y Paraesolapalabra de Washington, DC. En el año 2005 fundó en el Centro para las Artes de Arlington un taller de mentoría y concurso bilingüe para poetas no publicados de toda la zona este de los Estados Unidos. Rei Berroa Reside en Virginia, EE.UU., con su esposa, Ana, y su hija, Olivia.



TRES VARIACIONES SOBRE EL TEMA
DE LA PAZ Y LA PALOMA

I
Es tanta la paz de una paloma
que dicen los expertos en la paz
que sólo bastaría una paloma
para traer sobre la tierra toda la paz
que buscan los humanos sin saberlo.


II

Son tantas las palomas de la paz
que dicen los expertos en palomas
que sólo una paz sería necesaria
para atraer a todas las palomas
que buscan al humano sin remedio.


III
Si la paz se vistiera de paloma
dicen los expertos en humanos
con una sola paz nos bastaría
para darle sus alas a la tierra
haciendo del humano una paloma.

No es mucho pedirle
a la paz o a la paloma.


ASEDIO AL ODIO


Todos tenemos una partícula de odio
un leve filamento dorando azul el día
en un oscuro lecho de magnolias.

Mario Bojórquez, “Casida del odio.”



¿Cómo resolver el mundo con palabras
que sean a la misma vez incendio y chaparrón,
mordisco en carne viva,
en el corazón aguja, infarto o latigazo,
en el hueso quebranto, inflamación o quemadura?

Donde antes escribíamos nido,
abrazo, verdad, algarabía,
una sola palabra llena ahora ese vacío.
Una sola palabra,
dos sílabas pitagóricas, infinitas,
tres anulares letras, afilada una,
palimpsesto del azar hacia el oído.

¿Cómo, entonces, sobrevivir a la angustia del momento
si la congoja de la vida con sus adiposos cantos
parece acumular en nosotros más sinsentidos
que la zozobra de los ramos enjutos de la muerte
con sus exigentes desventuras?

Donde antes,
alentados por la ilusión de pensar
que era posible subir a la rama
más alta del monte y allí
horadar el cielo a picotazos
añorando el aire, la tierra, sus campanas,
vivimos ahora escondidos en cornisas,
secos palomares donde nadie puede
golpear sus alas al ritmo de un badajo,
o llevar algún consuelo más allá
de nuestro tiempo y sus fronteras.

¿Qué hacer para vencer al odio
que ha venido ocupando una a una

las rendijas por donde antes
le soltábamos las riendas a la risa?

Para acabar con él, ¿qué valdría más?
¿Un arañazo en el pulmón de quien lo crea,
un pulmón hecho pedazos con las uñas del deseo
o los garfios de un pulmón desmantelando
las minas que han quedado agazapadas
en los orígenes del miedo, en sus cimientos?

Donde antes la sangre daba vuelcos
enarbolando sístoles y diástoles y labio alado,
donde espantábamos al hambre y la estulticia
creyendo haber logrado un paso más
en la quimera de hacer de la tierra
un palpitante corazón
lleno de panes, puentes, esperanzas,
no queda más que una herida abierta que engendra
porfía, purulencia, incertidumbre.
Los pasillos por donde antes
serena subía la savia
para darnos aliento
y lanzarnos a volar
sin la amenaza del paso del tiempo o de la historia
son ahora recorridos por gases
virulentos que nos hacen desconfiar
de nosotros mismos, de nuestra sombra.

¿Qué hay que hacer
(puede alguien, por favor, decirme),
qué valdría más hacer para vencer al odio?
¿Un escupitajo que caiga irreverente
sobre el vientre preñado de una idea,
una idea imprevisible que seque de golpe
la saliva contra el vientre descarnado de la noche,
o un vientre que escupa desbordante sus ideas
contra el bagazo pegajoso del rencor
y su abundancia en el presente?

¿Cómo resucitar la verdad
vejada cada día en la pantalla o el periódico?
¿Adónde reclamar que vuelva la justicia
a mostrar sus macizos pechos generosos
y que regrese de nuevo la palabra
a ser el reloj que nos marque la hora
de la mortalidad, pero sin mutilaciones, sin horrores?

¿Cómo resolver con acciones o palabras
–vuelvo a preguntar y ya me callo-
el conflicto del abrazo
si es el odio el que ha venido ocupando
puntada tras puntada
los renglones donde antes escribíamos
los hilos del amor y de la vida?





SENSUAL ACOSO


Cariñitos de un instante
y no volvernos a ver
“La verdolaga,” canción popular (Rubén Fuentes)


Aquella mujer en flor que vino a casa
casi a media noche, lleno el pecho
de palomas pensajeras como si fueran sombras,
como si fueran el latido de muchos hornos encendidos
y trajo abierto su pan, mojada la lengua
y preparada ya su levadura,
y a la que yo también le abrí mi chimenea
para que no tuviera frío ni sufriera
de ausencia o soledad o desvarío,
contenta me ofreció lo que traía.
Se sentó en mi mesa,
se bebió mi vino,
nuestro pan a partes iguales compartimos,
conmigo cantó canciones de amor
y yo me acurruqué en sus valles como pude.
“Acosémonos, palomo,” me dijo,
y allí mismo nos palomizamos acosados.
Las sábanas y los sentidos temblaban
como hojas ruborizadas por la lluvia.
Deshilvanado el pulso, echóse a galopar,
colgados de los pechos de la noche
montamos las deliciosas naves de los locos
como impúberes hambrientos que logran
matar por una vez remotas hambres
y volamos en busca de Alamedas.

Fue el mismito Malecón el primer escenario
de nuestras fechorías. Olas en la bruma,
halos en la espuma, el arrecife hecho pedazos,
las puertas del mercado, deslucido el obelisco…
Todo se encendía al sacudir de las caderas
que rompían todas las cadenas del deseo
y de un golpe el apetito saciaban al ritmo
de la güira y la tambora haciendo llover historias
tejidas al hilo del vivir, al hilo del morir
como si fueran dos carreras del mismo acordeón
en un danzar que era una sola y misma dentadura.

Remamos en Quito un tiempo sobre el lago
antes de ser atravesados por una punta de lanza
que se clavó en la orilla y nos dejó soñando.

En Lima nos amamos con Chabuca de testigo
que salía al balcón en busca
de una flor perdida en la canela.
De ahí a Santiago, en el mismo rojo banco
en que aquel once de septiembre
habían caído muertas en mis brazos
dos palomas abrasadas,
dos palomas que un dos de octubre
habían escapado a la masacre
de las Tres Culturas, Tlatelolco,
haciendo escala, como nosotros,
en todas las Alamedas y poniendo
sobre aviso a los amantes:

¡Que llega la muerte
montada en sus aviones invisibles
y trae pergaminos que quiere que firmemos
a cambio del aceite de nuestras rocas
y de formas de gobiernos
que dicen ellos haber inventado últimamente!
¡Que ahí viene la muerte
y hay que escapar de la indignidad
del hombre que vende su linaje
por un plato de lentejas
y luego se masturba en medio de la calle,
a solas, en el templo, en la oficina
con el nombre de Dios atravesado
entre la lengua y la garganta!

Siete días, siete noches después en mi buzón
dejó el cartero un documento bien sellado
según el cual se me culpaba de sensual acoso.
Tenía cuatro días, cuatro noches
para comparecer ante mi acusación y sus agentes.

Me indultaron doce meses después
por falta de pruebas y testigos
y porque descubrieron, después de cien torturas,
que quien había levantado testimonio
en contra de mis fechorías
no tenía nombre ni apellido,
ni habían podido dar con ella o él
en ninguno de los libros
del Estado o de la Iglesia,
del tiempo, del deseo o de la injuria.
Que era probablemente otra persona más de ésas
que se escapan de las páginas de un libro
y creen en verdad que son o fueron
o serán tal vez un día.

Evidentemente
no mostré la cicatriz que tengo aún viva
en el lado izquierdo de mi sombra,
ni he vuelto a pronunciar una paloma más
a la oreja de Cupido.

¡Y yo que había pensado
que no éramos barcos de vela ni muchachos
varados en Edenes, en Comalas, en Macondos,
sino un fluir de luces en la historia,
un delicado aleteo de besos
caídos en los altares de este polvo ceniciento
del amor y sus vacíos,
del desnudo, de la nada!




CÁNTARO QUE CAE


A pesar de que el barro es su materia
y le contiene
un hombre no es simplemente un cántaro que cae
vertigoso,
estridente,
compungido
sobre lo duro de la tierra
para luego quebrarse en mil
bondades
inalcanzables todas
para la delgadez del aire.




LOS ATUENDOS


No te arrodilles para vivir.
Desnúdate:
Precisarás para tu viaje variedades de vestidos
que te ayuden a vencer las cuatro edades.

Deshaz tu corazón de fiestas vanas.
Descúbrete:
Nadie podrá cortar con sus normas y mantillas
la túnica inconsútil de tu cuerpo irrepetible.

Despójate de cruces y campanas.
Descálzate: No tienes que buscar
en los armarios de la tierra sandalias
que desprecien tu contacto con la calle o el vivir.

Echa al aire tus pellejos resonantes y camina.
No le des cabida al odio, ni a la envidia o la mentira.
Acude a tus reuniones en la casa, en el aula o el oficio
respetuoso, informado, concurrente.

Pero nunca te arrodilles para vivir.

Las madres elementales ya cortaron los retazos
que usarás todos los días dignamente:
ésos son tus brazos, es tu boca, son ésos tus recuerdos.
Con llanto has irrumpido por no saber lo que pasaba
y te irás sin descubrir el para qué de tu vivir.

Hilvana tu atavío esperanzado en saber
que llegarás a descubrir con el paso de los años
el traje que le venga mejor a tus hombros y cintura,
a tus muslos, la entrepierna o las axilas. Ya verás
que con piezas de vacías o repletas coincidencias
amarás el existir
que irás tejiendo y desliando día a día en la corriente…

Pero no te arrodilles jamás para vivir.





CON RESPECTO A CIERTA ACTIVIDAD DE LAS PALOMAS


Desde Lincoln a Lenín,
de Bolívar a Zapata,
las estatuas de los héroes
masculinos de la tierra,
los matriotas,
profanadas están ya para siempre
con el gris inodoro que le adorna las cabezas.

Responsables de este ataque al templo varonil de nuestra patria
son las pacíficas palomas
que vindican -quieren hacernos creer que sin saberlo‑
el lugar que ocupan en el alma de la gente,
las inútiles estatuas levantadas por el hambre del político
al ilustre varón que le sirve de carnada.
Así le llenan a este pueblo la mollera
de babosas esperanzas y promesas incongruentes.

)No será eso lo que piensan las palomas
al venir y posarse sobre el cráneo de la estatua
y allí llevan a cabo cierta actividad que nos destruye
la idea que teníamos, tan sagrada, de los héroes de la patria?



PROMESA PARA CUMPLIR EN LA VIDA
Y QUIZÁS TAMBIÉN EN LA MUERTE
SI NOS FUERA PERMITIDO Y NECESARIO


Profanum vulgus deperio
et obviam ei procedo
[1]

[Contrariando la manera de Quintus Horatius Flaccus]



Venturosos sean los pechos que me han traído aquí,
en este estrado y ante ustedes, compañeros
de todas partes y por tanto tiempo,
amigos en la hora de la lluvia y la sequía,
de las serenidades y las turbulencias, hermanos
de este pobre y dichoso convivir de un hombre como todos,
carne de su propia carne, piel
de su propia piel y su palabra.

Con ustedes quiero engendrar la alegría,
la misma que nos sorprendió cuando cruzamos
agobiados los canales de la vida
aquel remoto primer día en que lloramos
al abandonar el vientre luna llena,
el vientre flotador de un agua oscura y viva,
puerta estrecha a través de la cual luchando, luchando
irrumpimos en la luz con gritos estridentes
de protesta contra el cielo, crispado
el nervio central en donde se esconde agazapada
la semilla de nuestros sueños y esperanzas, maravillados
de que tan corta trayectoria pudiera provocar
un viaje tan largo y tan pesado.

Con ustedes que han hecho de estos días
una sólida suma de rostros arcillados
y manos y pies llenos de surcos
donde dicen los que saben
vienen marcadas las horas que nos tocan compartir
en este palmo de tiempo que hemos alquilado.

Las flores quiero convocar aquí también
del mango y el guayabo, del cerezo y jazminero,
pues con ellas me colé en la edad de mi respiro
la sangre a chorros resbalando por el cuerpo
sorprendido y en sollozos sin saber
qué hacía aquí desnudo y por qué
todos alborozados me miraban.

Con ustedes quiero ahora echar una ojeada
a lo que va, a lo que viene,
a lo que pasa en esta misma ráfaga de sol que es este día,
a lo que pasa con las letras que juntamos
para crear nuestras palabras, flamboyanes
del sentido, margaritas, beso y más amamos,
todo retorcido en las raíces de la especie
por donde vamos a hacer que fluyan
ríos de luz y de perfumes, no de sangre.

Pero no todos podemos evocar
nuestra entrada triunfal al vivir de esa manera.
Por eso estoy aquí,
para pedirles una eternidad
encerrada en el instante de esta confluencia
que ahora compartimos.

Sólo ansío que me den el fulgor de algún relámpago
que se quede con nosotros todo este milenio
sin ninguna vez debilitarse.
Sólo pido que me ayuden a no olvidar jamás
los muertos de Madrid, de Chiapas, Tlatelolco,
las silenciosas víctimas de Chile, Quisqueya o Argentina
cuyas madres buscan todavía
el sonido familiar de sus huesos en el álbum fotográfico.
Hay más de medio millón de muertos en Irak,
padres abrazados a sus hijas, madres, viejos,
niños con la cartilla escolar apretada a la cintura,
esposos, novios que fueron carpinteros del amor
al momento de caer sobre ellos las ciegas
bombas inteligentes de los que han creado
el sucio negocio de la guerra
guadañas de muchas casas blancas.

Hay más de medio millón de muertos en Irak
que no saben qué hacer con sus huesos y gusanos,
los 3.000 muertos de Manhattan vengados ya doscientas veces,
y luego -¡Ay!- cadáveres flotando por las calles de Big Easy,[2]
sueltas las aguas del Río Misisipi
como sabuesos desplegados para acallar
los saxos y las flautas de cien años.
10.000 despojos de suspiro flotando como boyas
atadas al mar de las incompetencias y el engaño
―¿dónde estás ahora Walt, viejo inmortal, que te necesitamos?
Y tú, Satchmo, ¿cómo no marchaste alrededor de las murallas
haciendo sonar las trompetas de la vida para evitar
tanta miseria en el corazón del jazz, en sus arterias?―
mientras ellos se escondían de la peste que habían provocado
en su búnker de Tejas y mentían otra vez
y jugaban con nosotros y reían a carcajadas
seguros de que allí seguirían impunes
sin que nadie pudiera revelar
dónde tenían escondidas
las armas que se habían inventado
y proclamando victoria
sobre un montón de cadáveres inertes.
Desde su búnker de Tejas escupían
el rostro de los muertos del Río Misisipi
que flotaban como boyas
marcando los límites de la verdad y la justicia.

A pesar de las heridas, las torturas, las matanzas,
y esta incurable negra sombra que llevo aquí
en el pecho en el ojo en el oído
como una cicatriz petrificada,
he traspasado estos umbrales de dolor
señalando la agresión del hombre contra el hombre,
para poder desembocar ahora en ustedes, hermanos,
y celebrar el beso y la canción a toda costa.

Necesito sus picos, sus azadas
para sembrar un pedazo de alegría
del que no nos podamos cansar nunca
y con él tomar posesión de un retazo de mar
donde estemos con los que amamos,
estos versos irreductibles y las guitarras.

Si ven alguna vez que mis ojos no sonríen,
si sienten que mis manos
no están desplegadas como yuntas al vecino,
si advierten que no estoy todo pendiente
a su lado en el sendero,
si no escuchan el respiro de mi aliento,
si mis lágrimas no oyen
que golpean la arena y la remueven
cuando la mesa compartamos del dolor en las raíces,
si no consiguen que mi humanidad regocijada
estremezca la galaxia
cuando el abrazo me pongan sobre el hombro
para aquél que nace y vive y muere a solas,

despídanme de la luz, de la mar, de los amigos.

Yo escogí para siempre al camarada, a la otredad, a la alegría.





[1] Amo a la plebe profana
y la busco y le salgo al encuentro.

[2] Nombre con que se conoce a Nueva Orleans en los círculos de jazz. Literalmente significa “la gran suave,” por la forma de vivir de sus habitantes, o también “la facilona,” por su celebración de la decadencia.

sábado, 23 de junio de 2007

Ramón Peralta: poemas

(Galatea de las esferas: Dalí)



Ramón Peralta. Poeta y editor. Nació en Santiago, República Dominicana, en 1965. Se graduó con honores académicos de Licenciado en Educación Mención Filosofía y Letras, en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Es una de las voces más altas de la poesía dominicana.







eternidades


para Anitsuga Zeravat,

ochenta y tantos años regresando a la niñez.


prólogo



si estas líneas empiezan otras líneas que nunca han sido dichas,

realmente, comienza la poesía

si estas líneas no dicen un después, si no saben abrir,

han sido sólo un juego, una vieja mentira

entonces, el olvido —toda la indiferencia— han de ser el único

trofeo que han ganado.



campanas a la luz



detrás de la palabra hay sólo la nada



eternidad del misterio

(hay una dicha en el espanto que todas las cosas tienen)



y un día uno entra a la casa y cree haber perdido la duda

y el amor y el idioma al fin conocen su jaula

y el misterio se convierte en otra siempre rutina

y el laberinto termina como un juguete sin magia

satisfecho poro en tinieblas (porque ya no hay espanto)

uno mira sin horror lo definido

y nacen la paz y el tedio de creer que ya todo está dicho

pero pronto un miedo nuevo nos devuelve hacia lo incierto

ya no cabe el misterio en el nombre que le dimos

y uno vuelve a tejerle otra medida al misterio

y con certeza uno palpa la palabra que lo encierra

y otra vez surge el silencio que jamás ha dicho nada

pero pronto uno descubre que ha sido vano el lenguaje

que la casa es otra casa cada vez que siente un hombre

porque más crece el misterio cuanto más intenta uno

detenerlo en la palabra.



círculo



sólo el círculo ha encontrado de frente la cara de su espalda

ha derribado el enigma de la sombra,

únicamente el círculo conoce su destino de memoria

únicamente el círculo nos envuelve en su viaje

para suicidarnos en cada encuentro consigo,

únicamente el círculo hace posible la vida

sólo el círculo no puede escapar de sus redes

sólo el círculo muere con nosotros para siempre



fertilidad



tu vientre la escalera que de repente no acaba

subo por tu vientre y me convierto en tus senos

tus senos la escalera por donde subo al recuerdo

el recuerdo la escalera que es tu vientre

tu vientre la escalera por donde subo hasta mí



horizonte



cada vez que salgo dejo en el sillón mi foto

(lo que en ese instante soy)

entonces, ya en la calle mi carne se abre hacia su fin

y una voz que es sólo ruido en mi voz comienza a hablar

hasta que lo incierto abarca de pronto todo mi nombre

pero a pesar de todo, mi carne puede volver

y abro, entonces, la puerta y veo sobre el sillón

la foto de un hombre extraño

que me pregunta siempre: pero, ¿quién eres tú?



eternidad del amor



contigo empiezo a darme un beso en lo imposible

a chocarme los extremos en mi locura

contigo empiezo a ser no sólo piedra, cloaca, flor

empiezo a ser las mil contradicciones que surgen en el

punto

lectura de mi carne aún sin alfabeto

sabio que descubre la otra rima de asesino y destino

contigo empiezo a ver la muerte como un sueño sin ojos

todavía

a no encontrarle metro a la soledad y la risa

contigo empiezo a ser lo nunca

contigo empiezo a no empezar.



la copa



entonces uno toma la copa, la llena, la bebe y nace ella

y como ella no puede sostenerse en la memoria de nadie

uno vuelve, toma la copa, la llena, le bebe para que ella

vuelva

y como ella no puede quedarse a esperar la muerte

una vez más, uno toma la copa, la llena, la bebe y ella

regresa

y ríe y hasta habla del dolor

y como a ella le aterra lo mismo, se burla del tedio,

entonces uno quisiera tomar la copa,

llenarla, beberla para ver qué continúa

pero la copa no puede seguir sin contenido

entonces uno comprende que ella muere en el vacío



otra aritmética

(tal vez lo impuro empiece en la razón)



veinte es el número más largo que ahora existe

naciendo de la lluvia que brota de un delirio

empezando a volar en donde todo acaba

veinte, el misterio que una frase devuelve a mi carne ya ida

—¿Como cuánto me quieres? —como veinte



cierto día



de repente este día ha perdido su nombre

era lunes ayer, pero sé que hoy no es martes,

mis manos son ahora un espanto en mi carne

y ese siempre sin fin ahora deja de ser

cada cosa ya es solamente misterio

esta palabra agua nunca ayer la bebí

este día es la puerta, por fin, sin dibujar

este día termina si es que encuentra su nombre



eternidad de la flor



no ha dejado de ser la flor al marchitarse

aun siendo engullida para surgir otro azar

y puesta desde siempre entre dos hojas de amor,

ausente de perfume la flor crea un dibujo

y su lejos color piensa una mariposa,

no espera resurrección, idea vana,

la flor se sabe eterna y continúa naciendo



eternidad del vaso



el vaso cae y corre hacia un suelo mortal

la mano que lo pierde ignora qué cosa piensa

importa nada ahora si es leche o alcohol quien dibuja su

cuerpo

el vaso se ha visto —abajo— roto en veintiún pedazos

—la muerte debe ser una gran dispersión—

el vaso sueña la mano y a sus dedos vuelve a atarse

equipara suelo y mano y todavía es eterno



biografía del olvido



no hubiese muerto sales si al menos hubiese recordado

que entre el agua y el fuego la muerte pesa la mismo

sólo cuando olvidaba la lluvia su piel se humedecía

entre tanto fuego sólo podía quemarse cuando ignoraba las

llamas,

sales murió (ahogado) a los 14 años de un sábado sin fin

no porque ese fuera algún deseo de dios

sino porque olvidó que el agua, a pesar de su milagro,

esconde bajo su transparencia un asesino de una memoria

terrible



voces



una culebra escribe culebra con su cuerpo y se termina

su epitafio es el nombre que sólo su voz descifra

garabato de muerte, aureola del asco, el hombre supone

porque el hombre sólo cree en la escritura que inventa

la culebra se termina con su última palabra

todo su horror y juguete en su nombre queda atado

el hombre ignora lo que escribe una culebra con culebra

porque aún sólo descubre su escritura en el espejo


jueves, 21 de junio de 2007

Dionisio López Cabral: poemas



Dionisio López Cabral (1956-2006). Ensayista, poeta y animador cultural. Hijo del periodista Antonio Sosa Cabral y de la señora Dorca Dolores López de Salbonette. Fue asistente de la página literaria del diario La Información, coordinador de actividades del museo Don Tomás Morel, gestor cultural de la Secretaría de Estado de Cultura. Ha recibido distinciones y honores como poeta distinguido de la ciudad de Santiago. En el 2000 el colegio Cardenal Beras lo reconoce como eslabón perdido y paradigma rescatado de la poesía dominicana; el colegio Padre Emiliano Tardiff bautizó su concurso anual de poesía con su nombre; el taller literario Virgilio Díaz Grullón del CURSA-UASD le reconoce sus aportes a la literatura. Fue miembro divulgador del Movimiento Contextual. Publicó los libros Soles de Agua (poesía), Memorias Poéticas de Santiago (ensayo), Del Barro a la Identidad (ensayo), Alegoría Vital (poesía).



POEMAS



ORIGEN



Durmiendo empiezo a crecer

todo mi cuerpo despierto

es una fantasía.

El origen del ritmo

lo conocí en sueño.

Dejar de soñar

es dejar de existir.

Si pienso en cantar despierto

ahí muere mi voz.



ENIGMA


El enigma

de la lluvia

es morir

para ser flor.



OCASO




Al presenciar

la muerte del ocaso

¿Cómo olvidar

los viejos de la casa?



REGRESO




Soy el otro

que Borges no ha leído.

Esquirla de un cadáver

dormido en el regreso.



PAISAJE




He aquí el paisaje del sueño

donde los sonámbulos danzan

y la algarabía es sólo sombra

del horizonte sordo de los muertos.

He aquí el paisaje del sueño

dibujando oscuros gritos

de hombres sin voces.

He aquí el paisaje del sueño

donde una voz muerta asoma

en busca de su destino sepulto

en el jardín de las flores despiertas.



(De su libro Alegoría Vital)